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Sociedades con costumbres parecidas, climas mediterráneos, pirámides de población similares y desarrollo de acontecimientos parejo. Sin embargo, mientras España registra ya más de 13.000 muertos por coronavirus, en Grecia sólo se han contabilizado 68 fallecimientos. La rapidez en la toma de decisiones desde la primera pérdida humana ha sido clave: el primer ministro griego, Kyriakos Mitsotakis, confinó a su población con trece muertos mientras que el Gobierno de Pedro Sánchez esperó a tener casi 200.

Mitsotakis le está dando toda una lección de gestión al presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez. La toma de decisiones en Grecia fue mucho más acelerada y drástica que en España.

España y Grecia son, dejando de lado las diferencias de tamaño y habitantes (45,6 millones frente a 10,7), dos países muy similares en cuanto a su estructura social. Sus pirámides poblacionales muestran una distribución parecida, con una esperanza media de vida aproximada (83 años frente a 80), un clima y unas costumbres de vida social análogas. Sin embargo, sus tiempos de reacción frente a la pandemia fueron muy diferentes. Y los resultados también: 135.032 contagiados frente a 1.673. En fallecidos, 13.055 frente a 68.

El primer caso en España se registró el 30 de enero y la primera muerte por coronavirus llegó el 13 de febrero. En Grecia, el primer positivo se produjo el 26 de febrero (una mujer de 38 años en Tesalónica), y la primera muerte el pasado 12 de marzo. En base a esos dos hitos es posible analizar la rapidez de la respuesta de ambos países.

Cierre de colegios y eventos

-En España se cerraron colegios y universidades el 11 de marzo, con 54 fallecidos y 2.277 contagios. La decisión se tomó 40 días después de que se detectase el primer caso de coronavirus en el país y 27 días después de que se registrase la primera defunción por la enfermedad. Un día antes, el 10 de marzo, se decretó la suspensión de actos masivos como partidos de fútbol o festejos populares.

-En Grecia el cierre de colegios se ejecutó un día antes, el 10 de marzo. Ese día, según datos de la OMS, había registrados 73 contagios y ninguna muerte. La decisión se tomó 16 días después del primer positivo.

Grecia tomó esa decisión con 24 días de ventaja frente a España.

Confinamiento nacional

-El Gobierno español inició oficialmente el confinamiento a las doce de la noche del sábado 14 de marzo, tras una intensa jornada de discrepancias en el seno del Consejo de Ministros. A esa hora había 289 fallecidos y un total de 7.798 casos. Habían transcurrido 44 días desde el primer contagio y 31 desde la primera muerte.

-En Grecia, el confinamiento llegó el pasado 22 de marzo, con 530 contagiados y 13 fallecidos. Habían transcurrido 25 días desde el primer contagio y 10 desde la primera muerte.

Grecia tomó esa decisión con 19 días de ventaja frente a España.

Cierre de servicios no esenciales

-En España, el Gobierno suspendía el pasado 23 de marzo toda la actividad industrial y comercial no esencial. Había 33.089 contagiados y los fallecidos alcanzaban los 2.182. La decisión se tomaba 52 días después del primer contagio y 39 respecto al inicio de los decesos.

-El cierre de toda actividad no esencial en Grecia llegó antes incluso del confinamiento: el 16 de marzo, con 331 contagios y 4 fallecidos. La decisión se tomó 19 días después del primer contagio, 4 desde el primer muerto.

Grecia tomó esa decisión con más de un mes de ventaja frente a España: 33 días.

El Govern catalán paraliza un hospital montado por la Guardia Civil en Barcelona

Llueve sobre mojado. El Gobierno catalán ha vuelto a poner trabas a otro hospital de campaña en Cataluña. La instalación la montó la Guardia Civil dos semanas atrás en el Polideportivo de Sant Andreu de la Barca (Barcelona). La Generalitat no ha dado el permiso para poner en marcha la instalación pese a las reiteradas quejas del alcalde, Enric Llorca, y el aval de la Organización Mundial de la Salud (OMS), que ha dado por bueno el equipamiento temporal.

Según ha denunciado El Llobregat, el hospital de campaña de la instalación deportiva, con 140 camas, está parado y vacío a la espera del permiso del Departamento catalán de Salud, que comanda Alba Vergés (ERC). También está inoperativo todo el aparataje hospitalario. El centro sanitario de batalla contra la pandemia del virus SARS-CoV-2 no se puede utilizar sin la homologación de la consejería, por lo que no ha recibido ningún enfermo. Tampoco lo han hecho las 57 camas habilitadas para el mismo fin en el Hotel Bristol de la localidad. Carecen de permiso de Salud.

