Desde 2013 Xi Jinping es el presidente de la República Popular China. Hoy se lo considera el líder chino más poderoso después de Mao Zedong. Fundó el "socialismo con peculiaridades chinas", lineamiento que llevó a su país a convertirse en el segundo socio comercial de América Latina. A 67 años de su nacimiento, te contamos cuál es su filosofía.

El 14 de marzo de 2013, Xi se convirtió en el octavo presidente comunista desde que Mao (1894-1976) anunció el nacimiento de una nueva nación, el 1 de octubre de 1949, tras el fin de la guerra civil china, el combate que duró 22 años entre el Ejército Nacional Revolucionario del Kuomintang o Partido Nacionalista Chino, y el Ejército Rojo del Partido Comunista Chino.

​El fundador del nuevo Estado comunista desempeñó un papel clave en la historia de China y sus ideas contribuyeron a que el país asiático pudiese alcanzar logros económicos realmente increíbles. Xi ha seguido las ideas de Mao, quien vaticinaba que "una vez que el destino de la patria esté en las manos del pueblo, China, como el sol naciente del Este, iluminará todos los rincones de la tierra con su brillante llama". Xi ha dicho en reiteradas ocasiones que su objetivo es que China se convierta en "una sociedad moderadamente próspera", frase que hoy se considera su eslogan.

El pensamiento de Xi

El mandatario chino ha pronunciado un sinnúmero de discursos como secretario general del Comité Central del Partido Comunista de China (PCC) y, después, como presidente. Aquí algunas de sus ideas:

  • Ocho meses después de haber asumido, Xi dijo que "en la historia humana no hay una nación ni un país que pueda materializar el fortalecimiento y la revigorización a través del apoyo en las fuerzas externas y siguiendo cada paso a otros", y aseguró que para "persistir en la independencia y la autodecisión, se debe persistir en la política exterior independiente y de paz, y seguir firme e invariablemente el camino del desarrollo pacífico", según se lee en el Tomo I del libro Xi Jinping: La Gobernación y Administración de China (2018).
  • En la inauguración anual del Foro Económico Mundial, el 17 de enero de 2017, Xi introdujo a su discurso el concepto de "ganar-ganar" para hacer un llamado a "impulsar con firmeza" la globalización económica. Explicó que a través de una cooperación basada en la "apertura" y en un desarrollo asentado en el "equilibrio" y el "beneficio general", sería posible establecer un modelo de transacción en que ambas partes salen beneficiadas.

"El crecimiento de China representa una oportunidad para el mundo. El pueblo chino invita a los pueblos de otros países a subir a bordo del 'tren expreso' del desarrollo de China", dijo en esa ocasión.

  • En noviembre de ese año, explicó que "en la historia humana no hay una nación ni un país que pueda materializar el fortalecimiento y la revigorización a través del apoyo en las fuerzas externas y siguiendo cada paso a otros", y agregó que "para persistir en la independencia y la autodecisión, hemos de persistir en la política exterior independiente y de paz y seguir firme e invariablemente el camino del desarrollo pacífico".

¿Cuál es el poderío chino sobre Latinoamérica?

A principios de junio nos llegó la última noticia sobre el accionar del gigante asiático en la región: China y Cuba anunciaron el acuerdo de cooperación más grande que ha recibido el país caribeño desde la caída de la Unión Soviética. Cuba, al igual que otra decena de países, hacen que América Latina sea el segundo destino de la inversión china en el exterior.

Hasta noviembre de 2019, la inversión sobrepasaba los 410.000 millones de dólares, según datos publicados por Xinhua. Las empresas de capital chino han creado más de 1,8 millones de puestos de trabajo al instalar unas 2.500 filiales en los países latinoamericanos.

En menos de una década, China multiplicó por 20 el volumen comercial con América Latina: en 2018 superó los 300.000 millones, con cientos de acuerdos firmados y decenas de proyectos en áreas clave, principalmente en energía, transporte e infraestructura.

