Juan Losa

La decisión de HBO Max de retirar temporalmente de su catálogo ‘Lo que el viento se llevó’ para añadirle una nota contextualizando su contenido racista, abre de nuevo el debate sobre hasta qué punto debemos juzgar obras pretéritas con una mirada contemporánea.

El debate es atávico y resurge cuando menos se le espera. En esta ocasión ha sido un clásico del cine lo que ha hecho disparar las alarmas en el seno del buenismo mundial, reabriendo de paso un viejo debate, a saber; ese que pretende embadurnar el Arte con una pátina de corrección política.

La plataforma de streaming HBO Max retiraba este miércoles de su catálogo Lo que el viento se llevó (1939), la oscarizada película dirigida por Victor Fleming. Una cinta que es Historia del cine y que ha sido muy criticada durante años por ofrecer una visión idealizada de la esclavitud y perpetuar estereotipos racistas.

La decisión llegaba un día después de que el diario Los Angeles Times publicara una columna de opinión, firmada por John Ridley, guionista de la película 12 años de esclavitud, que cargaba contra la cinta al entender que «glorifica» la esclavitud durante la Guerra de Secesión, «ignora sus horrores y perpetúa los estereotipos más dolorosos para las personas de color».

Su retirada, tal y como aclaran desde la compañía, será temporal y volverá a la plataforma «con un aviso de su contexto histórico y una denuncia de esas representaciones. No obstante, se presentará tal y como se creó originalmente porque no hacerlo sería lo mismo que afirmar que estos prejuicios nunca existieron. Si queremos crear un futuro más justo, equitativo e inclusivo, primero debemos reconocer y comprender nuestra historia».

El movimiento coincide con la decisión de otras compañías como Disney, que evitó incluir en su nueva plataforma Canción del Sur −un filme polémico desde su estreno en 1946− o la cadena de televisión Paramount que ha cancelado el realityCops, protagonizado por policías de EEUU.

El cuestionario surge solo: ¿debe el stablishment bienpensante de cada época dictaminar qué se puede ver y qué no?, ¿puede la mirada contemporánea juzgar y sentenciar una obra creada hace seis décadas?, ¿hasta qué punto eludir nuestro pasado es una buena solución a la hora de abordar nuestro presente?

«No somos responsables de las obras del pasado»

El historiador y documentalista de cine Luis E. Parés pone el foco en nuestra mirada contemporánea y en cómo somos capaces de articularla: «Tenemos el deber de releer la historia, pero esta relectura ha de ser inclusiva y no exclusiva, no podemos negar la importancia que ha tenido Lo que el viento se llevó en la Historia del cine por una visión que no existía en el tiempo en que fue rodada».

La euforia revisionista produce monstruos. Aproximarse a una obra con las dioptrías del XXI puede llegar a emborronar aún más la imagen. «Una película es hija de su tiempo, intentar corregir Lo que el viento se llevó o cualquier otra es intentar corregir su tiempo y esto es algo que no está en nuestra mano», apunta el historiador. Ahora bien, esto no significa que no haya que contextualizarlas, «estoy a favor −prosigue Parés− de que se introduzca una nota aclaratoria que presente la obra e informe al espectador, pero no pedir perdón por lo que va a ver, porque no somos responsables de las obras del pasado».

Por otro lado, enjuiciar desde un posicionamiento político Lo que el viento se llevó sería como tratar de ponerle un traje para el que nunca estuvo hecho. «Es un melodrama, lo que pretendía era emocionar a la gente y erizar el vello, es decir, todo es político y está bien que intentemos extraer lecturas políticas de casi todo, pero no que busquemos finalidades políticas en aquellas cosas que no las tuvieron, creo que hoy día podemos trascender ese tipo de lecturas y hacer una lectura realmente artística», zanja Parés.

«Un debate ficticio»

Begoña Piña, periodista especializada en cine, encuentra estéril el debate: «Me parece ficticio, si aplicamos la misma óptica no habría películas en el planeta que se pudieran exhibir, no hay duda de que Lo que el viento se llevó es una peli racista, también lo es El nacimiento de una nación, y sin embargo es una película importantísima para entender el cine».

Un debate que además de ficticio es eterno. No en vano esta última polémica obedece a una lógica que viene de lejos y que, según se mire, emparenta a una cierta progresía extremadamente sensible a lo políticamente incorrecto, con hordas y hordas de pacatos y fanáticos que a lo largo de los siglos han boicoteado obras bajo el pretexto de herir sensibilidades.

«La Historia del cine está hecha de películas machistas, homófobas y racistas. Tendríamos que eliminar millones de referencias que ilustran la historia de nuestra civilización, ¿qué hacemos con todos esos archivos?, son importantísimos para entender lo que somos», zanja Piña.

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