El alcalde "lo pone a disposición"

En esta situación de parálisis, el alcalde de Sant Andreu de la Barca, Enric Llorca (PSC), reiteró el pasado 28 de marzo que "pone la instalación a disposición del Departamento de Salud para su utilización. Queremos que tengan un elemento de soporte para ingresar a los ciudadanos afectados por coronavirus que lo necesiten". El primer edil avisó de que se "había encontrado con ciudadanos que tienen enfermos con coronavirus en casa que le preguntan por qué su familiar no está en el hospital de campaña".

La negativa a poner en marcha un hospital de campaña en Sant Andreu de la Barca es más hiriente si cabe cuando se tiene en cuenta que la Organización Mundial de la Salud (OMS) avaló la instalación. Representantes del organismo de Naciones Unidas lo comunicaron al munícipe el pasado 30 de marzo. También planteó la OMS asesorar al ayuntamiento local en su lucha contra la pandemia.

Trabas al Ejército en Sabadell

El rechazo del Govern a poner en marcha un hospital provisional en esta localidad del Baix Llobregat podría tener un componente político, pues en el montaje de la instalación en el polideportivo colaboró el Grupo de Reserva y Seguridad (GRS) número 4 de la Guardia Civil de Barcelona, con sede en la localidad. También ayudaron en el montaje personal destinado en la comandancia, que cedió las 140 camas para el equipamiento contra la pandemia.

De hecho, Salud, por medio del CatSalut, la aseguradora pública catalana, ya puso trabas a otro hospital de campaña en Sabadell (Barcelona), en el que colaboró el Ejército de Tierra, al verlo demasiado militar. Tras horas de negociaciones y presión mediática, la Generalitat dio su visto bueno. Era tarde. Un juez de Sabadell ha incoado diligencias previas para saber si las trabas del Ejecutivo de Quim Torra constituyeron un posible delito.

El Ejército se queja por escrito de la descoordinación con la Generalitat

Incidencias. Así define el Estado Mayor de la Defensa (EMAD) la descoordinación entre las administraciones públicas (locales, autonómicas y nacionales) a la hora de ejecutar la operación Balmis en Cataluña, cuyo objetivo final es la derrota del coronavirus y vencer a la pandemia. Una falta de coordinación que afecta directamente al trabajo realizado por la tropa desplegada en la región. En concreto, el Ejército se queja de que, sobre todo, en algunas de las residencias de ancianos a las que acuden para desinfectarlas no pueden llevar a cabo la misión ordenada. Por diversos motivos. La protesta del Mando de Operaciones del EMAD se hizo por escrito el domingo, mediante un correo electrónico -al que tuvo acceso ABC- enviado a la Delegación del Gobierno unos minutos antes de las 16.00 horas.

En el correo electrónico se expone nítidamente el «motivo» del mismo, que no es otro que el de informar a la Delegación del Gobierno de «una serie de incidencias que nos han surgido, durante los últimos días, en la Comunidad Autónoma de su responsabilidad». Una información que se traslada a la delegada del Gobierno, Teresa Cunillera, para que se optimicen «los recursos» del Ejército durante su despliegue.

«Con el objeto de poder facilitar la programación y movimiento de nuestras unidades, así como de optimizar los recursos de que disponemos, y siempre con el propósito de prestar el mayor y más rápido servicio a nuestros ciudadanos, le solicito que las peticiones que nos remitan desde la Delegación del Gobierno en Cataluña, sea lo más actualizada posible. De esta manera llegaremos más rápido y mejor a las residencias que más lo necesitan», apunta el Mando de Operaciones.

Queja fundada

La queja viene dada porque, a través del Ministerio de Defensa, tanto la Unidad Militar de Emergencias (UME) como el Ejército de Tierra llevan desde finales de marzo desinfectando, principalmente, residencias de ancianos en Cataluña, y en alguna ocasión, pese a tener la orden de Defensa, no se ha podido realizar la misión por motivos externos al Ejército.

Hasta el domingo, UME y Ejército de Tierra llevaban un total de 166 peticiones en distintas poblaciones catalanas. De estas, casi en el 11 por ciento de los casos (10,8 por ciento) se encontraron con «incidencias» o «inconvenientes», según se indica en el correo enviado.

Estos «inconvenientes», además, se han incrementado durante los últimos seis días. Así, en cuatro residencias (en las localidades de Cardona, Suria, Barcelona y Hospitalet), directamente, se negó la entrada de los militares por parte de las direcciones de los centros. En otras dos (ambas en Barcelona), se canceló la solicitud «pero al día siguiente nos viene ordenada» y se lleva a cabo la desinfección. Y en doce centros geriátricos más (en Barcelona, Sabadell, Tarrasa, San Feliu de Llobregat y Franqueses del Vallés), cuando los militares acudieron a las residencias les comunicaron que la Generalitat ya las ha desinfectado mediante la contratación de «empresas civiles» privadas.

