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El tiempo del dólar como medio universal de pago va tocando a su fin. Muchos países del mundo tratan de independizarse de la hegemonía dictada por la divisa estadounidense, escribe el portal ruso Vesti Finance.

Recientemente, el gigante asiático, apoyado por Rusia, comenzó a dar nuevos y decisivos pasos hacia la creación de una alternativa viable al dólar estadounidense en el ámbito del comercio y las finanzas.

En particular, China anunció su deseo de lanzar los contratos de futuros de petróleo en yuanes con su posible conversión en oro. Un contrato de futuros es un acuerdo que obliga a las partes a comprar o vender un activo por un precio fijo y para ser entregado en un plazo futuro determinado de antemano.

Dichos planes de Pekín no tomaron por sorpresa a Wall Street ni a Washington, opina el economista estadounidense Frederick William Engdahl.

Hoy en día, el gigante asiático es el importador de petróleo más grande del mundo. Dado que este tipo de operaciones comerciales suele pagarse con dólares, las fuerzas que apoyan la moneda estadounidense temen que la irrupción de una buena alternativa pueda privarles de todas las ventajas que les ofrecía la compraventa.

Según el portal ruso Vesti, el lanzamiento de los contratos de futuros de petróleo en yuanes puede convertirse precisamente en una alternativa en Asia. En caso de que esto ocurra, el dólar "sería otra palanca de manipulación gigante (…) que China y sus socios petroleros, entre ellos Rusia, podrían eliminar".

Esta medida de Pekín puede conducir a que muchos países en Oriente Medio opten por contratos de futuros de petróleo en yuanes, en vez de adquirir el petróleo utilizando dólares.

De hecho, la posición del país eslavo respecto al dominio mundial del dólar es bastante clara y el presidente ruso, Vladímir Putin, la reafirmó el 5 de septiembre durante la celebración de la cumbre de los BRICS en Xiamen (China).

"Rusia comparte la preocupación de los países que forman parte del grupo BRICS en lo que se refiere a la injusticia que reina en la arquitectura financiera y económica global, que no toma en consideración la creciente influencia de países con mercados en vías de desarrollo. Estamos listos para trabajar con nuestros socios (…) para evitar la supremacía de un número limitado de monedas", dijo.

Sin embargo, Rusia y otros países del grupo BRICS no son los únicos que apoyan la medida propuesta por China. Venezuela también quiere desvincularse del dólar.

Recientemente, este país latinoamericano dejó oficialmente de recibir y enviar pagos en dólares en transacciones relacionadas con la compraventa de crudo.

Este fue el primer paso que se dio en la región hacia la independencia respecto al dólar. Hace escasas fechas, los comerciantes de petróleo venezolanos comenzaron a convertir sus facturas a euros, mientras que los medios venezolanos comunicaron que el país latinoamericano también había empezado a cotizar el crudo en yuanes.

"Los pasos emprendidos por Venezuela demuestran la creciente debilidad de EEUU. Anteriormente, se consideraba que un país que no quería comprar dólares tendría que esperar el cambio de régimen en plazos muy cortos. Ahora la situación ha cambiado".

¿Cuánto debe EE.UU.? ¿Y a quién? Todo sobre el récord de deuda pública de Washington

¿Qué es la deuda estatal de EE.UU.? ¿En qué consiste y cómo ha evolucionado durante los mandatos de los últimos presidentes norteamericanos? Aquí tiene todas las claves.

El pasado 12 de septiembre la deuda pública de EE.UU. alcanzó una cifra récord, superando los 20 billones de dólares por primera vez en la historia. Una nueva autorización de la Casa Blanca permite que el Departamento del Tesoro de EE.UU. supere el límite de 19,94 billones fijado en 2016. El pasado 8 de septiembre el presidente de EE.UU., Donald Trump, firmó una ley que suspendía esa barrera hasta el próximo 8 de diciembre.

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El endeudamiento del Gobierno federal de EE.UU. se puede dividir en dos grandes bloques: la deuda pública y la deuda doméstica. El primer grupo consta de valores comprados por inversores, corporaciones, órganos de Gobierno de los Estados, el Sistema de la Reserva Federal de EE.UU. y por Gobiernos extranjeros. En cuanto a la deuda doméstica se compone de valores adquiridos por otros órganos federales.

