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Willians De Jesús Salvador

En junio del año 2002 tuve el honor de acompañar al presidente Hipólito Mejía en la visita de Estado a Ucrania, fueron días memorables en la hermosa ciudad de Kiev, fue proverbial la hospitalidad del presidente Leonid Kuchma y su gabinete, intercambiamos con sus líderes políticos, empresarios e industriales, los ucranianos son grandes anfitriones, recuerdo con gratitud su riqueza cultural y sus llanuras fértiles sembradas de trigo y patatas.

Analizaremos de manera sucinta el affaire entre Rusia y Ucrania, el escenario internacional se ha tornado muy complejo a nivel global, una solución militar supondrá una crisis mundial de grandes proporciones, por lo que deben agotarse los canales diplomáticos, hay que evitar una confrontación  bélica entre occidente encabezado por la OTAN  (EU, UK UE y Aliados) y la Federación de Rusia que ponga en riesgo la paz mundial.

Para comprender el conflicto entre Rusia y Ucrania, hay que hurgar en razones de origen históricas, geopolíticas y económicas que provocan tensiones en la frontera rusa ucraniana, el origen de ambas naciones se remonta a más de 1,100 años en la llamada “Rus de Kiev” tiene sus orígenes en la fundación de la dinastía rúrika, formaban la federación de tribus eslavas llegó a extenderse desde el mar Báltico al norte hasta el mar Negro al Sur, los pueblos de Bielorrusia, Ucrania y Rusia, además de otros grupos étnicos eslavos reivindican a la Rus de Kiev como origen de su cultura. Los eslavos orientales su cultura cuya religión era el cristianismo ortodoxo y el idioma ruso, el idioma ucraniano es ruteno.

En la era moderna después de la Primera Guerra Mundial, Rusia y Ucrania formaron partes de la Unión de Repúblicas Soviéticas a raíz del triunfo de la revolución bolchevique en 1922, hasta que se desgranó la URSS en el 1991, se proclamaron la independencia de las ex repúblicas soviéticas.

Crimea pertenecía se convirtió en una región ucraniana en el año 1954. Las tensiones se iniciaron en el año 2014, cuando se produjo la anexión de la provincia de Crimea a Rusia,  desde entonces la zona limítrofe entre ambos países ha estado con permanente y fuerte presencia militar de origen rusa, desde  diciembre del año pasado esta presencia, según informó el Ministerio de Defensa de Kiev el número de soldados rusos  es superior a 114 mil  desplegados  en el noreste, este y sur de Ucrania, además  de aproximadamente  92.000 soldados de infantería y fuerzas aéreas y marítimas.

A criterio del secretario general de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), Jens Stoltenberg ha indicado que se trata de “la mayor acumulación de tropas rusas” desde hace siete años.

El origen del conflicto hay que ubicarlo en noviembre del 2013 cuando millares de manifestantes ocuparon la Plaza de la Independencia de Kiev,  por los escándalos de corrupción del gobierno ucraniano, y la polarización en torno a la negativa del presidente Mikola Azárov de firmar el Acuerdo de Asociación entre Ucrania y la Unión Europea.

La realidad es que Ucrania tiene 44,13 millones de habitantes y una fuerte corriente pro rusa, anti europeístas y separatistas, esto ha dado origen a conflictos armados, la guerra del Donbás o del Dombás (guerra en el este de Ucrania) que no ha permitido que Ucrania reinicie un periodo de paz y desarrollo sostenido, la fragmentación del país se puso en peligro el 17 de abril del 2014 cuando manifestantes proclamaron la República Popular de Donetsk (RPD) en la ciudad de Donetsk, esto provocó una reunión en Ginebra, Suiza entre los jefes de la diplomacia de Ucrania, Unión Europea, Estados Unidos y Rusia, donde se aprobó un documento para poner fin al conflicto y revisar la Constitución de Ucrania, la cual no fue aceptada por las milicias pro rusas.

Los conflictos separatistas han creado un cráter en ucrania de grandes proporciones, basta recordar que el 1 de mayo de ese mismo año, 16 ciudades y pueblos del este se hallaban en poder de los grupos pro ruso, obasts de Donetsk y Lugansk se salió del control de Kiev, por lo que las autoridades ucranianas pusieron en marcha una operación militar de gran escala para someter a la obediencia a los grupos armados rusos y pro rusos que llegaron tras la anexión de Crimea.

