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Thierry Meyssan

Después de la Comisión Baker-Hamilton, Estados Unidos vacila sobre cómo actuar. ‎Trata de iniciar varias operaciones, como la «revolución verde» en Irán, y finalmente ‎opta por el «liderazgo desde!atrás», una técnica de mando que pone en primera línea ‎a sus aliados y evita el desgaste de las fuerzas estadounidenses. Desde la sombra, ‎los británicos moldean la opinión pública sin que nadie lo note. En lo adelante, ‎los que toman las decisiones evitan mostrarse en primer plano.‎

48- REVOLUCIÓN DE COLOR EN IRÁN

Ya que se impone ahorrar dinero, la idea de una gran guerra contra Irán queda abandonada, ‎pero ‎se sigue apuntando hacia ese blanco. Tratando de derrocar a los Guardianes de ‎la ‎Revolución, al presidente Mahmud Ahmadinejad y al Guía Alí Khamenei, la CIA organiza ‎una ‎revolución de color recurriendo a las personalidades que Liz Cheney ya había seleccionado ‎en 2006-2008. La Agencia utiliza a Mehdi, el segundo hijo del ayatola Rafsanyani, y al ex presidente ‎iraní Mohammad Khatami. ‎

La CIA solicita a sus aliados la creación de canales de televisión vía satélite en lengua persa, ‎para ‎contradecir con ellos a los canales nacionales iraníes. Irán produce series televisivas de ‎calidad ‎pero muy pobres en cuanto a decorados y vestuario. Hollywood, por el contrario, ‎propone films ‎espectaculares y vistosos. Conocedora de la rigidez moral característica de la ‎cultura iraní, la ‎Hermandad Musulmana ya inunda el espectro televisivo de Irán con las ‎transmisiones de la ‎televisión saudita MBC Persia que transmite versiones integrales de las películas más ‎escabrosas ‎de Hollywood –mientras que la misma MBC mutila implacablemente toda escena ‎ligeramente ‎picante en sus transmisiones destinadas al mundo árabe. En pocos meses, los ‎aliados de ‎Estados Unidos crean 70 canales de televisión en persa, lengua que se habla ‎única y ‎exclusivamente en Irán y Afganistán. Hasta Corea del Sur crea un canal de televisión ‎en lengua ‎persa. ‎

La población iraní se identifica masivamente con la Revolución antiimperialista del imam ‎Rulah ‎Khomeiny, pero está dividida en cuanto a sus consecuencias. Todo un sector de los ‎comerciantes ‎de Teherán e Ispahán se ha visto duramente afectado por el cierre de los ‎mercados ‎internacionales que siguió a los intentos de exportación de la Revolución. Esa ‎clase social, ‎acostumbrada a viajar a Occidente, no se acomoda tampoco a la rigidez moral en ‎materia de sexo ‎y sueña con un “Mayo del 68”. ‎

Hace 30 años que la CIA viene tratando de aislar a la Revolución iraní, aunque a la vez hace ‎negocios con la clase dirigente. Durante el periodo que va de 1983 a 1986, Israel y ‎el Estado ‎Profundo estadounidense se las arreglaron para burlar el embargo que el ‎Congreso de ‎Estados Unidos había decretado sobre las ventas de armas a las partes en ‎conflicto ‎en Nicaragua. En una jugada que saldrá posteriormente a la luz como el «escándalo ‎Irán-‎Contra», los miembros del Consejo de Seguridad Nacional Elliot Abrams y el coronel ‎Oliver North ‎entraron entonces en contacto con el presidente del Parlamento iraní, el ‎ayatola Rafsanyani. ‎Ese contacto se estableció a través de un diputado iraní, el jeque Hassan ‎Rohani, quien ya en ‎aquella época trabajaba con los estadounidenses Paul Wolfowitz y Robert Gates. Israel ‎montó en ‎aquel momento una vía de venta de armas a los contrarrevolucionarios ‎nicaragüenses, ventas que la CIA financió por debajo de la mesa utilizando principalmente ‎fondos provenientes del ‎tráfico de droga. Sin ningún escrúpulo, Rafsanyani pisoteó ‎entonces el ideal del imam Khomeiny, ‎se puso del lado de los contrarrevolucionarios ‎latinoamericanos, de Israel y de Estados Unidos… ‎y logró convertirse en el personaje más adinerado de Irán. ‎

Pero en 2009, un prudente Rafsanyani rechaza involucrarse directamente en una nueva ‎operación ‎contra su propio país. Designa a su hijo Mehdi para que haga de enlace, mientras ‎que el ex ‎presidente Khatami anuncia que va a presentarse a la elección presidencial frente ‎a Mahmud ‎Ahmadineyad, un Guardián de la Revolución que reactivó el movimiento de ‎Khomeiny. Khatami ‎alega más tarde haber sido agredido en plena calle, renuncia a su ‎candidatura a favor de su ‎antiguo primer ministro Mir Hossein Mussavi y viaja a Estados ‎Unidos, donde se reúne con el ‎multimillonario George Soros para preparar el golpe de ‎Estado. ‎