De esta manera, no se estarían optimizando los recursos de los que el Gobierno, en particular, y el Estado, en general, dispone para luchar contra el Covid-19. De ahí la queja fundada del Ejército, que sufre los viajes sin sentido mientras se le acumulan las peticiones de actuación. El sábado, por ejemplo, Defensa tuvo que gestionar once incidencias: en una residencia no dejaron entrar a los militares; a ocho, acudieron para nada pues los geriátricos ya estaban desinfectados (siete por empresas privadas y otra, por los Bomberos) y a otras dos tuvieron que volver, por segunda vez tras visitarlas el viernes, porque «cancelan la solicitud, pero al día siguiente nos viene ordenada (…) y se desinfecta».

En el mensaje enviado se explicita otro ejemplo de descoordinación, ocurrido el domingo en un centro geriátrico de Franqueses del Vallés. El viernes se ocupó de la limpieza -la que tenía prevista haber hecho la UME- una empresa privada. Se les comunica a los militares que ya no es necesario que vayan, pero después vuelven a solicitar su trabajo porque la empresa contratada solo limpió los pasillos y no llegó a entrar en las habitaciones de los ancianos. Doble trabajo y en dos días diferentes. Según fuentes del Gobierno, además, este no sería el único caso de posible mala praxis que se habría producido en las residencias.

Centraliza la Consejería

El circuito que se sigue para las peticiones de desinfección en los centros de ancianos de Cataluña consiste en centralizarlas en la Consejería de Trabajo, Asuntos Sociales y Familias, que dirige Chakir el Homrani. Todas las peticiones que llegan a las instituciones (locales, autonómicas o nacionales) se gestionan desde este departamento, que, en función de las necesidades que considere oportunas, solicita ayuda a Defensa, a través del Ministerio de Derechos Sociales y Agenda 2030, que dirige Pablo Iglesias.

Hasta ayer, la Generalitat contabiliza 425 peticiones de centros geriátricos. De las que 79 se han encargado a Defensa por parte de la Consejería de Trabajo, Asuntos Sociales y Familias. Y de las 425, 140 ya se han tramitado.

Fuentes oficiales de esta Consejería, consultadas por ABC, aseguran desconocer «toda la programación de desinfecciones que tiene la UME», y aunque confirman que trabajan en colaboración con el Gobierno y los ayuntamientos, advierten de que les «consta» que el Ejército «está realizando otras limpiezas de las que no se nos ha informado».

Esta opinión, sin embargo, es desmentida por fuentes de la Delegación del Gobierno que, aseguran, se sigue el protocolo establecido con la Consejería: «Se actúa con autorización de la Generalitat». Así ocurrió en Badalona (centro de menores) y Sabadell (hospital de campaña). En cualquier caso, las peticiones de ayuda siguen llegando. Ayer se sumaron los municipios de Torroella de Montgrí, Santa Perpetua de la Mogoda, Navarcles y Pineda.

La OMS avisó el 2-M al Gobierno de la prioridad de hacer test a los sanitarios: ya hay 20.000 contagiados

En España hay 19.400 sanitarios que han resultado infectados por coronavirus. Algunos de ellos incluso han fallecido en las últimas semanas a consecuencia del COVID-19. La Organización Mundial de la Salud viene advirtiendo desde principios de marzo en un documento interno que era necesario dar prioridad absoluta a la realización de test a sanitarios para «proteger su salud». Sin embargo, como denuncian los propios profesionales, el Gobierno no escuchó esta advertencia.

Lo avisó claramente el Consejo General de Colegios Oficiales de Médicos de España el pasado 19 de marzo: es «urgente» que se realicen test del coronavirus al personal médico que trabaja en los hospitales cara a cara con el patógeno. «La seguridad de los profesionales es esencial para poder seguir combatiendo esta pandemia», recalcaron los representantes del gremio.

Esta advertencia iba en sintonía con las lanzadas desde la OMS a principios de marzo. Lo hizo a través del documento de consumo interno titulado ‘Laboratory testing strategy recommendations for COVID-19’ (Recomendaciones para la estrategia de test en laboratorio frente al Covid-19), del que se han difundido varias actualizaciones con diversos títulos desde el pasado 2 de marzo. La versión más reciente del documento tiene fecha del día 21 marzo.

En dicha guía se especifica cómo deben actuar los países ante la más que previsible saturación de los laboratorios y sistemas de diagnóstico del coronavirus. Y la conclusión es clara: ‘prioridad máxima’ a los test a sanitarios ante una situación de desabastecimiento.