La situación está muy tensa entorno a Ucrania, la OTAN ha reforzado su presencia en Europa del Este enviando buques de guerra y aviones, según el secretario general, Jens Stoltenberg: “La OTAN seguirá tomando todas las medidas necesarias para proteger y defender a todos los aliados, incluso reforzando la parte oriental de la Alianza.”  Según Reuters, la OTAN ha basado unos 4 mil soldados de batallones multinacionales en Estonia, Lituania, Letonia y Polonia, respaldado por tanques, defensas aéreas y unidades de inteligencia.

Ciertamente una de las exigencias de Rusia, que es que se prohíba que Ucrania se una a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) y una disminución de soldados y equipos militares de la OTAN en Europa del Este, prometiendo retirar las fuerzas armadas rusas de la frontera rusa ucraniana, Estados Unidos y aliados han respondido con las posibilidades de más sanciones a Rusia si invade a Ucrania, las conversaciones diplomáticas que se efectuaron en enero de este año, no produjeron los resultados esperados y actualmente la tensión se percibe a nivel internacional, lo que podría derivar en una caída de los mercados, aumento del precio de los combustibles,  desaceleración de la economía global y el reinicio de la Guerra Fría, en esta oportunidad no tan fría, esta región se ha convertido en un teatro de guerra.

El autor es diplomático y analista de política internacional, fue embajador dominicano en la República Federal de Alemania, República Checa, República de Polonia y Concurrente con la Federación Rusa.

El futuro del Estado ucraniano

Alexander Dugin

Traducción de Juan Gabriel Caro Rivera

En medio de la tormentosa propaganda que Occidente ha desencadenado sobre la cuestión ucraniana – que va desde un llamado a la repatriación de los ciudadanos estadounidenses y europeos en Ucrania hasta la filtración por parte de los medios de comunicación de que el gobierno de Kiev ha comenzado a trasladar la infraestructura gubernamental y las instituciones más importantes a la frontera occidental del país – resulta difícil pensar o hablar de otra cosa.

Y ni hablar de la invasión, algo que el gobierno de Rusia jamás ha tenido dentro de sus planes. Pero uno puede preguntarse: ¿por qué Rusia invadiría Ucrania ahora? ¿Por qué no lo hizo en el 2014 cuando la situación le era mucho más favorable? Es por esta razón que descartamos de antemano semejante hipótesis, ya que el Kremlin no quiere solucionar este problema por la fuerza, aunque el resultado final fuera totalmente desfavorable para Rusia. Por lo tanto, debemos concluir que Occidente quiere que Rusia invada Ucrania y hace todo lo que esta a su alcance para que eso ocurra.

¿Qué ganaría Estados Unidos con ello? Pues el divorcio definitivo entre Rusia y Europa, además de la consolidación de la OTAN (la cual se está desmoronando frente a nosotros) y el pretexto perfecto para imponer toda clase de sanciones. Se espera que estas últimas provoquen una sublevación de las élites rusas contra Putin, ya que los activos de la élite rusa en el extranjero desaparecerían (o, al menos, eso es lo que ellos creen). Los estadounidenses consideran todo eso un excelente plan.

En caso de que los rusos no deseen invadir Ucrania se les puede obligar a que lo hagan de todos modos y de una forma bastante sencilla: en caso de que las Fuerzas Armadas ucranianas lancen una operación de castigo sobre el Donbass, Rusia tendrá que responder. Tanto las fuerzas apertrechadas para la guerra como las que no están preparadas para el combate se encuentran ahora desplegadas en las fronteras ucranianas. En caso de que Rusia no responde ante semejante ataque al Donbass, entonces las fuerzas ucranianas tomaran esto como una señal de debilidad y atacaran Crimea: todo volverá a empezar y los objetivos no cumplidos anteriormente volverán a la palestra. Incluso es posible que los ucranianos ni siquiera esperen a tomar Crimea para lanzar otra clase de ofensivas.

Esto nos lleva a asumir que Washington o, más bien, la elite globalista que está en el poder actualmente en los Estados Unidos (Biden y compañía) junto con los halcones británicos (que moralmente no se diferencian de su contraparte estadounidense y que están ávidos de volver a jugar a la geopolítica ahora que han dejado atrás el Brexit) han planeado todo esto. De ser cierto esto último, las historias sobre la invasión de Ucrania comienzan a tener sentido.