El 13 de junio, desde la proclamación misma de la victoria electoral de Mahmud Ahmadineyad, ‎con el ‎‎62,63% de los votos, la NED [1] afirma que el escrutinio ha sido manipulado. ‎Los partidarios de ‎Mussavi, que obtuvieron un 33,75% de los votos, se lanzan a la calle. Irán vivirá ‎entonces varios de días ‎de extrema confusión [2]. El ayatola Rafsanyani aporta ‎públicamente su respaldo a las ‎protestas, pero el presidente Ahmadineyad resiste la embestida. ‎En unas semanas, la «revolución verde» ha ‎revelado su verdadera naturaleza: es un conflicto ‎de clase entre la burguesía urbana y el ‎resto del país [3].

Al año siguiente, Mahmud Ahmadineyad ofrece a su pueblo la revancha sobre aquella ‎intentona ‎golpista. Primero organiza, en apoyo a la Revolución, la concentración popular ‎más grande en ‎toda la historia de Irán. Después, desde la tribuna de la Asamblea General de ‎la ONU, denuncia ‎la estrategia del «choque de civilizaciones» de Bernard Lewis y Samuel ‎Huntington –dos ‎ex miembros del Consejo de Seguridad Nacional estadounidense. Si ‎realmente existe un conflicto ‎para la humanidad, señala Ahmadineyad, no es un ‎enfrentamiento entre religiones sino entre los ‎valores materiales del capitalismo y la ‎sociedad de consumo, por un lado, y los valores ‎espirituales de la Revolución, que son la ‎justicia y el heroísmo.

El presidente iraní pone después ‎el dedo en la llaga al abordar lo ‎sucedido en Estados Unidos el 11 de septiembre de 2001. ‎Sin entrar a mencionar la cuestión ‎de la religión enarbolada por Osama ben Laden, el presidente ‎de Irán resalta las relaciones ‎personales de negocios entre las familias del jefe terrorista y del ‎presidente estadounidense ‎George W. Bush –vínculos que yo había revelado en 2001 en el ‎semanario mexicano Proceso ‎y que fueron mencionados por Cynthia McKiney ante el Congreso ‎de Estados Unidos [4]. ‎Después de ‎haber demostrado que la versión de la administración Bush sobre el 11 de ‎septiembre fue utilizada ‎para justificar las guerras contra Afganistán e Irak, y sin tomar él ‏mismo posición al respecto, ‎Mahmud Ahmadineyad retoma, a nombre de la República ‎Islámica de Irán, mi pedido de que ‎se cree una Comisión Investigadora Internacional sobre ‎los hechos del 11 de septiembre de 2001 ‎‎ [5]. Un verdadero terremoto sacude Washington. ‎

Ese mismo día, el Consejo de Seguridad Nacional de Estados Unidos se reúne con carácter ‎urgente. A ‎la mañana siguiente, el presidente Barack Obama corre a ponerse ante los ‎micrófonos de la BBC en lengua ‎persa para calmar los ánimos, mientras que la prensa iraní habla ‎de mis relaciones con el ‎presidente Ahmadineyad y los diplomáticos comienzan a moverse. ‎La entrevista de Obama ‎con los periodistas anglo-iraníes ha sido organizada por el responsable de ‎las ‎comunicaciones estratégicas de la Casa Blanca, Ben Rhodes, el mismo personaje que ‎había redactado el informe de la Comisión Presidencial de la administración Bush sobre los atentados del ‎‎11 ‎de septiembre. Obama acusa a su homólogo iraní de haber proferido palabras de odio ‎desde ‎la tribuna de la ONU, pero quien se tome el trabajo de leer la intervención ‎de ‎Ahmadineyad podrá comprobar que eso es falso. Lo que quiere Obama es apagar ‎el incendio ‎antes de que se extienda. En definitiva, no sólo no habrá guerra contra Irán sino ‎que ‎Estados Unidos pone fin además a todo ataque directo contra ese país a cambio del ‎silencio ‎iraní. ‎

49- EL «LIDERAZGO DESDE ATRÁS»‎‏

Según un consejero de Barack Obama, su administración, consciente a la vez del relativo ‎declive de ‎Estados Unidos en relación con China y de la hostilidad que el ‎intervencionismo estadounidense ‎suscita en todo el mundo, concibe entonces una nueva forma de ‎liderazgo: el leading from ‎behind o «liderazgo desde atrás». «La defensa de nuestros intereses ‎y la difusión de nuestros ‎ideales requieren en lo adelante discreción y modestia, además de ‎nuestro poderío militar», ‎precisa. En otras palabras, aunque eso «no tiene mucho que ver con ‎el estilo de John Wayne», ‎Barack Obama, diferenciándose en ello de sus predecesores, no ‎desplegará tropas ‎estadounidenses en nuevos conflictos sino que empujará a sus aliados ‎para que sean ellos ‎quienes hagan el trabajo en su lugar. Para tener éxito, este método ‎exige que quien lo aplique ‎parezca siempre sorprendido ante acontecimientos ‎‎«espontáneos» y que a la vez anime a ‎sus aliados a reaccionar ante esos ‎acontecimientos, antes de hacerlo él mismo. ‎