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Entre los mayores poseedores extranjeros de obligaciones de deuda pública de EE.UU. figuran China(1.146,5 millones de dólares), Japón (1.090,8), Irlanda (302,5) y Brasil (269,7), según estimaciones de junio de 2017.

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Sin embargo, la deuda norteamericana nunca deja de crecer. El último drástico crecimiento de la deuda pública de EE.UU. tuvo lugar durante el mandato de Barack Obama, el predecesor de Trump. Durante los 17 años anteriores a la llegada al poder de Obama la deuda creció en 5 billones de dólares, lo mismo que aumentó en los tres primeros años de su mandato.

Al final de su mandato, en enero de 2017, Obama dejó el país con una deuda de 19,9 billones, o sea, que durante su mandato la deuda pública de EE.UU. casi se duplicó. También el límite del endeudamiento del Estado se elevó varias veces. En octubre de 2013 esta situación incluso condujo al así llamado 'cierre' del Gobierno, la suspensión de la prestación de todos los servicios públicos no esenciales.

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Ello ocurrió porque la ley de presupuestos no se llegó a aprobar a tiempo debido a un desacuerdo sobre la financiación de la Ley de Protección al Paciente y Cuidado de Salud Asequible (también conocida como PPACA o Obamacare).

En aquel momento el Gobierno fue obligado a mandar a casa sin sueldo a la mayoría de sus funcionarios, 800.000 empleados federales, y a más de un millón de trabajadores sin una fecha concreta para el pago de sus sueldos. El cierre duró 16 días.

Este crecimiento drástico de la deuda pública durante el mandato de Obama tuvo su causa, entre otras cosas, en la necesidad de combatir las consecuencias de la crisis de 2008, en los gastos en la campaña militar en Afganistán y en la reforma de sanidad Obamacare.

Las reformas y medidas que podría promover Trump, entre las que figura el muro fronterizo con México, podrían aumentar aún más la deuda. Según las estimaciones de la Oficina de Presupuesto del Congreso de EE.UU. (CBO, por sus siglas en inglés), la deuda federal actual se encuentra en su nivel máximo desde la Segunda Guerra Mundial y aumentará en los próximos 30 años, hasta alcanzar el 150% del Producto Interior Bruto (PIB) en 2047.

Cómo EEUU comienza a perder el control sobre sus aliados

En tan solo ocho meses, Trump ha llevado a la OTAN a «un punto de crisis», y ahora «una ola de aliados que optan por la autonomía en vez de por la dependencia asfixiante».

El acuerdo firmado entre Rusia y Turquía la semana pasada sobre los suministros de sistemas antiaéreos S-400 supone «un revés para el bloque militar estadounidense de la OTAN», sostiene en un artículo para RT Sreeram Chaulia, analista internacional y decano de la Escuela Jindal de Asuntos Internacionales en la ciudad de Sonipat (La India).

Según explica este experto, pese a los desacuerdos y tensiones internas, hasta ahora ningún Estado miembro de la Alianza había roto «la norma no escrita» de evitar la cooperación estratégica de defensa con Rusia. Por lo tanto, el hecho de que Erdogan «pudiera contemplar una iniciativa tan audaz y socavar la lógica antirrusa existencial de la OTAN» dice mucho sobre «cuán dramáticamente EE.UU. está perdiendo su control sobre sus aliados».

Turquía

En opinión del analista, el que ha llevado el sistema de la alianza global a un punto de crisis es «el capitán a cargo», el presidente Donald Trump, que en tan solo ocho meses en el Despacho Oval ha logrado «deconstruir una estructura internacional de confianza y fe cuidadosamente construida» desde la Segunda Guerra Mundial.

En el caso de Turquía, la decisión de Trump de suministrar directamente armas a los kurdos sirios en mayo de 2017, así como la falta de progreso en la demanda turca de extraditar al clérigo Fetulá Gulen, «han amortiguado las esperanzas iniciales en Ankara de que la nueva Administración estadounidense sería afín», señala Chaulia. Por otro lado, las investigaciones legales en curso y los cargos contra los guardias de seguridad y los políticos turcos en el sistema de justicia estadounidense «han añadido leña al fuego» desde la perspectiva de Erdogan.

Ante «tales desprecios y amenazas», la reacción natural de un político «atrincherado y grandilocuente» como Erdogan es la de buscar «nuevas alineaciones para dar a EE.UU. una lección», con lo que la compra de los S-400 rusos «es una réplica en la cara» de Trump, que da por sentada la lealtad de Turquía.