De todos modos, es improbable que la OTAN se involucre en este conflicto, lo cual tal vez decepcione a quienes se han preparado para un apocalipsis nuclear. Occidente no esta planeando desatar la Tercera Guerra Mundial, pero si quiere arrastrar a Rusia hacia un conflicto regional intenso. Esto significa que solo nos quedan dos opciones: luchar o no luchar. Occidente tiene a su disposición todos los medios necesarios para que no luchemos y conocemos muy bien lo que ha pasado anteriormente. Tras el golpe de Estado del 2014, la reunificación con Crimea y la liberación del Donbass, Washington esperaba desencadenar en cualquier momento una serie de acontecimientos irreversibles. El hecho de que hasta ahora el conflicto permaneciera dormido se debió al hiato que generó la administración Trump, que no estaba interesada en asuntos geopolíticos externos y espera resolver varios asuntos domésticos primero. El nacionalismo norteamericano de Trump – de carácter paleoconservador – era compatible con la multipolaridad. El hecho de que Trump se enfrentara con los globalistas (al Pantano, el cual nunca desapareció del todo) causó la ruptura del presidente de los Estados Unidos con la política exterior de los estrategas norteamericanos y llevó a que muchos catalogaran a Trump de rusófilo. Por supuesto, Trump no sentía la menor simpatía por Rusia, pero sí detestaba a los globalistas. Pero semejante acusación era ya suficiente como para sacarlo del poder. La geopolítica atlantista volvió a la Casa Blanca de la mano de Joe Biden junto con los “halcones” liberales y los neoconservadores. Era cuestión de tiempo que todos ellos decidieran reactivar la trampa ucraniana, la cual había permanecido activa todo este tiempo. Ahora ha llegado el momento oportuno para hacerla estallar.

Hasta ahora pareciera que Washington desea desencadenar una invasión rusa. Tal vez Rusia no desee que esto acontezca, pero no podemos ignorar el hecho de que una operación de castigo sobre el Donbass comience. Nada de esto depende de Moscú, mientras que Kiev únicamente está ganando tiempo. Ninguno de los dos quiere realmente un derramamiento de sangre de semejante magnitud y la OTAN sin duda no intentará salvar a nadie, ni siquiera si tiene como único objetivo derramar una mayor cantidad de sangre eslava. No obstante, Washington seguirá intentando llevar a cabo su agenda, por lo que Estados Unidos continuará ignorando las advertencias de Rusia sobre la expansión de la        OTAN y conoceremos muchas más calumnias como las hechas por Elizabeth Truss con respecto a Rostov y Voronezh. Tal actitud no solo revela la incompetencia de los globalistas con respecto al mundo ruso (incluida Ucrania) sino también su total indiferencia hacia estos temas, ya que no sienten ningún interés en aprender los nombres de ciudades y pueblos en un idioma desconocido. Todos ellos hablan de la invasión y actúan como si ella ya hubiera sucedido. De cualquier manera, en eso consiste la guerra híbrida: actuar como si todo ya hubiera acontecido.

Moscú continuará rechazando la guerra y sin duda tal actitud es la más honorable. Sin embargo, existen acontecimientos que se salen de nuestro control y por lo tanto deberíamos imaginarnos el siguiente escenario: se llega a un punto de no retorno y se produce una invasión en Ucrania. Los diarios occidentales ya han anunciado en voz alta como sucederá semejante despliegue militar: en algunas ocasiones lo describen de forma muy realista y en otras de manera bastante delirante. No obstante, todos los escenarios coinciden en que la parte oriental de Ucrania junto con Kiev será invadida por los rusos y que solamente la parte occidental continuará resistiendo indefinidamente. Sin duda, ello implicará la instauración de bases militares de la OTAN en los restos occidentales de Ucrania cuya capital sería Lviv. Sería desde allí que se desplegarían acciones terroristas contra la zona controlada por los rusos.