El proyecto que los británicos habían propuesto a finales de 2004 para derrocar los ‎gobiernos ‎laicos árabes e instalar en el poder a gente moderadamente antiimperialista –que ‎son los ‎miembros de la Hermandad Musulmana– será la primera aplicación de esta nueva ‎manera de ‎gobernar el mundo. ‎

En noviembre de 2010, Washington empuja Francia a firmar con el Reino Unido los Tratados ‎de ‎Lancaster House, que planifican los ataques contra Libia y Siria. Al igual que en 2005, ‎se ‎lanza un ultimátum a Siria. La Unión Europea hace saber al gobierno sirio que si no firma ‎de ‎inmediato un acuerdo de asociación tendrá que enfrentar una guerra. El presidente Bachar ‎al-‎Assad viaja discretamente a Europa, la Unión Europea lo conmina a liberalizar la ‎economía de ‎su país en detrimento de la población y le exige admitir que Siria ha perdido el ‎Golán ‎y normalizar las relaciones con Israel. Por supuesto, la respuesta del presidente sirio ‎es ‎negativa. Por lo tanto, habrá guerra. ‎

Experimento en Costa de Marfil

No obstante, por prudencia, el Pentágono –aunque no pone en duda las capacidades ‎militares ‎del Reino Unido– prefiere verificar las de Francia antes de poner algo en manos de ‎los ‎europeos. Así que estimula a París para que se lance a reconquistar Costa de Marfil, ‎país de ‎donde los propios estadounidenses habían expulsado a Francia en el pasado. Desde la ‎elección ‎del presidente Laurent Gbagbo, en el año 2000, Costa de Marfil se halla bajo control ‎del ‎Pentágono –a través de Simone Gbagbo, la esposa del presidente, y de los predicadores ‎evangélicos– así como de Israel –que actúa a través del ministro del Interior, un ‎refugiado ‎libanés veterano del Ejército del Sur de Líbano. La primera etapa de la presidencia ‎de ‎Gbagbo resulta particularmente violenta. Pero, como muchos colaboradores del ‎imperialismo, ‎el presidente Gbagbo descubre con el tiempo que también puede hacer algo ‎por su pueblo, ‎en vez de seguir al servicio de los intereses extranjeros. Así que ya es hora de ‎sacarlo del poder. ‎

En cuanto se da a conocer el resultado de la elección presidencial de 2010, Francia afirma ‎que el ‎escrutinio ha sido “arreglado” en perjuicio del candidato de la oposición Alassane ‎Ouattara, ‎amigo personal del presidente francés Nicolas Sarkozy. Durante varios días, los dos ‎candidatos ‎intercambian acusaciones y se disputan la presidencia. París logra poner en crisis ‎las finanzas de ‎Costa de Marfil, de manera que el ejército y la policía abandonan al ‎presidente y se pasan ‎al bando de Ouattara. Laurent Gbadbo es arrestado y enviado a la ‎Corte Penal Internacional, ‎decididamente especializada en la realización de procesos que ‎justifican el imperialismo occidental ‎en África. Extrañamente, Bolloré y Bouygues, las dos ‎firmas francesas que apoyaban la ‎operación francesa de “democratización”, se pelean con ‎Nicolas Sarkozy mientras que ‎el Pentágono elogia la actuación de Francia. En La Haya, la Corte Penal ‎Internacional (CPI) ‎nunca logrará probar sus acusaciones contra el presidente ‎derrocado.‎

El tunecino Rached Ghannouchi siempre fue agente del MI6 británico. ‎En 1990, en Jartum, defendía a Osama ben Laden e insultaba a Estados Unidos. Pero ‎en 2011, convertido por la prensa occidental en “campeón de la democracia”, utilizó su “Liga ‎de Protección de la Revolución” para asesinar a sus opositores políticos en Túnez.