‘Escenario 4’

Las instrucciones de la OMS describen las actuaciones recomendadas en cuanto a la política de realización de test en los cuatro escenarios posibles de la pandemia. Van desde el número 1, países sin casos, hasta el número 4, países con «grandes brotes sostenidos y transmisión local penetrante». España está, desde hace semanas, en la fase más grave de ese escenario 4.

La guía de la OMS vaticina que los países que se encuentren en ese ‘escenario 4’ van a enfrentarse a graves problemas técnicos y logísticos a la hora de poder realizar tests de forma masiva a la población. Ante la falta de tests, advertía, será necesario «priorizar» a ciertos colectivos.

«La priorización deberá enfocarse en la identificación temprana (del Covid-19) y protección de pacientes vulnerables y trabajadores del sistema sanitario», indican las instrucciones. Realizar estos test «será muy importante para minimizar la progresión» del virus.

Sanitarios sin test

Sin embargo, desde las primeras semanas de la pandemia en España Sanidad impuso severas restricciones a la realización de test entre los profesionales sanitarios. Se les exigía haber mantenido un «contacto estrecho» sin protección (pese a que la OMS no hace distinción de «contactos») y comenzar a mostrar los síntomas de la infección. De hecho, recomienda Sanidad, como norma general se evitará la realización de test y se enviará al persona a su domicilio para una cuarentena reducida de 7 días, tras la cual «se valorará» la realización de un test. Si no tienen síntomas, vuelta al trabajo. «Una temeridad», como han denunciado los propios sanitarios.

El pasado domingo se conoció el fallecimiento de un médico del SUMMA de Madrid afectado por coronavirus. El primer sanitario fallecido a consecuencia del Covid-19 en Madrid. Su hija, a través de una carta, denunciaba que a su padre le realizaron el test «tras nueve días de fiebre», mientras que a algunos políticos se le han realizado varias de estas pruebas pese a mostrarse asintomáticos, como el caso de Irene Montero.

Según los últimos datos ofrecidos por el Ministerio de Sanidad, en España hay un total de 19.400 profesionales sanitarios que han resultado infectados por el coronavirus. De ellos, unos 16.000 permanecen aún de baja y en aislamiento domiciliario. El sindicato de enfermería SATSE incluso ha denunciado la situación ante la ONU.

El CSIC sondea las medidas post-confinamiento: «Toque de queda y acceso policial al historial médico»

El Centro Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) realiza una encuesta sobre el coronavirus en la que, entre otras cuestiones, pregunta la opinión ciudadana sobre hipotéticas medidas, una vez superado el actual estado de alarma, para evitar un eventual rebrote de la pandemia. Entre ellas, se encuentra establecer un «toque de queda» o permitir a la Policía el acceso al historial médico de los ciudadanos.

El mayor organismo público de investigación en España realiza este estudio a través de uno de sus centros, el Instituto de Estudios Sociales Avanzados (IESA-CSIC).

Este Instituto explica que el objetivo «es conocer las opiniones e inquietudes de la ciudadanía respecto a la dimensión social de la crisis sanitaria sin precedentes originada por la pandemia de Covid-19». La participación está restringida a personas de 18 años o más que hayan recibido una invitación por SMS (el número es elegido de forma aleatoria) o «hayan visto anuncios en medios digitales», indica el organismo.

El apartado más destacado es el referido a las hipotéticas medidas para evitar el coronavirus, una vez superado el actual estado de alarma, lo que el Gobierno denomina «desescalada».

Así, el organismo ofrece varias opciones, como «controlar la localización de la población a través de sus móviles», «exigir información médica personal para acceder a espacios públicos», establecer un «toque de queda que prohíba salir de casa a partir de cierta hora» o exigir información médica personal para acceder a espacios públicos.

El organismo pregunta a continuación sobre «qué otras medidas considera que serán necesarias en los próximos 6 meses para evitar nuevos contagios» por el coronavirus, entre las que se incluye limitar los desplazamientos; usar mascarillas y guantes; restringir el acceso a espacios públicos, parques, playas, parques naturales; controlar a la población a través de los móviles; suprimir eventos masivos; realizar controles sanitarios obligatorios a la población; permitir el acceso de las Fuerzas de Seguridad a los «datos médicos personales» o el «confinamiento selectivo» de «personas diagnosticadas y de alto riesgo».

Entre otras cuestiones, se sondea asimismo la percepción sobre la posibilidad de contagio, propia o de los miembros de la familia; el grado de confianza en sanitarios, Ejército, Policía, Gobierno, científicos y expertos. Además, se requiere la valoración sobre el aspecto más importante para «la salida de la crisis sanitaria actual», para lo que se ofrecen varias opciones:  la responsabilidad de los ciudadanos, el control de la Policía y el Ejército, los descubrimientos científicos, la gestión del Gobierno, el cambio de estación (la llegada del verano) o la  inmunidad de quienes han superado la enfermedad.

