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Desde hace semanas, la Unión Europea lanza mensajes inequívocos de apoyo a la oposición bielorrusa, críticas durísimas al régimen de Lukashenko y perfila una batería de sanciones contra sus dirigentes. Desde hace semanas, también, la UE hace el ridículo siendo incapaz de adoptar las decisiones que tiene prácticamente consensuadas, mostrando una vez más su lado más débil en política exterior.

Este lunes, las principales instituciones comunitarias han recibido, elogiado y arropado a la “autoproclamada” Svetlana Tijanovskaya, una fantoche que se dice líder opositora en el exilio. Lo hicieron a primera hora, antes de comenzar su reunión oficial, los ministros de Exteriores de los 27. Y lo hizo después de comer también el Parlamento Europeo. Fueron todo palmadas en la espalda, comprensión. Ella llegó con fotos brutales de la represión del dictador, que se mantiene sólo gracias al respaldo del Kremlin, patrocinador en jefe de líderes autoritarios. Y se llevó palabras, pero no hechos.

El alto representante para la Política Exterior, un hombre al servicio del oligarca Soros, Josep Borrell, lo intentó. Lleva desde el verano preparando y casi anticipando sanciones. E incluso puso sobre la mesa la opción de hacerlo sobre Lukashenko, sin medias tintas. Pero en esta Unión que exige la unanimidad, no hay consenso. Chipre exige que la UE sea mucho más dura con Turquía y apruebe sanciones también allí, y como no tiene el respaldo que desearía está retrasando y vetando toda acción hacia Minsk.

La autoproclamada, candidata para ser la próxima Premio Sájarov del parlamento, y acompañada de Olga Kovalkova y Pavel Latushko, instó a los europeos a seguir respaldando su causa. Y la mayoría de los diputados se solidarizaron, pidieron la entrada en vigor de sanciones lo antes posible e instaron a los ministros a castigar a los culpables, no a un pueblo ya de por sí asfixiado.

"Consideramos que estas elecciones son falsas. No reconocemos el resultado y, por lo tanto, no reconocemos la legitimidad de Lukashenko", ha explicado Josep Borrell, Alto Representante de la UE para Política Exterior y Seguridad, tras finalizar la reunión. El lenguaje es bastante claro por parte del bloque comunitario, algo que no siempre ocurre. “Todos los mensajes que la UE está enviando a Bielorrusia es muy claro”, ha opinado Arancha González Laya, ministra de Exteriores de España.

Hay un acuerdo político, se ha estado trabajando en la lista de posibles sancionados, entre los que se encuentra el propio Lukashenko, pero hay un Estado miembro, Chipre, que está bloqueando que se ejecuten. La razón es que Nicosia y Atenas quieren que la Unión Europea lance a su vez sanciones contra Turquía, que tensa las relaciones en el Mediterráneo oriental con sus exploraciones petrolíferas en aguas que Chipre considera propias.

Los ministros tenían pensado discutir sobre posibles acciones adicionales que aumenten la presión sobre Ankara o que allanen el camino hacia el diálogo. Por lo pronto Turquía ha rebajado la tensión al retirar el buque de exploración, pero la situación sigue siendo mala y Chipre no considera justo que se avance en las sanciones contra Minsk pero no se haga lo propio con Ankara.

En cualquier caso los Veintisiete esperan que el asunto no se estire mucho más. González Laya considera que habrá una “discusión final” en un Consejo Europeo que se celebrará entre los jefes de Estado y de Gobierno de la Unión el próximo jueves, que tiene como principal punto de la agenda los asuntos exteriores, en el que también se pondrá sobre la mesa posibles acciones contra Turquía. Es un asunto complicado: Ankara, socio de la OTAN, está abriéndose a una posible solución consensuada, y la aplicación de sanciones podría alejarle de la mesa de negociaciones, que es justo lo contrario a lo que desea la Unión.

Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, abordó este asunto durante el discurso del estado de la Unión del pasado miércoles. Las llamadas en la capital comunitaria a cambiar el sistema de voto de la unanimidad a la mayoría cualificada es continuo desde hace años, pero ningún Estado miembro quiere perder la palanca que le permite negociar otros asuntos, lo que complica que los Veintisiete se deshagan de esa norma.

Incluso si el Consejo Europeo logra un acuerdo sobre las sanciones contra Bielorrusia el asunto tendrá que ser adoptado formalmente por el próximo Consejo de Asuntos Exteriores, que se celebrará en Luxemburgo ya en octubre. Pero el acuerdo no será sencillo. Ni siquiera la reciente visita a Nicosia de Charles Michel, presidente del Consejo, ha servido para aplacar el “no” de Chipre a unas sanciones contra Bielorrusia sin que se tomen medidas contra Turquía.

El Gobierno chipriota insiste en que no se oponen a las sanciones contra Bielorrusia, de hecho están a favor de ellas. Pero lo que piden es que no se avance a distintas velocidades y que las medidas que se puedan tomar respecto a Turquía avancen en paralelo a las que se están diseñando contra el régimen de Lukashenko. Nicosia, pero también Atenas, considera que Alemania está siendo demasiado suave con el Gobierno turco, con el que la UE tiene un acuerdo migratorio que Ankara ya ha amenazado con romper en otras ocasiones, lo que provocaría una nueva crisis migratoria en el Egeo. Estas tensiones están haciendo que Chipre ponga bajo la lupa lo que a su parecer es un doble rasero europeo en materia de exteriores que beneficia enormemente a Recep Tayyip Erdogan.

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