Fase I: Túnez

A finales de diciembre de 2012, Washington y Londres fingen descubrir «con sorpresa» ‎la ‎sublevación en Túnez, mientras que París –que inicialmente trata de apoyar a Ben Alí–‎‎ ‎comprende, demasiado tarde, que los anglosajones han abandonado al presidente ‎tunecino, ‎aunque este último nunca había hecho nada que pudiese no ser del agrado de sus ‎padrinos. ‎Al servicio de la CIA, Ben Alí había sido formado en la Senior Intelligence School de ‎Fort ‎Holabird y siguió en todo momento las órdenes de París, Roma y Washington. Pero ‎no tenía ‎contactos en Londres y no encajaba en el grandioso plan del MI6. ‎

En las calles de Túnez se mueven los hombres de Gene Sharp, llegados desde ‎Estados Unidos, ‎Alemania y Serbia para montar la «revolución del jazmín». A pedido del ‎general William ‎Ward, el jefe del AfriCom, el general Rachid Ammar, jefe del estado mayor ‎tunecino, ‎convence al presidente Ben Alí para que se vaya al extranjero mientras él se encarga de ‎restaurar ‎el orden. Como el shah Reza Pahlevi en el momento de la revolución iraní, Ben Alí ‎parte ‎creyendo que sólo será por unas cuantas semanas. La prensa internacional desata ‎una ‎campaña mediática que saca a la luz la fortuna escondida del dictador tunecino. ‎Jeffrey ‎Feltman ya está en la embajada de Estados Unidos en Túnez, base de la CIA para toda ‎la ‎región. El MI6 no tiene más que traer de regreso desde Londres al opositor histórico ‎Rached ‎Ghannouchi… miembro de la Hermandad Musulmana.‎

El Reino Unido cumple así con su compromiso de instalar en el poder a un «moderado» a la ‎vez ‎que Túnez, que anteriormente se hallaba en la esfera de influencia de Francia, pasa a la ‎de la ‎Corona británica. ‎

Fase II: Egipto‏

Y ahora le toca a Egipto. Los hombres de Gene Sharp y las “ONGs” de la NED se apoderan ‎de ‎la Plaza Tahrir, iniciando así la “revolución del loto”. Esta vez será ‎el embajador ‎estadounidense Frank Wisner II –el padre adoptivo de Nicolas Sarkozy– el encargado ‎de ‎anunciar al presidente Hosni Mubarak que ha sido despedido. Al igual que Ben Alí, ‎Mubarak ‎siempre cumplió las órdenes de Occidente –menos en el traslado de los palestinos ‎de Gaza ‎al Sinaí–, pero tampoco encaja en el plan británico. Nuevamente, la prensa ‎internacional ‎emprende una campaña sobre la fortuna privada del dictador. Pero esta vez, todo ‎es falso ‎porque Mubarak no es un ladrón. Poco importa, el MI6 organiza el regreso de la ‎Hermandad ‎Musulmana. Completamente desorientados, los franceses se abstienen de todo ‎comentario. ‎

Fase III: Libia

Les llega el turno a Libia y a Siria. El senador estadounidense John McCain y el “filósofo” ‎francés ‎Bernard-Henri Levy reúnen en El Cairo a los hombres de la NED y de al-Qaeda y a los ‎futuros ‎dirigentes de Libia y Siria. El miembro de la Hermandad Musulmana Mahmud Jibril, ‎número 2 del ‎gobierno libi, es repentinamente entronizado como jefe de la oposición ‎libia en el exilio. ‎En Bengazi, francotiradores italianos apostados en los techos abaten a tiros ‎manifestantes ‎y policías, sembrando así el caos, mientras que al-Qaeda toma por asalto ‎varios arsenales del ‎ejército libio. En Ginebra, los miembros de la Hermandad Musulmana que ‎componen la Liga Libia ‎de Derechos Humanos denuncian los crímenes imaginarios del ‎régimen libio, que supuestamente ‎bombardea a su propio pueblo. Se habla de miles de ‎muertos, que efectivamente morirán ‎después de aquellas acusaciones y bajo las bombas de la OTAN. El show montado alrededor ‎de Libia lleva el Consejo de Seguridad de la ONU a ‎autorizar una intervención militar para ‎garantizar la protección de una población civil a la ‎que nadie amenaza… aparte de al-Qaeda. ‎

En Libia, los únicos que entienden lo que está sucediendo son los trabajadores ‎inmigrantes ‎africanos. Al ver la llegada masiva de fuerzas especiales occidentales a Bengazi, ‎se dan ‎cuenta de que –como en Costa de Marfil– los occidentales van a derrocar el gobierno ‎libio. Nadie ‎interviene cuando la Hermandad Musulmana y la cofradía de los Senussi inician ‎cacerías de ‎negros en el este de Libia. Más de 800 000 trabajadores inmigrantes huyen del país ‎por el ‎oeste mientras que la prensa atlantista afirma descaradamente que huyen aterrorizados ‎del ‎‎«régimen de Kadhafi», que –por el contrario– en realidad los protegía. ‎

Hasta ahí, todo va bien para los organizadores de la operación contra Libia. El presidente Obama ‎ordena a sus aliados ‎que ataquen Trípoli, bajo la coordinación del AfriCom y con el apoyo ‎terrestre de los hombres ‎de al-Qaeda. ‎