También se requiere una valoración sobre el cumplimiento de las medidas, por parte del entrevistado y del resto de la sociedad, y la valoración «de la acción del Gobierno para controlar la pandemia», en una escala numérica.

La encuesta busca además conocer el grado de acuerdo con algunas medidas puestas en marcha en el plan contra la epidemia, como «la participación del Ejército en labores de limpieza y desinfección» o en «el control de la circulación de personas», las sanciones económicas, el «control vecinal sobre aparentes incumplimientos del confinamiento», la necesidad de autorización para desplazarse al trabajo o para el cuidado de mayores o la supresión de entierros y funerales.

Subida de impuestos

Otro apartado se refiere a las consecuencias de la crisis sanitaria. Así, el Instituto quiere saber si los españoles consideran que, a largo plazo, asistirá menos gente a eventos multitudinarios; se consumirán más productos nacionales; aumentará la desconfianza y el rechazo hacia la población extranjera; las familias se implicarán más en el cuidado de las personas mayores o será más frecuente el teletrabajo.

Otro apartado preocupante es el referido a los posibles cambios en las políticas públicas, en el que se plantean «problemas para pagar las distintas prestaciones (desempleo, pensiones…) o el aumento de impuestos. También se recoge la posibilidad de establecer una renta básica universal o asumir, por parte del Estado, «algunas de las competencias que ahora tienen las comunidades autónomas».

Más de 8 años

El organismo presenta un horizonte a largo plazo en la lucha contra el coronavirus, «los próximos seis meses», en los cuales se pregunta al encuestado por algunas de sus inquietudes, como pagar la hipoteca o el alquiler, mantener abierto su negocio, conservar su trabajo, conservar ingresos al nivel anterior a la crisis sanitaria, consumir productos culturales o de ocio o consumir productos de primera necesidad.

¿Pensando en los principales efectos de la pandemia (sanitarios y económicos), ¿Cuánto tiempo cree que se necesitará en España para recuperar una vida parecida a la que teníamos antes de la pandemia? es otra de las cuestiones. Y las opciones van entre los 6 meses o menos a los «más de 8 años». También se recoge la posibilidad de que «no nos recuperemos nunca».

Análisis: Diez semanas para aplastar la curva

Harvey V. Fineberg, MD, Ph.D.

El presidente dice que estamos en guerra con el coronavirus. Es una guerra por la que debemos luchar para ganar.

La economía está en el tanque, y entre miles y más de un millón de vidas estadounidenses están en peligro. La mayoría de los análisis de opciones y compensaciones suponen que tanto la pandemia como el revés económico deben desarrollarse durante un período de muchos meses para la pandemia y aún más para la recuperación económica. Sin embargo, como dirían los economistas, existe una opción dominante, que simultáneamente limita las muertes y hace que la economía vuelva a funcionar de manera sostenible.

Esa elección comienza con una campaña contundente y centrada para erradicar Covid-19 en los Estados Unidos. El objetivo no es aplanar la curva; El objetivo es aplastar la curva. China hizo esto en Wuhan. Podemos hacerlo en este país en 10 semanas.

Y con suficiente inteligencia sobre el enemigo, dónde acecha el virus, qué tan rápido se mueve, dónde es más amenazante y cuáles son sus vulnerabilidades, podemos comenzar a revitalizar la economía sin poner vidas adicionales en riesgo.

Si tomamos estos seis pasos para movilizar y organizar la nación, podemos vencer a Covid-19 a principios de junio.

1. Establecer un comando unificado . El presidente debe sorprender a sus críticos y nombrar un comandante que informe directamente al presidente. Esta persona debe tener la plena confianza del Presidente y debe ganarse la confianza del pueblo estadounidense. Este no es un coordinador entre agencias. Este comandante tiene todo el poder y la autoridad del presidente estadounidense para movilizar todos los activos civiles y militares necesarios para ganar la guerra. Pídale a cada gobernador que designe un comandante estatal individual con autoridad estatal similar. La diversidad de nuestra nación y las diversas etapas de la epidemia en diferentes regiones nos permiten enfocar las respuestas a lugares y tiempos específicos, desplegar y redesplegar suministros nacionales limitados donde puedan hacer el mayor bien, y aprender de la experiencia a medida que avanzamos.

2. Poner a disposición millones de pruebas de diagnóstico . No todas las personas necesitan hacerse la prueba, pero todas las personas con síntomas sí. La nación necesita prepararse para realizar millones de pruebas de diagnóstico en las próximas 2 semanas. Esta fue la clave del éxito en Corea del Sur. Cada decisión sobre el manejo de casos depende de una buena evaluación médica y los resultados de las pruebas de diagnóstico. Sin pruebas de diagnóstico, no podemos rastrear el alcance del brote. Use formas creativas para movilizar los laboratorios de investigación de la nación para ayudar con la detección de la población; referir a las personas que dan positivo para una evaluación adicional. Organice sitios dedicados de pruebas clínicas en cada comunidad que estén físicamente separados de otros centros de atención, como los centros de pruebas de manejo que han comenzado a surgir.

