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Eduardo Bautista

Históricamente, las guerras y las tensiones geopolíticas han sido acompañadas por grandes procesos de desinformación y censura. El conflicto en Ucrania no es la excepción. Sputnik consulta a varios especialistas para entender por qué se están bloqueando contenidos disidentes a la narrativa occidental.

En Los hermanos Karamazov (1880), Fiódor Dostoyevski escribió: "Quien se miente y escucha sus propias mentiras llega a no distinguir ninguna verdad, ni en él ni alrededor de él".

En aquel momento, Rusia vivía el inicio del ocaso del zarismo, una de las transformaciones políticas, sociales y económicas que cambiarían el transcurso no sólo del pueblo ruso, sino del resto del mundo.

Y es que en tiempos convulsos, de profundas transformaciones, el rumor es un arma tan valiosa como cualquier otra hecha de acero y plomo, y puede ser utilizado por cualquiera de las partes que participen en un conflicto bélico o geopolítico, aseguran especialistas consultados por Sputnik.

Por ello, dicen, resulta preocupante que se censuren voces alternativas que hablen sobre el conflicto en Ucrania desde una perspectiva no occidental, específicamente mediante el bloqueo de los contenidos de medios rusos.

"[Lo que hace la Unión Europea y Estados Unidos] es una vacilada. Mientras te hablan de libertad de expresión, censuran a Sputnik y a Russia Today (RT) en Europa. Sin embargo, eso es una falacia, porque el bloqueo no sólo ha sucedido en territorio europeo, sino en buena parte del mundo debido a que también fueron expulsados de plataformas [como Google o YouTube]", observa José de Jesús López Almejo, internacionalista de la Universidad Autónoma de Baja California de México y experto en Oriente Medio.

Desde inicios de marzo, los medios rusos no pueden ser consultados en ninguna plataforma desde países de la Unión Europea (UE) y de Estados Unidos. Para ello, empresas como Twitter, Facebook y YouTube han facilitado esa orden de censura. En México, por ejemplo, los videos de Sputnik y RT no se ven en YouTube.

"El bloqueo a los medios rusos de comunicación nos habla de dos fenómenos informativos que vive el mundo desde hace algunos años: la cultura de la cancelación y la posverdad", considera Ismene Ithai Bras, académica e investigadora de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

Las falacias de la Unión Europea

Aunque uno de sus preceptos fundacionales fue promover la diversidad, la integridad y la libertad de expresión, la Unión Europea (UE) alienta en estos momentos un sesgo informativo al excluir a las narrativas no occidentales de las plataformas digitales, las redes sociales y los canales de televisión y radio, asegura Alejandro Salgó Valencia, especialista en geopolítica del Oriente Medio de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM.

"Lo alarmante que está sucediendo en las redes sociales es que, si una persona publica algo denostando a Rusia, su comentario es aplaudido y promovido, lo cual indica que estas plataformas no son tan democráticas como dicen. Al final, las redes sociales son el nuevo negocio del flujo de la información", opina el internacionalista.

En varios canales digitales, la Comisión Europea ha publicado una serie de "cosas que tienes que saber" sobre los medios rusos, a los que tildó de propagandistas del Kremlin y no de verdaderos medios de comunicación.

El pasado 4 de marzo, la Comisión Europea envió a Google, Facebook, Twitter e Instagram una solicitud para desindexar y, en su caso, bloquear todos los enlaces pertenecientes a los medios informativos rusos Sputnik y Russia Today (RT). Con ello, se logra la invisibilidad de buena parte de los contenidos de estas empresas, según información de Lumen Database, una página de monitoreo sobre censura de contenidos en la web.

Lumen Database considera que esta medida tomada por la comunidad europea "probablemente establecerá un precedente sobre cómo el contenido en línea puede ser controlado para escalar o disminuir tensiones internacionales fuera de línea".

"El mensaje que está enviando la Unión Europea es claro: nos quitamos la careta de la hipocresía. El mundo de la libertad, la fraternidad y la igualdad, ese mundo de la Revolución Francesa, se quita la máscara. Nunca habíamos visto tanta censura informativa de parte de las plataformas del big data", afirma Salgó.

¿Buenos contra malos?