Ese montaje le resulta insoportable al general Carter Ham, comandante del AfriCom y ‎uno de los ‎más altos militares estadounidenses, y se niega a luchar junto a sujetos que habían ‎matado ‎soldados estadounidenses en Afganistán y en Irak. La Casa Blanca se ve obligada a ‎poner ‎urgentemente todo el dispositivo en manos de otro alto oficial, el almirante James G. ‎Stravridis, ‎Comandante Supremo de las fuerzas de la OTAN. ¡Tanto peor para las anteriores ‎declaraciones ‎de que la intervención militar no debía aparecer como una cruzada de ‎Occidente en las tierras ‎del islam y de que la OTAN no debería involucrarse bajo ningún ‎concepto!‎

Fase IV: Siria

A pesar de los llamados a la sublevación, nada sucede en Siria, aparte del derribo de algunas ‎estatuas del ‎presidente Hafez al-Assad. La Hermandad Musulmana hace algunas manifestaciones ‎a la salida de las ‎mezquitas, después de la plegaria del viernes. Como sólo dos tercios de la ‎población siria es sunnita, hay ‎que explicar por qué las manifestaciones «por la democracia» ‎suceden sólo los viernes y únicamente a la ‎salida de las mezquitas. ¡Ah! ¡Porque la «dictadura» ‎es «alauita»! Con esa afirmación se oculta tanto el ‎hecho que el Baas es un partido laico ‎como la existencia de las numerosas minorías religiosas que conviven ‎en Siria, como los ‎cristianos, drusos, chiitas duodecimanos, etc. ‎

Finalmente, Israel organiza los desórdenes de Deraa mientras que el MI6 divulga, a través de los ‎canales de ‎televisión qataríes y sauditas, la historia de los niños con las uñas supuestamente ‎arrancadas por la ‎policía.‎ ‎ ‎

50- EL PAPEL DEL MI6

El Informe de la Comisión sobre las atrocidades atribuidas a los alemanes, ‎elaborado en nombre del Gobierno de Su Majestad presentado por Lord James Bryce, en 1915, ‎es el primer ejemplo conocido de propaganda militar moderna. Partiendo de hechos reales, ‎el informe describe el ejército alemán como una «gran pandilla de Jack “el destripador”». ‎El Buró de Propaganda de Guerra (Propaganda War Bureau) hizo publicar todo tipo de libros y ‎artículos de prensa para propalar aquella afabulación. Al final de la Primera Guerra Mundial, la ‎población británica exigió que la Alemania derrotada indemnizara a las familias de las víctimas ‎belgas. Se descubrió entonces que eran pocas. Lord Arthur Ponsonby publicó entonces Falsehood ‎in War-time, Containing an Assortment of Lies Circulated Throughout the Nations During the Great ‎War, o sea Mentiras en tiempo de guerra, donde analizaba las manipulaciones de la verdad ‎utilizadas para engañar a la opinión pública.‎
El Reino Unido sigue utilizando ese eficaz método.

Durante el conjunto de las llamadas «primaveras árabes», el MI6 se especializa en la ‎propaganda de guerra, algo ‎completamente normal dado que el uso de los descubrimientos de la ‎sicología moderna para ‎mentir a su propia población y garantizar así su respaldo es una idea ‎inglesa, muy anterior a la URSS y al III ‎Reich [6]. Ya en 1914, el gobierno británico creaba el «Buró de Propaganda de ‎Guerra». Entre las características de sus ‎métodos se destaca la de recurrir siempre a artistas ‎ya que la estética neutraliza la lógica. En 1914, los ‎ingleses reclutaron a los grandes escritores ‎de la época –como Arthur Conan Doyle, H. G. Wells y Rudyard ‎Kipling– para publicar textos que ‎atribuían crímenes imaginarios al enemigo alemán. Luego reclutaron a los ‎dueños de sus grandes ‎diarios para que publicaran las “noticias” imaginarias de sus escritores. ‎

Cuando los estadounidenses comenzaron a seguir el método británico, en 1919 con el «Comité ‎de ‎Información Pública», estudiaron más detalladamente los mecanismos de persuasión ‎con ayuda del estelar ‎periodista Walter Lippmann y del inventor de la publicidad moderna, Edward ‎Bernays –sobrino de Sigmund ‎Freud. Pero, convencidos del poder de la ciencia, los ‎estadounidenses se olvidaron de la estética. La ‎propaganda pasó de la orientación que el Poder ‎imparte a un grupo de artistas a convertirse en narración ‎de «historias» o «storytelling», ‎sistemáticamente fabricadas según reglas científicas. ‎

Llegando a esa actividad con 20 años de retraso, los nazis desarrollaron 2 conceptos nuevos: ‎Joseph ‎Goebbels instituyó un encuentro cotidiano en el Ministerio de Información, donde ‎él mismo definía los ‎‎«elementos de lenguaje» que los periodistas debían utilizar. Ya ‎no se trataba simplemente de convencer ‎sino de modificar las referencias de las multitudes. ‎Esa misma técnica fue sistematizada en 2003 por la ‎Casa Blanca y Downing Street con la ‎creación de la Oficina de Comunicaciones Globales (Office of Global ‎Communications). ‎Los comunicadores del presidente de Estados Unidos y los del primer ministro ‎británico ‎se ponen en contacto diariamente, a través de una conferencia telefónica, y distribuyen ‎a todas sus embajadas y diversas administraciones un email cotidiano –The Global Messenger ‎‎(“El Mensajero ‎Global”)– donde indican los elementos del lenguaje que deben ser utilizados. ‎