3. Suministre EPP a los trabajadores de la salud y equipe los hospitales para atender un aumento repentino de pacientes gravemente enfermos . Un amplio suministro de EPP (equipo de protección personal) debería ser un problema estándar para todos los trabajadores de la salud de los EE. UU. Que se encuentran en primera línea atendiendo pacientes y haciendo pruebas de infección. No enviaríamos soldados a la batalla sin chalecos balísticos; los trabajadores de la salud en la primera línea de esta guerra no merecen menos. Los centros de distribución regionales deberían desplegar rápidamente ventiladores y otros equipos necesarios desde el arsenal nacional hasta los hospitales con mayor necesidad. A pesar de los mejores esfuerzos de todos, en las áreas más afectadas, será necesario implementar estándares de atención de crisis para tomar decisiones éticas e inevitables sobre el uso de los equipos y suministros disponibles.

4. Differentiate the population into five groups and treat accordingly. Primero necesitamos saber quién está infectado; segundo, quién se supone que está infectado (es decir, personas con signos y síntomas consistentes con infección que inicialmente dan negativo); tercero, quien ha sido expuesto; cuarto, que no se sabe que haya estado expuesto o infectado; y quinto, quién se ha recuperado de la infección y está adecuadamente inmune. Debemos actuar sobre la base de síntomas, exámenes, pruebas (actualmente, ensayos de reacción en cadena de la polimerasa para detectar ARN viral) y exposiciones para identificar a los que pertenecen a cada uno de los primeros cuatro grupos. Hospitalice a las personas con enfermedad grave o de alto riesgo. Establecer enfermerías utilizando centros de convenciones vacíos, por ejemplo, para atender a personas con enfermedades leves o moderadas y de bajo riesgo; Una enfermería de aislamiento para todos los pacientes disminuirá la transmisión a los miembros de la familia. Convierta los hoteles ahora vacíos en centros de cuarentena para albergar a los que han estado expuestos y sepárelos de la población general durante 2 semanas; Este tipo de cuarentena seguirá siendo práctico hasta que la epidemia haya explotado en una ciudad o región en particular. Ser capaz de identificar el quinto grupo, aquellos que se infectaron previamente, se han recuperado y son inmunes de manera adecuada, requiere el desarrollo, la validación y el despliegue de pruebas basadas en anticuerpos. Esto cambiaría el juego al reiniciar partes de la economía de manera más rápida y segura. se han recuperado y son adecuadamente inmunes: requiere el desarrollo, la validación y el despliegue de pruebas basadas en anticuerpos. Esto cambiaría el juego al reiniciar partes de la economía de manera más rápida y segura. se han recuperado y son adecuadamente inmunes: requiere el desarrollo, la validación y el despliegue de pruebas basadas en anticuerpos. Esto cambiaría el juego al reiniciar partes de la economía de manera más rápida y segura.

5. Inspirar y movilizar al público.. En este esfuerzo total, todos tienen un papel que desempeñar y prácticamente todos están dispuestos. Hemos comenzado a desatar el ingenio estadounidense para crear nuevos tratamientos y una vacuna, proporcionando una mayor variedad y cantidad de pruebas de diagnóstico, y utilizando el poder de la tecnología de la información, las redes sociales, la inteligencia artificial y la informática de alta velocidad para idear soluciones novedosas. Estos esfuerzos deberían intensificarse. Todos pueden ayudar a reducir el riesgo de exposición y apoyar a sus amigos y vecinos en este momento crítico. Después de que todos los trabajadores de la salud tengan las máscaras que necesitan, el Servicio Postal de los EE. UU. Y las empresas privadas dispuestas pueden unirse para entregar máscaras quirúrgicas y desinfectantes para las manos a cada hogar estadounidense. Si todos usan una máscara quirúrgica fuera del hogar, aquellos que son presintomáticos e infectados tendrán menos probabilidades de transmitir la infección a otros.

