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Patricia Lee Wynne

Como sonámbulos, los países de la OTAN liderados por EEUU se han precipitado en esta nueva crisis aplicando durante 30 años una política de asedio a Rusia y enterrando la cabeza en estos ocho años para negar la grave situación en el Donbás.

Esto lo reconocen los propios y más importantes observadores de la política exterior de EEUU: en su columna para el diario The New York Times, Thomas Friedman escribió el 21 de febrero, refiriéndose a la ampliación de la OTAN iniciada en 1994 bajo el Gobierno del demócrata Bill Clinton:

"El misterio es por qué EEUU —que durante la Guerra Fría soñaba que Rusia tuviera algún día una revolución democrática y un líder que, aunque a regañadientes, tratara de hacer de Rusia una democracia y unirse a Occidente— eligió tan rápidamente empujar a la OTAN a la cara de Rusia cuando esta estaba débil".

Friedman recuerda su oposición y la de algunos funcionarios, entre ellos, el secretario de Defensa Bill Perry, quien en 2016, ya iniciada la crisis en Ucrania, dijo en una conferencia para The Guardian:

"En los últimos años, la mayoría de la culpa se ha atribuido a las acciones de Putin. Pero en su comienzo, tengo que decir que EEUU tiene gran parte de la culpa. Nuestra primera acción que nos puso en una mala dirección fue cuando la OTAN empezó a expandirse, acogiendo a las naciones del este de Europa, algunas de ellas fronterizas con Rusia".

El 2 de mayo de 1998, cuando el Senado de EEUU ratificó la expansión de la OTAN, George Kennan, el gran diplomático estadounidense que fue el arquitecto de la política de contención durante la Guerra Fría, le dijo a Friedman que la expansión de la OTAN era "un error trágico. No había ninguna razón para ello. Nadie amenazaba a nadie. Esta expansión haría que nuestros padres fundadores se revuelquen en sus tumbas".

"Nos hemos comprometido a proteger a un montón de países, aunque no tenemos ni los recursos ni la intención de hacerlo seriamente", y agregó: "Realmente me molestaron las referencias a Rusia como un país que se muere por atacar a Europa Occidental". Y cuando Rusia reaccione, "van a decir que siempre dijeron que los rusos son así, pero está mal".

Esto, escrito en las páginas editoriales del principal diario de EEUU, es toda una confesión de la política agresiva llevada adelante desde hace 30 años en relación con Rusia.

Una sucesión de errores catastróficos

El mundo de posguerra basó su estabilidad en el equilibrio estratégico entre EEUU y la Unión Soviética, que se repartieron las zonas de influencia y mantuvieron, en términos generales, la paz. Ese equilibrio se rompió hace 30 años, con la caída del Muro de Berlín, la unificación de Alemania y la disolución de la URSS.

Quedó un mundo unipolar en el cual EEUU y la OTAN aprovecharon la extrema debilidad de Rusia en los años noventa, y se explayaron por todo el planeta invadiendo e imponiendo sus condiciones.

Para mencionar solo algunas de las acciones ofensivas:

1990: Primera guerra del Golfo contra Irak.

1999: Guerra contra Yugoslavia.

2001: Invasión de Afganistán.

2003: Invasión de Irak.

2011: Ataque a Libia y asesinato de Muammar Gaddafi y comienzo de intervención armada en Siria.

Sobra recordar las catastróficas consecuencias de cada una de estas acciones, que culminaron, hace poco, con la vergonzosa retirada de las tropas de EEUU de Afganistán, revelando la fragilidad de EEUU.

Sin lugar a dudas la política más peligrosa fue la extensión de la OTAN y el despliegue de las fuerzas y el armamento de EEUU, incorporando a los países del viejo Pacto de Varsovia incluyendo repúblicas de la antigua URSS, colocando sus misiles en las fronteras de Rusia.

Las advertencias recurrentes de Moscú contra la extensión sin fin de la OTAN no fueron escuchadas. La línea roja fue cruzada en 2014, con la pretensión de incorporar a Ucrania a la Unión Europea y la OTAN y la agresión del nuevo Gobierno de Kiev a las regiones pro rusas de Donetsk y Lugansk, que no son injertos, sino donde por siglos han convivido los rusos y los ucranianos en paz.

Pero ante las agresiones del nuevo Gobierno, en el cual tenían participación grupos de ultraderecha y neonazis reconocidos, estas regiones proclamaron su independencia.

En los últimos ocho años Rusia advirtió y advirtió, firmó los acuerdos de Minsk de 2014 y 2015, que establecían una amplia autonomía para esas regiones, pero Kiev nunca cumplió.

La propuesta de desmilitarización de Rusia que EEUU y la OTAN rechazaron

El 15 de diciembre Rusia presentó sus propuestas a EEUU y la OTAN:

Las partes "no tomarán acciones que pongan en peligro la seguridad de la otra parte" y "no utilizarán territorio de otros estados para preparar o atacar militarmente a la otra parte".

EEUU se compromete a excluir cualquier ampliación de la OTAN hacia el este, negándose a incorporar a la Alianza a los estados que antes pertenecieron a la URSS, no colocará bases militares en territorios de países que pertenecieron a la URSS, ni usará su infraestructura para actividades militares.

Las partes se abstendrán de desplegar sus fuerzas armadas y armamento en lugares "donde la otra parte lo pueda tomar como una amenaza a su seguridad nacional".

Las partes se comprometen no realizar vuelos de bombarderos pesados o submarinos y barcos por fuera de su espacio aéreo y aguas territoriales, desde donde puedan atacar al territorio de la otra parte.

Las partes se comprometen a "no desplegar cohetes terrestres de media y larga distancia por fuera de sus territorios nacionales", a no desplegar armamento nuclear fuera de su territorio, devolver el armamento que ya haya sido desplegado fuera de su territorio nacional y "destruir toda la infraestructura para desplegar armamento nuclear por fuera de su territorio".

Rusia propone que la Alianza Atlántica retrotraiga la situación de sus fuerzas armadas y armamento en territorios de otros estados de Europa a nivel de 27 de mayo de 1997 y se comprometa a no expandirse más, incluyendo a Ucrania y otros estados, y se abstenga "de cualquier acción militar en territorio de Ucrania y de otros estados de Europa del Este".

Estas propuestas indican la pretensión de Rusia de desescalar el avance del armamentismo en Europa en las últimas tres décadas, pero EEUU y la OTAN las rechazaron. No escucharon las demandas de seguridad de Rusia, un país que derrotó a Napoleón, que sobrevivió a la invasión de más de 20 ejércitos extranjeros después de la Revolución de 1917 y que derrotó a Hitler poniendo 26 millones de muertos. Y Rusia dijo basta.

Se escuchan condenas a Rusia desde todos los sectores del espectro político. A lo sumo, algunos dicen que hay que estar al mismo tiempo contra el "imperialismos occidental y ruso", como si fueran lo mismo, equiparando a Rusia con la OTAN, asumiendo una posición de "ni los unos ni los otros", perdiendo la perspectiva histórica de los 30 años de avance sostenido de la OTAN, de las guerras en Afganistán, Irak, Siria, Yugoslavia y Libia, y los ocho años de sufrimiento en el este de Ucrania.

Se vienen enormes sanciones para Rusia: ya se suspendió el gasoducto Nord Stream II en Alemania, que era el objetivo de Washington, quien ahora aprovechará la situación para vender su gas a Europa. Los que pagarán las cuentas serán los ciudadanos europeos, que verán cómo los precios de la energía suben cada vez más. Y mientras tanto, las grandes transnacionales de armamento estarán haciendo números de sus futuras ganancias.

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