Goebbels llegó incluso a comprometer a cada ciudadano a participar en la mentira, para que ‎se le hiciera ‎aún más difícil volver a la verdad, mediante una forma de adoctrinamiento que ‎compromete a la ‎ciudadanía. Por ejemplo, un individuo que ha desfilado portando antorchas y ‎vistiendo el uniforme de las ‎SS, diseñado por Hugo Boss, ya no puede darse el lujo de cuestionar ‎las convicciones nazis sin cuestionarse a ‎sí mismo y tener que revisar tanto su propio pasado ‎como su visión personal del futuro. Siguiendo ese ‎esquema, los occidentales de hoy que ‎participaron en manifestaciones a favor de los libios supuestamente ‎bombardeados por Kadhafi ‎difícilmente pueden volver a la realidad y reconocer que las únicas bombas ‎utilizadas contra los ‎libios fueron las de la OTAN. La psicología del ser humano está hecha de tal manera ‎que, ‎incluso cuando por fin llegamos a descubrir las pruebas que demuestran que la verdad no es ‎la que ‎creíamos, todavía nos cuesta trabajo reconocer que fuimos manipulados. ‎

En 2010, el MI6 se limita a inventar historias que permiten armar una narración continua de ‎los ‎acontecimientos. Por ejemplo, inventa una biografía de Mohamed Bouazizi –el joven cuyo ‎suicidio sirvió ‎para iniciar las manifestaciones en Túnez– e imagina las circunstancias alrededor de ‎su muerte, ‎convirtiendo así su suicidio en un símbolo de la opresión. Esas mentiras permiten ‎esconder el papel de la ‎Hermandad Musulmana, de la NED y de Gene Sharp para dar a los ‎acontecimientos una apariencia de ‎espontaneidad, una espontaneidad que en cierta medida ‎existe ya que los propios tunecinos creyeron aquella ‎fábula. ‎

El MI6 coordina también el trabajo de las televisiones atlantistas en lengua árabe, al igual que ya ‎coordina ‎el de las televisiones aliadas en lengua persa. Su método es simple: cada estación cita ‎a las demás. De esa ‎manera, una información falsa difundida por una de ellas será repercutida ‎por las otras. Es la aplicación del ‎principio de Goebbels: «una mentira repetida mil veces ‎se convierte en una verdad.»‎

La punta de lanza de esta propaganda es la televisión qatarí Al-Jazeera. Esta televisora vía satélite ‎fue ‎creada en 1996 por los hermanos David y Jean Frydman, después del asesinato del primer ‎ministro israelí ‎Yitzhak Rabin, a quien estaban muy unidos. La idea era disponer de una televisión ‎en lengua árabe en la cual árabes y judíos pudiesen dialogar a pesar de la guerra que los opone ‎entre sí. Como no disponían del ‎personal necesario, los hermanos Frydman recurrieron al MI6, ‎que precisamente estaba planeando la creación de una redacción en Arabia Saudita. Después de ‎algunas peripecias, el MI6 se llevó casi todo el ‎personal de las transmisiones de la BBC ‎en lengua árabe para crear la televisión qatarí Al-Jazeera.

La idea ‎funcionó muy bien mientras Al-‎Jazeera sirvió de canal de expresión a una variedad de opiniones que nada ‎tenían que ver con el ‎monolitismo y el dogmatismo que hasta entonces caracterizaba los medios de ‎difusión árabes. ‎Durante las invasiones contra Afganistán e Irak, Al-Jazeera se convirtió sin duda alguna ‎en ‎la televisión que más se veía en todo el mundo árabe porque era la única que mostraba ‎los crímenes de ‎Estados Unidos. Pero ya vimos anteriormente que ese punto de vista ‎aparentemente antiestadounidense ‎no tenía nada de revolucionario sino que correspondía a ‎la visión del MI6. En todo caso, la aureola ‎alrededor del nombre de Al-Jazeera era tal que ‎gran parte de las televisiones árabes comenzaron a recurrir ‎a Al-Jazeera, o directamente a ‎la BBC, para formar a sus periodistas. En pocos años, el MI6 ya disponía de ‎agentes en ‎casi todas las redacciones de los medios audiovisuales del mundo árabe, incluyendo las de ‎Libia ‎y Siria.‎

Todo cambió en 2005, cuando el MI6 inició la preparación de las «primaveras árabes». ‎La redacción de Al-‎Jazeera pasó entonces a ser supervisada por la oficina JTrack, de Mahmoud ‎Jibril –miembro de la ‎Hermandad Musulmana y futuro líder de la “revolución” libia. Jibril trató de ‎dar una coherencia a la ‎televisora y le impuso un guía espiritual: el jeque Yussef al-Qaradawi, ‎vedette de la Hermandad ‎Musulmana. ‎