Al más puro estilo hollywoodense, donde las películas de superhéroes se basan en el enfrentamiento de nobles contra malvados, el conflicto en Ucrania es difundido por los medios de comunicación internacionales mediante un discurso ambivalente de buenos contra malos. La realidad, sin embargo, dista mucho de esta ficción, observan los expertos.

Y es que en buena parte de Occidente hay un interés muy marcado de los grandes consorcios de información en informar sobre el conflicto entre Rusia y Ucrania bajo una perspectiva de héroes contra villanos.

"Hay una estrategia mediática y un interés en Europa Occidental de mantener una narrativa pro-OTAN que justifique la mayoría del accionar de los Gobiernos para evitar críticas sociales sobre esas conductas", explica Moisés Garduño, internacionalista de la UNAM y doctor en Estudios Árabes e Islámicos por la Universidad Autónoma de Madrid.

Este problema se debe, en buena parte, a que la información todavía es controlada por las principales empresas productoras de entretenimiento, los dueños de las antenas y los satélites y las compañías de software y hardware más importantes del mundo, señala el experto, quien también es especialista en Oriente Medio por el Colegio de México (Colmex).

"Con el simplismo y el reduccionismo de la guerra se ven beneficiados los actores políticos que están en disputa. Mientras menos información haya, mayores oportunidades de propaganda y actos autoritarios vamos a ver", advierte.

"En estos momentos [de conflicto] se busca disminuir la potencialidad de ciertos mensajes en ambos bandos, porque es muy cierto que hay muchas cosas en juego. Finalmente, lo que cada medio informa va de acuerdo con la serie de valores y objetivos con los que comulga. Por otro lado, se limita el derecho de la población a contar con más de una opinión, porque todo Occidente tiene la misma opinión pese a que existen algunos medios disidentes", concluye Ithai Bras.

Rusia-Ucrania: "En España hay casos de acoso a niños rusos en los colegios"

Javier Benítez

Así lo denuncia el analista de medios Paco Arnau. A su vez, también denuncia que en Ucrania se están viendo muchas torturas a civiles por parte de civiles fascistas, y también de las fuerzas ucranianas. Unas imágenes que, al difundirse, están provocando la derrota de Occidente en la batalla de la comunicación en las redes sociales.

"Occidente está perdiendo la batalla de la comunicación en las redes sociales"

"Una de las [imágenes] más terroríficas que he visto, no es gráfica: se ve desde lejos a un hombre atado a una farola en una calle comercial, y al lado hay una persona hablando por teléfono tranquilamente, gente pasando por su lado con sus bolsas de la compra, sin ni siquiera mirarlo: yo a eso lo definí como 'fascismo cotidiano'", sentencia el analista.

Arnau observa que los hacedores de la narrativa mediática occidental están teniendo un problema con el que no contaban. "Los partidarios del régimen de Kiev son tan nazis, que no tienen ningún problema en grabar y publicar las salvajadas que hacen. Eso rompe absolutamente todo el relato de los telediarios".

El experto señala que por mucho que censuren o se cierren cuentas las redes sociales, "es como poner puertas al campo. Al final, si no lo difunde uno, lo difunde otro. […] Eso no se compadece con el relato del telediario o los medios occidentales, y con eso no contaban. Y eso les está rompiendo el relato. Incluso estoy viendo en los últimos días que en las redes sociales están perdiendo la batalla de la comunicación, o empezando a perderla, porque no pueden negar la realidad de cientos de imágenes que ellos mismos [nazis ucranianos] publican directamente".

Occidente: dictadura del pensamiento único y acoso a niños rusos

Arnau sostiene que estamos asistiendo a un salto cualitativo de lo que antes se consideraba en Occidente como 'el pensamiento único', el pensamiento dominante de la ideología dominante de los medios de comunicación occidentales, que parecería que la única versión era lo que salía del Departamento de Estado de EEUU.

"Pero al calor del conflicto en Ucrania, ahora estamos asistiendo a un salto cualitativo. Ya no pretenden que haya una idea o un pensamiento dominante: ya lo que pretenden es que haya un pensamiento único, una única versión. En este sentido, en España y en el resto de países de la Unión Europea [UE], hemos asistido a medidas que no tienen precedente histórico. En el caso de España, recuerdo que hace pocos días el presidente del Gobierno dijo en sede parlamentaria, que iba a prohibir medios de comunicación. Esto, sin orden judicial ni nada parecido, cuando el artículo 20 de la Constitución española habla sobre la libertad de expresión y el derecho de los ciudadanos a recibir información", detalla el experto.

