Sergio Fernández Riquelme

Según todos los sondeos, Matteo Salvini puede convertirse, tarde o temprano, en Primer ministro de Italia. Sería la primera vez que una fuerza del amplio y diverso fenómeno soberanista-identitario, podría llegar a encabezar el Gobierno de un país de Europa occidental (en el seno de la coalición de centro-destra, junto a Fratelli d´ItaliaForza Italia y otros partidos menores) más allá de las fallidas tentativas del otrora Frente Nacional francés de la saga Le Pen.

Pero nos encontramos ante una experiencia muy singular, tanto en su contenido doctrinal como en su evolución histórica. Salvini, al frente de Il Carroccio (denominación tradicional y popular de la Liga Norte o Lega Nord) ha evolucionado, por convicción o por estrategia, hacia una nueva Lega sovranista de ámbito nacional. Primero eliminando el adjetivo “norte” de sus logos electorales, posteriormente creando sucursales más allá de su antiguo feudo norteño o “padano” (Lombardía, Piamonte y Véneto), asumiendo progresivamente contenidos claramente identitarios (del control de las fronteras a la defensa de los valores tradicionales), y finalmente refundándola institucionalmente en 2019. Y esta transformación, unida al exitoso uso de las redes sociales y los medios de comunicación, ha dado sus frutos.

Tras varios años de caída electoral y crisis económica, Salvini y su equipo tomaron las riendas de la Liga en 2013, primero apartando a la generación del fundador Umberto Bossi (decisiva durante años en las coaliciones electorales de Silvio Berlusconi), y después frenando las aspiraciones de los barones Maroni y Tosi. Dejando atrás su pasado militante (un agresivo nacionalismo padano de juventud), y ligado tras su experiencia como europarlamentario a la “Europa de las patrias” (especialmente con Marine Le Pen y Geert Wilders), el nuevo nacionalismo soberanista italiano (en el caso de la Liga con aspiraciones federalista para el país) y admirador creciente de la llamada “modernización  conservadora” de la Rusia de Vladimir Putin, lanzó la campaña nacional “Noi con Salvini”(NcS) a finales de 2014 (en Lazio, Cerdeña y otras partes del centro y sur del país)

Dicha campaña, que ampliaba las tradicionales bases de la Liga e integraba temas identitarios comunes a todo el país, contuvo la sangría de votos de los últimos años, impulsó a la formación en zonas tradicionalmente alejadas (desde Emilia-Romaña hasta Umbría), y permitió, al integrar a nuevos sectores tradicionalistas y católicos antes alejados (por al anticlericalismo masón declarado de Bossi), dejar atrás las propuestas más izquierdistas y regionalistas de los antiguos e influyentes militantes (como Paolo Grimoldi o Gianni Fava).

Finalmente una Liga en continuo crecimiento regional y un Salvini omnipresente en todas las polémicas y debates, lanzaron su campaña electoral para las elecciones nacionales de 2018. La nueva marca de la nueva Liga fue “Salvini Premier. La rivoluzione del buonsenso”, y el programa electoral perfilaba las ideas soberanistas/identitarias (nacional-liberales en el plano económico) de los últimos años: rechazo de la burocracia de Bruselas, un mundo multipolar, control estricto de las fronteras, defensa de la producción nacional, protección de la Familia y apoyo a la demografía, liberalización de la economía y bajada radical de impuestos.., y por supuesto, en clave tradicional leghista, el avance de la regionalización de Italia.

El éxito fue rotundo. La Liga alcanzó el mejor resultado de su historia, situándose como tercera fuerza política a nivel nacional (17,35%), llevando a la coalición de centro-derecha cerca de alcanzar el poder (superando como principal fuerza de la coalición a la misma Forza Italia del condenado Berlusconi). Pero finalmente, tras diversas polémicas y negociaciones, la Liga alcanzó un pacto de gobierno con el ganador de las elecciones: el Movimento 5 Stelle (M5S) de Beppe Grillo, ahora dirigido por Luigi de Maio (un peculiar movimiento nacido como “antisistema” y ciudadano, con gran éxito en las ciudades y en el sur del país). Salvini no pudo convertirse en Premier, pero si viceprimer ministro y Ministro del Interior en el gabinete de coalición, bajo liderazgo del supuesto profesor apartidista Giuseppe Conte.

Poco duró la experiencia. Tras un año de continuas fricciones (especialmente con los que denunciaba como cattocomunistas de Francisco y con el ala izquierda del M5S liderada por Roberto Fico) y amplias controversias (por su decidida labor de control de fronteras y rechazo de la inmigración ilegal), Salvini salió del gobierno buscando dejarlo en minoría y convocar elecciones anticipadas, al calor de sus éxitos en las sucesivas elecciones regionales (de Cerdeña al Piamonte) y el creciente apoyo en los sondeos electorales. La jugada salió mal, y durante meses parecía que se desinflaba la popularidad de una Liga (que llegaba en las encuestas al 35% de la intención de voto para la formación) ahora en la oposición.

Pero la victoria regional en Umbría y sus posibilidades de ganar en la mismísima Emilia-Romaña (regiones históricamente socialistas, lo que provocó el nacimiento del movimiento izquierdista anti-Salvini de “las Sardinas”), la “resurrección” mediática de Salvini en las redes (en comunicación constante con sus seguidores) y en las polémicas (desde la comida italiana a la situación de su querido AC Milán), o las continuas desavenencias en la nueva coalición de gobierno (ahora entre los grillini y el socialdemócrata PD, de nuevo bajo Conte como Premier), volvieron a poner a la Liga y a la coalición conservadora en puertas de obtener la mayoría en los sondeos de 2020.

Salvini Premier. Un lema y una posibilidad histórica que nos habla de la pujanza del fenómeno soberanista/identitario en la era de la globalización, en su complejidad y diversidad general (como movimiento mundial), en sus límites y oportunidades a nivel concreto (país por país), y en sus raíces históricas y en su devenir futuro (como realidad a estudiar).

Sergio Fernández Riquelme es historiador, doctor en política social y profesor titular de la Universidad de Murcia. Autor de numerosos libros y artículos de investigación y divulgación en el campo de la historia de las ideas y la política social, es especialista en los fenómenos comunitarios e identitarios pasados y presentes. En la actualidad es director de La Razón Histórica, revista hispanoamericana de historia de las ideas.

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