En aquella época, yo estaba organizando la conferencia Axis for Peace, que reunió en ‎Bruselas ‎más de 150 personalidades procedentes de más de 40 países. Aunque Al-Jazeera era uno de ‎los ‎patrocinadores de la conferencia –junto a TeleSur y Russia Today–, al segundo día del ‎encuentro recibí una ‎llamada telefónica del director del canal qatarí, quien me anunciaba muy asustado que se veía obligado a ‎anular su participación. Mahmoud Jibril acababa de ver la lista ‎de participantes y se había dado cuenta de ‎la importancia de Axis for Peace. En pocos meses, ‎hubo una “limpieza” en la redacción de Al-Jazeera, ‎redacción que fue puesta entonces bajo la ‎dirección de Wadah Khanfar, otro miembro de la Hermandad ‎Musulmana, personaje que ‎actualmente dirige el Sharq Forum de Túnez –el tanque pensante de esa ‎cofradía.

Al principio de las «primaveras árabes», el MI6 instaló en Doha un equipo de coordinación de ‎las ‎televisiones atlantistas. Al-Arabiya, Al-Jazeera, la BBC, CNN, France24 y Sky participaban ‎en ese equipo ‎junto a pequeñas estaciones en lengua árabe creadas por la CIA. Juntas ‎produjeron después las imágenes ‎de la entrada de los «revolucionarios» en la Plaza Verde ‎de Trípoli, transmitidas por primera vez a través de ‎Sky, durante el segundo día de la batalla por ‎el control de la capital libia. Al observarlas detenidamente, puede ‎verse que esas imágenes ‎se rodaron en un estudio a cielo abierto. Algunos edificios de la verdadera plaza ‎no fueron ‎reproducidos detalladamente. Lo más importante es la ausencia en esas imágenes de ‎las ‎estructuras que los partidarios de Kadhafi habían instalado en la plaza para desplegar allí un ‎gran retrato ‎del Guía. ‎

Es la primera vez que imágenes completamente falsas se transmiten como imágenes ‎de ‎actualidad durante el transcurso de un combate. Y, por supuesto, su efecto sobre los libios ‎fue devastador. ‎Convencidos de que ya estaban invadidos y de que ya habían perdido la guerra, ‎muchos renunciaron a toda ‎resistencia. El mismo procedimiento estuvo planificado para aplicarlo ‎contra Siria, a mediados de ‎‎2012, pero hubo que anular esa operación de desinformación porque ‎Siria reaccionó a tiempo y Rusia ‎intervino para evitar el engaño mediático. ‎

El grupo de coordinación de las televisoras atlantistas y del Golfo creado en Doha responde a la ‎aplicación de ‎un esquema que ya había demostrado su eficacia durante la agresión contra Irak. ‎En aquel momento, la ‎CIA, el MI6 y el Shin Beth israelí coordinaban la publicación de sus ‎mentiras sobre la supuesta implicación ‎de Saddam Hussein en los atentados del 11 de septiembre ‎o la imaginaria capacidad de Irak para lanzar ‎misiles químicos contra Estados Unidos. ‎Los servicios secretos de Su Majestad no titubearon entonces en ‎asesinar al doctor David Kelly, ‎quien se disponía a revelar la existencia del grupo de coordinación, llamado ‎«Rockingham» en ‎la BBC.‎

En el caso de Siria, el MI6 también instaló unidades de prensa en el barrio de Baba Amro, ‎en 2012, y en los ‎barrios ocupados por los yihadistas en el este de Alepo, en 2016. En ambos ‎lugares, el MI6 desplegó ‎colaboradores sirios, supuestos «periodistas ciudadanos», que recibían ‎a corresponsales de guerra ‎extranjeros. Durante meses, los medios de difusión occidentales ‎no sólo se tragaron todas las ‎elucubraciones de aquellos individuos sino que ni siquiera se ‎interrogaron nunca sobre sus posiciones políticas. ‎Por ejemplo, Abu Saleh, quien se impuso como ‎‎«free lance» para las televisiones France24 y Al-Jazeera, fue ‎presentado como un ‎‎«demócrata», a pesar de que participó en el Tribunal de la Charia de Baba Amro, que ‎condenó a ‎muerte y ordenó degollar a más de 150 civiles, entre cristianos y alauitas. ‎

El Observatorio Sirio de los Derechos Humanos (OSDH) fue creado inicialmente por los hermanos ‎al-Abdeh ‎‎–vinculados a BaradaTV, televisión financiada por la CIA– en conjunto con Osama Alí ‎Suleimán –más ‎conocido bajo el seudónimo de «Rami Abdel Rahmane»– antes del inicio de los ‎acontecimientos en su país. ‎Pero esta «ONG» no fue registrada correctamente y el último de ‎estos 3 sujetos logró apoderarse de ella. ‎Se ignora el motivo de la disputa entre ellos, pero ‎lo cierto es que los tres son miembros de la Hermandad ‎Musulmana. ‎

