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Alexander Dugin

Considero que uno de los graves problemas que tenemos ahora es que continuamos aferrados a viejas actitudes y esquemas de pensamiento en un momento donde las condiciones objetivas han cambiado, especialmente porque seguimos creyendo que el gobierno ruso está dividido en dos bandos: uno compuesto por los liberales dentro del sistema (6ª columna) y otro compuesto por los patriotas.

En un estado normal sería valido que los patriotas siguieran encerrados en sus sótanos, pero como hemos entrado en un estado de excepción lo mejor es apoyar al gobierno. Pareciera que en estos momentos se esta librando una guerra mortal entre los dos bandos y eso a pesar de que estamos en medio de una guerra.

Sin embargo, debemos tener en cuenta que esta guerra ha destruido por completo las posibilidades de que el liberalismo siga existiendo en Rusia (sea el de la 5ª columna, que ha desaparecido casi en su totalidad, o el de la 6ª columna, que sigue manifestándose intermitentemente). En el momento en que Occidente desconectó a Rusia de la globalización la sexta columna comenzó a desintegrarse por sí sola.

A veces da la impresión de que los liberales esperan el momento para vengarse (o contraatacar) de forma tan desesperada como los nazis del Batallón Azov en Mariupol (una organización prohibida en Rusia).

Los civiles, voluntarios y soldados que están luchando y muriendo en Novorrusia se sienten indignados, desconcertados y horrorizados al oír los puntos acordados por las negociaciones en Estambul a cargo de Medinsky y Abramovich. Kadirov, quien se ha convertido en la voz por excelencia del mundo ruso, ha expresado abiertamente su rechazo. Por supuesto, es natural que esas declaraciones hayan causado descontento y las autoridades lo saben, a lo que se suman los éxitos de las operaciones militares y los primeros ataques ucranianos en nuestro territorio (los atentados de Belgorod, etc.). Todo ello ha prendido las alarmas y es lógico que lo haga.

Ahora bien, cuando los estrategas de Moscú iniciaron esta operación especial sabían que no les quedaba otra alternativa que derrotar al enemigo y cumplir con los objetivos trazados: la desmilitarización y desnazificación de Ucrania. No basta con solo liberar Novorrusia o el Donbass, es necesario ir más allá. Por supuesto, Kiev nunca aceptará por las buenas nuestras propuestas y si lo hace simplemente se contentará con incumplir posteriormente lo pactado. Putin entiende esto mejor que nadie y por eso sabe que con el lanzamiento de la operación especial paso el punto de no retorno.

Es por esa razón que la feroz batalla entre la 6ª columna y los patriotas no es más que un espectro que nos sigue rondando después del lanzamiento de la operación especial el 22 de febrero del 2022. Las cosas han cambiado definitivamente: no podemos seguir pensando que ahora los patriotas son los únicos que hacen algo mientras los liberales sabotean todo. Pienso que estamos ante el nacimiento de una “tecnocracia soberana”, pues en las actuales condiciones lo único que importa es la eficacia a la hora de cumplir un solo objetivo: contribuir activamente a la consecución de la Victoria. Dentro de un estado de excepción ha dejado de ser relevante la ideología de cada uno: un patriota que lo único que hace es quejarse y gritar no es necesario. En cambio, un “liberal” que hoy luche por el país, el ejército y el pueblo es digno de apoyo y confianza. Nuestro criterio debe ajustarse a los eventos actuales.

Es por eso que la aparición de una tecnocracia soberana se convertirá en el objetivo principal de nuestro gobierno. Si eso sucede, entonces las viejas rencillas ideológicas en Rusia serán cosa del pasado. Si izquierdistas, patriotas o liberales colaboran derramando su sangre en pro de nuestra Victoria, entonces eso significa que todos estamos unidos por un bien mayor. Durante el estado de excepción debemos dejar de lado cualquier clase de controversia ideológicas. Nuestro único código debe ser el “código de la victoria” y eso implica no dispararle a los nuestros. Nuestro apoyo debe ir dirigido a apuntalar la victoria de Putin, Rusia y la operación Z, pues lo importante es ser útil para la patria en un momento crítico.

Nos encontramos en un momento de vida o muerte. Por supuesto, todo liberal que se oponga a la operación Z es un traidor. No podemos albergar ninguna duda de ello, pues trabajan para el enemigo: no hay discusión aquí. Pero cuando los patriotas e izquierdistas critican de más a las autoridades – a todos nos gustaría que esto terminará lo más rápido posible, pero semejantes operaciones se tardan – ya no estamos contribuyendo en nada. Tampoco es aceptable que los liberales de antes, que ahora se declaran patriotas, usen de sus recursos para perseguir a sus antiguos críticos.

No obstante, nuestro único lema ahora debe ser lograr la Victoria. De ahí la pregunta: ¿en qué hemos contribuido para obtenerla? La victoria es mucho más importante que los “errores” que ha cometido el gobierno: el Código Samurai dice que un señor es bueno en la medida en que le sirve un buen samurai. Es precisamente ese buen servicio el que hace bueno al señor y no al revés. La “tecnocracia soberana” deberá hacer todo lo que pueda por la Gran Rusia, nuestra Patria y, en el momento decisivo, puede ser cualquiera de nosotros la gota que ayude a obtener finalmente la Victoria.

Existen dos problemas que debemos enfrentar: las disputas ideológicas dentro del gobierno y nuestra desconfianza, a veces muy marcada, hacia las autoridades. Todos estos problemas se remontan a las luchas anteriores a la Operación Z y se han convertido en una especie de autosabotaje. No nos encontramos en condiciones para luchar por el poder y un conflicto desenfrenado entre nosotros podría arrastrarnos a perderlo todo. Nuestra Victoria depende de la consolidación de nuestra soberanía y unidad. De ahí el viejo dicho: “mejor trabaja, hermano”. Hermano y no arribistas o críticos exacerbados.

Traducción de Juan Gabriel Caro Rivera

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