El analista admite no recordar otro antecedente al respecto que no sea el del franquismo.

"Durante el franquismo, durante muchos años, estuvieron prohibidas en España emisoras como Radio Moscú, o la BBC de Londres. Es decir, estamos asistiendo a un fenómeno que no tiene parangón".

"Por otra parte, hay otro fenómeno muy preocupante que se está dando en España y también en el resto de Europa –incluso en países como Alemania con un pasado que todos conocemos–, que es el brote de xenofobia que está surgiendo frente a todo lo ruso, o todo lo que signifique la cultura rusa, o el origen ruso, o los inmigrantes rusos. En España se han dado casos de acoso a niños, hijos de inmigrantes rusos, en los colegios, porque en la televisión vienen a decir que Rusia es el enemigo. O episodios de histeria colectiva, como prohibir a escritores o compositores rusos, o incluso suspender exposiciones de pintores rusos en museos. Estamos asistiendo a una caza de brujas muy similar a la que hubo en EEUU al calor de uno de los momentos más álgidos de la Guerra Fría en los años ’50 con la caza de brujas del senador [Joseph] McCarthy", avisa Paco Arnau.

El discurso de odio: uno de los pilares de Occidente y su arma contra Rusia

Samuel Cortés Hamdan

En la larga historia humana de los desencuentros, de las confrontaciones, de los exterminios del enemigo o su categorización del rival como exterminable, cumple un rol central el discurso de odio.

Se trata de una posición extremista que llama a considerar al otro inferior, subhumano, indigno de un reconocimiento integral de su humanidad y, entonces, de sus derechos; una violencia simbólica que impregna el ámbito político y que puede llamar a la acción, al derramamiento de sangre, a aniquilar la diferencia.

En momentos de conflicto y desacuerdo como el que atraviesa actualmente el mundo, en lo que varios analistas describen como un reacomodo de las condiciones geopolíticas planetarias, el discurso de odio reitera su presencia en la arena pública.

Sputnik conversó con el historiador Christian Nader para tratar de entender la genealogía y perspectivas políticas de esta práctica violenta.

Fabricar enemigos

"El objetivo principal de los discursos de odio siempre ha sido la creación de enemigos o la magnificación de estos a través de antagonismos ficticios y caricaturescos repletos de clichés y estereotipos dentro de dicotomías con extremos irreconciliables, las cuales han funcionado para ensordecer los auténticos motivos de los conflictos y persecuciones, usualmente con un trasfondo económico", apunta el especialista.

Esta práctica que demoniza y dibuja al otro desde la generalización adecuada a intereses de un grupo dominante, explica Nader, no es novedosa, sino que se ha ejercido durante miles de años.

"Y han ido de la mano de etnocentrismos y políticas expansionistas", recuerda.

Como ejemplos, cita el helenocentrismo o el supremacismo civilizatorio de la república y el Imperio romano, donde Atenas y Roma se reservaron la categorización de los seres humanos allende sus fronteras como bárbaros, incapaces del pensamiento o grupos torpes que requerían ser absorbidos por su cultura para "llevarles la civilización".

"Finalmente, desde el siglo XVIII nos encontramos con el euroccidentalocentrismo, posturas que han elaborado mitologías que colocan a los otros —a todo el planeta— como inferiores, decadentes e incluso como peligros que deben ser contrarrestados o erradicados", agrega Nader.

El odio, uno de los pilares de la civilización occidental

Como ejemplo de la prevalencia del discurso de odio, Nader señala que la rusofobia no solo no es nueva, con por lo menos tres siglos de historia, sino que constituye uno de los pilares del concepto de civilización occidental.

"Fue hasta el siglo de las luces cuando la rusofobia como la conocemos se desarrolló, durante el surgimiento de las teorías raciales/racistas y el apogeo de los imperios coloniales europeos. Rusia fue transformada en una amenaza inminente, una versión fallida, bizarra e incompleta de Europa", apunta.