6. Aprende mientras realizas una investigación fundamental en tiempo real. La atención clínica mejoraría enormemente con un tratamiento antiviral eficaz, y cada vía plausible debería investigarse. Lo hicimos con el VIH; ahora, necesitamos hacerlo más rápido con SARS-CoV-2. Los médicos necesitan mejores predictores de qué condición del paciente tiende a deteriorarse rápidamente o quién puede morir. Las decisiones para dar forma a la respuesta de salud pública y reiniciar la economía deben ser guiadas por la ciencia. Si descubrimos cuántas personas han sido infectadas y si ahora son inmunes, podemos determinar que es seguro para ellos regresar a sus trabajos y reanudar sus actividades más normales. ¿Es seguro que otros regresen al trabajo? Eso depende del nivel de infección aún en curso, de la naturaleza de las posibles exposiciones en el lugar de trabajo y de la detección confiable y la detección rápida de nuevos casos. ¿Pueden las escuelas reabrir de manera segura? Eso depende de lo que aprendamos sobre los niños como transmisores del virus a sus maestros, padres y abuelos. ¿Qué tan peligrosos son los espacios y las superficies contaminadas? Eso depende de la supervivencia del virus en diferentes condiciones ambientales y de diversos materiales.

Si adoptamos este enfoque concertado y determinado y nos guiamos por la ciencia, podemos comenzar a revivir negocios de todo tipo, incluidas aerolíneas, hoteles, restaurantes y lugares de entretenimiento. Al poner dinero en efectivo en los bolsillos de las personas durante los próximos dos meses, proteger a las pequeñas empresas y liberar las restricciones de crédito, el Presidente, el Congreso y la Reserva Federal habrán posicionado a la economía para que vuelva a crecer, una vez que el virus haya desaparecido imagen.

Si hacemos esto, podemos aliviar a los estadounidenses del dolor y la pérdida evitables, desempeñar nuestro papel en la lucha global contra Covid-19 y estar en una posición más fuerte para ayudar a otros países. Si persistimos con medias tintas contra el coronavirus, corremos el riesgo de cargar a la economía con una carga a largo plazo y evitable de consumidores ansiosos, enfermedades, mayores costos médicos y una actividad comercial restringida.

Si bien nos esforzamos por superar la epidemia inmediata, debemos tomar medidas para estar mejor equipados para enfrentar el coronavirus con el tiempo y otras amenazas emergentes en el siglo XXI. Una vacuna segura y efectiva ayudará a proteger a todos y servirá como baluarte contra la reintroducción del virus desde otras partes del mundo. La revitalización de la infraestructura de salud pública fortalecerá las capacidades nacionales, estatales y locales para responder a futuras amenazas. El diseño de modelos predictivos precisos para infecciones emergentes mejorará enormemente la preparación.

En lugar de tropezar con una serie de comienzos y paradas y medidas a medias tanto en la salud como en los frentes económicos, deberíamos forjar una estrategia para derrotar al coronavirus y abrir el camino a la reactivación económica. Si actuamos de inmediato, podemos celebrar el aniversario del Día D el 6 de junio de 2020, el día en que Estados Unidos declare la victoria sobre el coronavirus.

Fuente: New England Journal of Medicine

Análisis: Cuidado con la curva… También cuando baje

Juan Carlos Barba y Andrés Villena Oliver

La tan mencionada curva de contagios y fallecimientos parece haber comenzado un cambio de tendencia hacia su disminución progresiva. Una buena noticia que permite enfrentar el difícil día a día con la esperanza de la reducción de unos niveles de riesgo, los asociados a la pandemia del Covid-19, que la mayoría probablemente no habíamos padecido nunca antes. Pero el optimismo ha de fundamentarse en la totalidad de los factores presentes, y todo parece indicar que hay algunos, muy importantes, que apenas han aparecido en el debate público.

Un análisis más completo de la situación exige prestar especial atención al poder de las narrativas de las que hemos sido espectadores en el curso de esta crisis: todo Gobierno en ejercicio durante un periodo como este experimenta una transformación, pues, por una parte, tiene que enfrentar enormes desafíos que en gran medida no van a ser agradecidos y, por otra, detenta una cantidad de poder jamás imaginada. Entre las atribuciones de dicho poder está el del impacto de la imagen y de los mensajes que se reproducen a través de las terminales mediáticas, elementos de socialización secundaria de una población que en estos momentos está asustada.

El ejemplo palmario de esta forma de dominación icónica y consentida es la construcción de un relato que resume en una curva de contagiados y fallecidos el pronóstico de nuestra evolución futura. Como si de un termómetro se tratara, los ciudadanos comprobamos día a día si la curva comienza a descender para poder actualizar nuestras expectativas: si podremos tener un verano normal, una salida pronta, si las urgencias no van a colapsarse, si, al menos, no viviremos un crecimiento del contagio fuera de todo control…

El problema de esta narrativa es la confusión de la parte con el todo, lo que contribuye a proyectar los riesgos existentes en una serie de variables, ignorando otras circunstancias no menos amenazadoras.

Salvando las infinitas distancias, el ejemplo de las primas de riesgo durante la gran recesión permite analizar otra narrativa que incurre en el mismo ejercicio de confusión más o menos organizada.