Lo interesante es que este escenario se parece mucho a las guerras que enfrentaron a los príncipes de Vladimir y Galitzia-Volinia por el trono de Kiev. En ese entonces Kiev había perdido por completo su importancia y se había convertido en una ciudad provinciana de tercera categoría. A partir de este momento estas dos partes del mundo ruso tomaron caminos muy distintos: el principado de Vladimir, y más tarde el de Moscú, se convirtió en un poderoso imperio, mientras que los rusos occidentales se convirtieron en una subcategoría étnica despreciada por el resto de la Europa Oriental católica. Fue el precio que pagó el arrogante Príncipe Daniil de Galicia por haber recibido la corona de manos del Papa… Occidente siempre promete ayudar a los cristianos orientales con el único fin de abandonarlos cuando llega la hora de la verdad. Lo mismo sucedió durante la caída de Constantinopla o cuando Saakashvili lanzó su invasión contra Osetia del Sur.

Pero es aquí donde se encuentra lo interesante: muchos consideran que los partidarios del mundo ruso y la geopolítica eurasiática reclaman una expansión desproporcionada de nuestras fronteras. No obstante, en la política todo empieza en base a una idea, en este caso la reconstrucción de las fronteras de Rusia-Eurasia y el mundo ruso. De todos modos, es mejor mantener ciertas reservas frente al futuro de Ucrania Occidental: resulta imposible integrar de forma etno-sociológica, histórica y psicológica esta región a Eurasia – con excepción de la Rutenia Transcarpática y toda una constelación de pueblos ortodoxos de Volinia –. Cuando Stalin volvió a integrar los territorios de Ucrania Occidental al Imperio, lo único que se consiguió fue aumentar su rusofobia y rechazar toda unidad. Este hecho parece estar conduciendo al colapso del Estado ucraniano actual.

Por supuesto, Occidente desea convertir estos territorios en su patio trasero, opción que debemos sopesar con cuidado (no sin antes liberar a los rutenos y a todos los pueblos que quieran estar de nuestro lado). De no tomar en cuenta todo esto, incluso en el caso hipotético de liberar toda Ucrania (algo a lo que los atlantistas nos obligan) debemos recordar siempre que la parte occidental jamás querrá hacer parte de nuestros proyectos políticos e intentará socavar desde adentro cualquier gobierno neutral y equilibrado que instauremos en Ucrania o en la entidad política que la reemplace. Por otro lado, las instituciones políticas ucranianas, tal y como existen ahora, son tan inmundas que dejarlas tal y como están ahora resulta algo imprudente. Además, no podemos desatar un régimen de terror en contra de un pueblo hermano, lo que nos lleva a tener que luchar contra el horror de Galicia-Volinia de forma indefinida. Ni siquiera Stalin fue capaz de integrar estos territorios y él hizo gala de medios bastante duros.

Uno podría preguntarse: ¿acaso no sería mejor dejar las cosas como están? ¿De qué sirve crear un nuevo Estado ucraniano si no logramos llevar a cabo un renacimiento de los pueblos eslavos? Zájidna Ukrayína puede seguir llamándose “Ucrania” (aunque, por supuesto, nosotros rechazaremos tal apelativo) o convertirse en “Bandera-stan”, eso no importa. Sin embargo, nuestro objetivo es construir un nuevo territorio a partir de la parte rescatable de ese país.

Otra aclaración: tanto Crimea como el Donbass han dejado de ser parte de Ucrania, pero resulta miope y poco digno fragmentar estas regiones en lugar de permitirles tener un papel histórico relevante. Debemos salvar a todos los que quieran ser salvados dándoles los medios para que se mantengan. A los ucranianos occidentales esto no les importa y se oponen a cualquier reunificación.

Sobrepasar los límites del “Gran Espacio” que nos ha sido asignado puede conducirnos al colapso. Solo debemos apoderarnos de aquello que podemos asimilar y defender de forma realista. Stalin entendió esto muy bien con respecto a Europa, buscando en varias ocasiones la “finlandización” o “neutralización” de la misma. No fuimos capaces de asimilar Europa del Este y continuar reteniéndola a la fuerza hubiera sido un suicidio.

Todos estos puntos no son más que especulaciones geopolíticas y la verdad carezco de información clasificada o contactos importantes. Este no es más que un análisis y en el planteamos la hipótesis de que si se produce una invasión – ¡y sólo dentro de este marco! – podemos decir que la cuestión de los territorios occidentales de Ucrania tendrá que ser tratada con delicadeza y mucha reserva. Construir un imperio – o revivir un imperio perdido – es un arte complicado, ya que no es un proceso lineal o monótono.

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