Un territorio acusado de ser una mezcla salvaje de eslavos, pueblos túrquicos, mongoles, caucásicos, ortodoxos, musulmanes y judíos, estima el analista.

"Con el pasar de las décadas el peligro zarista se transformó en el terror comunista, para finalmente llegar a la fase de la amenaza populista putinista, por solo mencionar unas cuantas etiquetas. En pocas palabras, Rusia ha sido vista por los gobiernos, academias y medios al oeste como la antítesis de Occidente", sintetiza.

La desinformación, herramienta principal

El odio contra los rusos, los chinos o cualquier otro grupo demonizado se basa en la desinformación, la desmemoria, la ignorancia y la desidia de sectores continuamente bombardeados por propaganda emitida por el Gobierno estadounidense y sus vasallos, acusa Nader.

"Además, tenemos el papel viciado y cómplice de líderes de opinión amaestrados del esnobista sector académico del imperialismo, que fomenta los discursos de odio sin ni siquiera notar su complicidad al haber normalizado el excepcionalismo, el amplio historial de atrocidades y la manipulación", reclama el analista.

Asimismo, vaticina que "las masas no pondrán en duda lo dicho por las voces autorizadas, llegando incluso a apoyar los linchamientos. Todo lo enunciado por Washington o Europa será verdadero y benigno, mientras que toda acción o declaración desde otro contexto será falsa y perversa".

¿Contra quiénes apunta esta violencia?

El discurso de odio puede dirigirse al interior de un país, contra minorías o grupos desfavorecidos dentro de las fronteras, o al exterior, contra naciones, gobiernos o grupos lingüísticos y religiosos ajenos al centro que plantea la dominación ideológica, política y económica, describe el historiador.

Un ejemplo de esto, dice, es la historia de Estados Unidos, que no puede entenderse sin el odio o pánico ejercido contra diversos colectivos y traducido en guerras de exterminio y persecución contra sus supuestos antagonistas inmediatos, los pueblos originarios de Norteamérica.

Otro grupo destinatario del odio estadounidense y catalogado como una raza inferior desde el siglo XIX, recuerda Nader, son los africanos y afrodescendientes esclavizados.

Nazismo: de Alemania a Ucrania

En la Alemania nazi, recuerda el historiador, fue frecuente el discurso de odio contra judíos, eslavos y gitanos, que culminó con el genocidio de millones de seres humanos.

"Berlín contó con el apoyo de grupos colaboracionistas anticomunistas de toda Europa, incluso en territorio enemigo, el soviético, como ocurrió en el oeste ucraniano, donde miles de personas cometieron atrocidades exterminando a millones", describe Nader.

Según el analista, "llama la atención que dichos agresores, eslavos todos ellos, fueron incorporados al mito de la raza suprema como arios honorarios o temporales, a diferencia del resto de la población soviética y las naciones de lengua eslava, siempre considerados por el Tercer Reich como subhumanos, sirvientes de los pueblos germánicos".

Finalizada la Segunda Guerra Mundial, los nazis que no fueron capturados y enjuiciados por el Ejército Rojo de la Unión Soviética huyeron a Occidente, recuerda Nader, y a partir de 1991, con la desintegración de la URSS, resurgieron en Ucrania dentro de partidos como Svoboda.

"Siendo paulatinamente rehabilitados como héroes nacionales, primero durante el Gobierno de Víktor Yúshchenko y, posteriormente, ya en la coyuntura actual, con el sangriento golpe militar y paramilitar de 2014, cuando el neonazismo se instaló en Kiev alentado y patrocinado por EEUU y la OTAN", señala.

Nader también asevera que "ellos con beneplácito vieron cómo batallones como Azov, Aidar o milicias como Pravy Sector [organización extremista, prohibida en Rusia] masacraban a rusos en Odesa, Donetsk y Lugansk, además de ir directamente contra las minorías gitanas, húngaras y rumanas".

En el actual conflicto entre Rusia y Ucrania, la línea neonazi vigente en Kiev, considera Nader, reinsertó un discurso revisionista y pseudohistórico con fuerte orientación rusófoba y que pretende negar un milenio de historia conjunta entre ambos países.