Entre los años 2010 y 2013, los gobiernos españoles de PSOE y PP hicieron de las primas de riesgo una suerte de termómetro económico, una síntesis de la situación que atravesaba España —sin afirmar en ningún momento que dicha prima representaba el riesgo de bancarrota de nuestro país, algo que el público intuía pero que prefería no oír—.

La prima española competía, esforzada, por no acabar atrapada en la maraña del rescate financiero que había cobijado ya bajo su estigma social comunitario a otras naciones como Grecia, Portugal o Irlanda. Italia atravesaba una situación similar a la nuestra.

La bajada de la prima de riesgo española a finales del año 2012, que fue capitalizada por un Gobierno que concluyó que con esta victoria se asfaltaba la salida de la crisis, constituyó otro relato propio de un periodo crítico: sin embargo, la deuda pública seguía creciendo, los intereses tenían que pagarse, la sostenibilidad de dicha deuda dependía del apoyo silencioso del Banco Central Europeo, el paro seguía en cotas astronómicas, la emigración a otros países flexibilizaba por detrás el mercado de trabajo… Las razones de la crisis continuaban allí, pero la prima ya no era una amenaza, lo que producía una sensación de alivio.

Cuando un problema de implicaciones complejas se resume en una gráfica como la de la curva de contagios, un Gobierno responsable debe involucrarse, cuando llegue el momento adecuado, para ofrecer una contextualización de los riesgos que continuarán amenazando nuestra seguridad: si los contagios están disminuyendo en un periodo de confinamiento, se debe tener en cuenta también la escasa población inmunizada, la resistente presencia del virus Covid-19, el poco tiempo que ha mediado para reforzar las infraestructuras de la Sanidad contra otro posible 'shock', la posibilidad de un rebrote en el otoño a temperaturas más bajas, etc. Las decisiones cortoplacistas, en este punto, podrían ser letales.

Hay mucho por hacer. Los epidemiólogos ya han sido capaces de diseñar una estrategia de salida óptima para la situación actual, como se puede leer en trabajos como este. Esta estrategia incluye la realización masiva de test a la población de riesgo, lo que requiere un seguimiento estricto y un rastreo de los contactos de todos los positivos que se vayan diagnosticando, el testar a todas las personas en los lugares donde se vayan produciendo brotes de la epidemia y a todas las que deban cambiar su residencia. Del mismo modo, todos los médicos, incluyendo los de atención primaria, deben tener la posibilidad de solicitar el análisis de cualquier paciente que estimen oportuno.

Todas estas medidas son importantes para mantener bajo el conocido como R0 (número reproductivo básico o número de casos secundarios que provoca cada infectado en una población completamente susceptible), ya que, si no, rápidamente la epidemia rebrotará. Por ello, se siguen recomendando medidas como el distanciamiento social, el cierre de colegios y, por supuesto, el de los eventos multitudinarios, así como la vacunación, en el caso de que se consiguiese una vacuna suficientemente eficaz en un futuro.

Cualquier fallo en la detección de los casos asintomáticos, sumamente numerosos, conducirá inevitablemente a una segunda oleada de la epidemia. En este trabajo, por ejemplo, se descubrió que un 41,6% de los casos de infección por Covid-19 cursaba de forma asintomática. En el gráfico, la línea azul muestra una realidad poco debatida, hasta ahora, en los medios mayoritarios: la situación que se producirá si no se siguen las recomendaciones anteriores.

 

Diferentes escenarios de evolución de la epidemia por COVID-19. Fuente: The Lancet (ver artículo completo)

Por desgracia, no parece que estas medidas estén contempladas con la suficiente rotundidad en el diseño de la estrategia de salida de la que comienza a hablarse. Esperamos que la capital importancia de lo sucedido y del terrible correctivo infligido a nuestra soberbia cultural, al no haber aplicado a su debido tiempo las medidas que funcionaron en otros países como Corea del Sur, permitan a las autoridades competentes realizar las correcciones que sean necesarias.

Las buenas noticias requieren de solidez para serlas, y no solo de datos parciales o nominales para alimentar una esperanza tan precaria como nuestra situación social previa al Covid-19. La sociedad transcurre con dificultad, todavía, la fase de aceptación de la pandemia: el mundo ha cambiado y muchas cosas no van a volver a ser como eran. Los intereses políticos y empresariales, junto con la necesidad de que esta vulnerable y a la vez despiadada economía se relance, no esperan. Un diseño responsable de la vuelta a la nueva normalidad debe tener en cuenta todos estos condicionantes, lógicos e inevitables, pero también la complejidad del presente desafío. Porque gobernando en situaciones de crisis pueden cometerse muchos errores, pero se debe evitar a toda costa que el error sea el camino, y el lenguaje. Aún estamos a tiempo.

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