El hecho es que «Rami Abdel Rahmane», vendedor de kebab en Coventry ‎‎(Reino Unido), ‎comenzó a producir en suelo británico un balance cotidiano de lo que “sucedía” ‎en Siria, ‎supuestamente redactado con los testimonios enviados por 230 personas presentes ‎en suelo sirio. Su ‎boletín, alimentado por los servicios secretos de Su Majestad, se impuso como ‎única fuente de ‎información de la prensa occidental. «Abdel Rahmane» siempre anuncia las ‎cantidades de bajas de las ‎partes en cada combate, incluso mucho antes de que el Ejército Árabe ‎Sirio logre recoger datos al respecto. Hay ‎que recordar que los ejércitos necesitan cierto tiempo ‎para comprobar si sus hombres desaparecidos ‎cayeron en combate o si han sido hechos ‎prisioneros por la otra parte. Pero las televisiones que ya ‎trabajan con el MI6 repiten todo lo que ‎viene del OSDH como si fuese la Biblia, como también lo hacen las ‎agencias de prensa AFP, ‎Associated Press y Reuters. ‎

Después de la masacre química de la Ghuta, en el verano de 2013, el MI6 tomó el control de la ‎propaganda ‎de los grupos armados a través de varias empresas externas de publicidad. ‎Inicialmente en manos de ‎Regester Larkin, la propaganda de los grupos armados que operan ‎en Siria pasa rápidamente a estar bajo el control de ‎la firma Innovative Communications ‎& Strategies (InCoStrat), otra compañía creada por el coronel Paul ‎Tilley. Ese conjunto se ocupa ‎a la vez del conflicto en Siria y de la guerra contra Yemen. Este grupo realiza ‎videos de ‎propaganda sobre las «revoluciones democráticas» y diseña los logotipos, a menudo muy ‎bien ‎concebidos, de prácticamente todos los grupos yihadistas. Incluso llega a montar ‎en las afueras de Damasco un ‎desfile militar del grupo Yesh al-Islam (Ejército del Islam) con ‎‎4 blindados y unos cientos de individuos que ‎pasan varias veces ante la cámara, como ‎los squadricis de Mussolini, cuando pasaban ante el rey de Italia ‎durante la Marcha ‎sobre Roma. ‎

Entre los grandes éxitos del MI6 merecen mención aparte los White Helmets (o «Cascos ‎Blancos»), una organización supuestamente humanitaria que dice dedicarse a acciones de defensa ‎civil en las zonas bajo ‎control de los yihadistas. Estos «Cascos Blancos» son en realidad una ‎unidad de producción de imágenes ‎destinadas a la propaganda y están vinculados a al-Qaeda. ‎Dicen realizar operaciones de salvamento de ‎víctimas –todas montadas para las cámaras que ‎siempre los filman– y recientemente enviaron varios ‎representantes a conversar con diputados y ‎responsables políticos en Occidente, además de haber sido ‎nominados para el Premio Nobel de la ‎Paz. Estos White Helmets, cuyo fundador es James Le Mesurier, un ‎agente del MI6 nombrado ‎Caballero del Imperio Británico por la reina Isabel II, incluso obtuvieron un ‎Oscar en Hollywood. ‎

Pero nadie menciona que, cuando al-Qaeda cortó el abastecimiento de agua a más ‎de ‎‎5 millones de civiles en Damasco durante 42 días, el comunicado de los yihadistas que ‎se proclamaban ‎autores de ese crimen de guerra llevaba la firma, entre otros grupos, de los ‎‎“humanitarios” Cascos ‎Blancos.‎

NOTAS

[2] «La CIA y el laboratorio iraní» y «La ‎“revolución de color‎”‎ fracasa en Irán», por ‎Thierry Meyssan, Red Voltaire, 19 y 29 de junio de 2009.

[3] «Las elecciones iraníes: la fábula del robo electoral», por Jaime Petras, Red Voltaire, 21 de junio de 2009.

[4] «Los lazos financieros ocultos entre las familias Bush y Ben Laden», ‎por Thierry Meyssan, Proceso (México), Réseau Voltaire, 16 de octubre de 2001.

[5] “Mahmoud Ahmadinejad’s letter to Ban Ki-moon”, por Mahmud ‎Ahmadinejad, Voltaire Network, 13 de abril de 2010 y «Déclaration de Mahmoud Ahmadinejad ‎à la 66e Assemblée générale de l’ONU», por Mahmoud Ahmadinejad, ‎‎Réseau Voltaire, 22 de septiembre de 2011.

[6] «Las técnicas de la propaganda militar moderna» y «Para Londres, la propaganda de guerra es un arte», por Thierry Meyssan, Red Voltaire, 16 de mayo de 2016 y 23 de ‎agosto de 2016.

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