El caso de los acuerdos de Minsk

Desde que suscribieron en 2014, tanto Kiev como Washington han buscado pisotear los acuerdos de Minsk, asegura el historiador, no solo recrudeciendo las hostilidades contra los pobladores del Donbás o fomentando el supremacismo étnico y lingüístico en Ucrania, sino colocando a la gente de esa zona fronteriza como los agresores y a Moscú como el instigador de la violencia.

"Y de paso satanizar aún más a aliados como los Gobiernos de Bielorrusia y China, algo terroríficamente sencillo si consideramos a la rusofobia como una 'entrañable tradición' tolerada y celebrada en Occidente", apunta.

"Desde hace un mes [finales de febrero de 2022] inició la etapa más cruenta de este proceso, en la que además de ocultar lo ocurrido desde hace ocho años también se ha iniciado una cacería de brujas contra prácticamente cualquier cosa que evoque o sea referente a Rusia, desde la música de compositores decimonónicos hasta cursos de literatura rusa", expone el historiador.

Esta persecución y censura no solo son ridículas sino también extremadamente peligrosas, considera, pues se suma a la intención de la OTAN de hacer héroes a los neonazis ucranianos y a los mercenarios fascistas.

"Pero eso tampoco debe sorprendernos: Washington y sus aliados, sus mercadólogos y merolicos convirtieron a ejércitos multinacionales de yihadistas, narcoparamilitares o escuadrones de la muerte en próceres de la libertad y la democracia, véase lo ocurrido en Afganistán en los 80, al igual que en Colombia, Centroamérica, Siria o Irak", enumera Nader.

La importancia histórica de la intransigencia

Cuestionado sobre la traición, que en el caso de México logró el asesinato de los revolucionarios Francisco Villa y Emiliano Zapata, o en el de Colombia derivó en el exterminio de excombatientes tras la firma de los acuerdos de paz con la guerrilla, Nader recuerda la confianza en promesas vacías.

"En 1991, la naciente Federación de Rusia, postsoviética, contemplaba cómo, a diferencia del Pacto de Varsovia, la OTAN no se disolvía. Moscú creyó en las promesas vacías tanto de Washington como de París o Berlín de que la Alianza Atlántica no se expandiría al este", recuerda.

Pero ocurrió todo lo contrario. "En menos de dos décadas había absorbido a las naciones del este europeo, incluyendo al trío báltico exsoviético. Desde 2008 el expansionismo atlantista puso sus ojos en Georgia y Ucrania, otra línea roja para la seguridad e integridad rusa", puntualiza.

Tanto los pobladores de Donetsk y Lugansk como el Kremlin, describe el analista, esperaban que los acuerdos de Minsk contribuyeran a detener las agresiones ucranianas desde 2014, escenario que no se presentó.

"Hasta la fecha, las víctimas rusoparlantes rebasan las 15.000, sin mencionar los miles de desaparecidos y desplazados. Promesas y acuerdos rotos", declara.

"Curiosamente, el único periodo en el que el discurso rusófobo se redujo fue durante el nefasto periodo de [Boris] Yeltsin, cuando el Gobierno ruso se convirtió en amigo de Occidente, cuando los oligarcas se enriquecieron a costa de un pueblo empobrecido y las riquezas rusas quedaron a merced de capitales extranjeros", subraya.

En aquellos años, apunta, se intentó balcanizar el Cáucaso ruso, con dos conflictos militares que generaron decenas de miles de muertos.

"En noviembre del año pasado la construcción del gasoducto Nord Stream II finalizó, fue en ese momento cuando el discurso de odio contra Rusia se recrudeció aún más, al igual que las provocaciones militares de Washington y Londres y las ayudas militares a Ucrania", señala.

Durante los últimos 200 años la rusofobia se ha materializado en agresiones como la invasión napoleónica, la guerra de Crimea, la invasión multinacional en tiempos de guerra civil y la invasión genocida de la Alemania nazi contra la Unión Soviética, que cobró la vida de 27 millones de personas, lamenta el historiador.

"Ceder posiciones le ha costado demasiado a Moscú. Había dos opciones: volver a hacerlo y lidiar con el cerco nuclear estadounidense y atlantista en sus fronteras o tolerar una guerra económica y una marejada rusófoba nunca antes vista. Optaron por lo segundo", concluye.

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