Catar

La actitud de Trump hacia sus aliados se refleja también en su manejo de la crisis en torno a Catar. Indiferente al hecho de que este país alberga la mayor base militar estadounidense en Oriente Medio, el mandatario estadounidense «cayó en la trampa» de Arabia Saudita y «tomó partido descaradamente» a favor de Riad en su lucha con Doha por la supremacía entre los reinos árabes del Golfo, explica el analista.

Así las cosas, Catar aprendió lecciones similares a las de Turquía, acercándose más a Irán y a Rusia, y también involucrando a otras naciones neutrales como Omán y Kuwait para responder al desafío saudí. El hecho de que Doha no cediera a las demandas de sus rivales del Golfo y se mantuviera firme a pesar de las declaraciones de Trump contra ella «muestra cuánta influencia EE.UU. ha perdido en Oriente Medio», apunta el autor del artículo.

Corea del Sur, Japón y Australia

En Asia, donde la situación de seguridad se está deteriorando fuertemente, Trump «tampoco ha ayudado», al optar por «insultar y rechazar» a los aliados.

Corea del Sur ha sufrido «un prematuro revés de confianza» por los agresivos llamamientos de Trump para desechar el «horrible acuerdo comercial» conocido como KORUS debido al creciente déficit comercial en favor de Seúl. La insistencia de Trump para que Corea del Sur pague mil millones de dólares por el sistema antimisiles THAAD y su anterior sugerencia para que Seúl y Tokio adquieran sus propias armas nucleares «han sembrado grandes dudas» en torno la suposición histórica por la que EE.UU. asume los costos para defender a sus aliados y así «obtiene su gratitud y aceptación», destaca el analista.

El primer ministro japonés Shinzo Abe es, probablemente, el único aliado significativo a quien Trump no ha tratado de manera incorrecta. Sin embargo, en cuanto a la cuestión que realmente le importa a Japón -si EE.UU. lo defenderá de una China cada vez más fuerte y de Corea del Norte- Abe no tiene garantías estratégicas inequívocas por parte de la Administración Trump.

Australia también está «reconsiderando su tradicional dependencia» de la alianza norteamericana y da señales de que está dispuesta a aceptar «la supremacía inevitable de China», opina Chaulia, agregando que «las malhumoradas relaciones» personales de Trump con el primer ministro australiano, Malcolm Turnbull, son indicativas «de un malestar más profundo».

América Latina

La última encuesta del Pew Research Center revela cómo Trump frustró las relaciones con las naciones latinoamericanas, y, en concreto, con México, que ha sido «el chivo expiatorio favorito» del presidente de EE.UU. en lo que se refiere al comercio y a la inmigración. Solo un 5% de los encuestados dicen confiar en Trump, frente al 49% que confiaba en Obama al final de su mandato.

Además, la renegociación del TLCAN forzada por Trump «ha indignado a los mexicanos y ha mellado sus expectativas» sobre la voluntad de Washington de actuar «como un vecino justo».

Por otro lado, al deshacerse de las políticas liberalizadoras de la era Obama hacia Cuba y sugerir que EE.UU. cuenta con una «opción militar» para hacer frente a la crisis política en Venezuela, Trump «ha reencarnado el espectro del ‘feo estadounidense’ y el imperialismo yanqui en América Latina», advierte el analista.

Europa

Si el comercio, la migración y el terrorismo unieron a EE.UU. y Europa como un ‘Occidente’ único con «valores más o menos homogéneos e intereses compartidos», estas mismas cuestiones han abierto «un enorme abismo» en la era Trump, alerta el experto.

El rechazo de la canciller alemana, Angela Merkel, y del presidente francés, Emmanuel Macron, a las políticas y observaciones de Trump sobre el cambio climático, el proteccionismo comercial y el manejo del terrorismo islamista confirman una creciente brecha en el Océano Atlántico.

¿Desmoronamiento total?

En cualquier caso, indica el analista, por ahora el daño que Trump ha causado a las alianzas de Estados Unidos «no está en la zona de desmoronamiento total».

Sin embargo, si el giro de Turquía a Rusia es un indicador de lo que está por venir, «lo impensable bien podría pasar para cuando Trump cuelgue las botas», advierte Chaulia, para concluir que «una ola de aliados que optan por la autonomía en vez de por la dependencia asfixiante está sobre la mesa«.

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