China tiene Tratados de Libre Comercio con Chile (donde cerca del 98% de las mercaderías están exentas de aranceles), Perú y Costa Rica. Actualmente está negociando uno con Panamá y está a punto de cerrar uno con Colombia. China es el segundo socio comercial de América Latina, y el primero para Brasil, Chile y Perú.

​Dicho crecimiento quizá ha hecho que Xi vea hoy a América Latina como "una extensión natural" de su iniciativa de la Franja y la Ruta, lanzada durante el primer año de su presidencia como la nueva Ruta de la Seda. Aunque tenía el objetivo de crear enlaces marítimos y ferroviarios para unir Europa y Asia, la expansión llegó hasta América Latina.

De los 136 países que han firmado documentos de cooperación, 18 son latinoamericanos. Xi ha dicho que se trata "del proyecto del siglo": los países miembro han recibido 90.000 millones de dólares en inversión, e intercambiado 6 billones de dólares en comercio, según información publicada en diciembre de 2019 por el think tank holandés Transnational Institute.

China impulsará el "desarrollo y la revitalización" de África con energía limpia y 5G

El presidente de China, Xi Jinping, se comprometió a ampliar su cooperación con África a nivel tecnológico y de telecomunicaciones para lograr un "desarrollo sostenible" a largo plazo en el continente. Así lo manifestó el mandatario chino este miércoles en el marco de una cumbre extraordinaria, a manera de videoconferencia, que mantuvo con varios presidentes y jefes de Estado del continente africano.

En su discurso, Xi subrayó que su país "apoya" a África en su esfuerzo por desarrollar un área de libre comercio continental, mejorar la conectividad y fortalecer las cadenas industriales y de suministro. "China explorará una cooperación más amplia con África en nuevas formas de negocios como economía digital, ciudad inteligente, energía limpia y 5G para impulsar su desarrollo y revitalización", aseguró.

La reunión giró en torno principalmente a los esfuerzos conjuntos de Pekín y África en su lucha contra la actual pandemia de coronavirus y las distintas estrategias para lograr una respuesta conjunta. Al respecto, Xi Jinping subrayó que China "continuará ayudando" con el envío de suministros, equipos de expertos y facilitando la adquisición de material médico. Asimismo, comunicó que la nación comenzará antes de lo previsto la construcción de la sede de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) en África este año.

A mediados de mayo, un grupo internacional de empresas de telecomunicaciones y operadores de telefonía móvil junto con Facebook anunciaron su asociación para construir un nuevo cable extenso que rodeará África para servir al continente y a la región de Oriente Medio. La iniciativa, que se prevé entrará en funcionamiento entre los años 2023 y 2024, cubrirá la necesidad de Internet en el continente, complementará la creciente demanda en Oriente Medio y respaldará el futuro crecimiento del 4G y 5G, así como proporcionará acceso de banda ancha fija para cientos de millones de personas.

EEUU no ha podido salir adelante sin Huawei en la carrera por el 5G: ¿por qué?

Tras un polémico período de sanciones y veto a Huawei en suelo estadounidense, la Administración Trump rectifica y da luz verde a la cooperación de las compañías de EEUU con el gigante chino para el desarrollo del 5G. Un experto chino explica por qué mantener la competitividad sin contar con China hoy en día es un objetivo demasiado ambicioso.

Trump estaba decidido a debilitar al enemigo imponiendo sanciones en casa, pero su estrategia no ha funcionado. El descontento de las grandes firmas, e incluso de parte de la clase política, ha llevado al Gobierno a dar un paso atrás y a permitir de nuevo que la cooperación entre empresas estadounidenses y chinas tenga lugar.

El punto de no retorno llegó tras la revelación de los senadores Marco Rubio y Tom Cotton contra la decisión tomada por el Gobierno de EEUU de incluir a Huawei en la lista negra a fin de impedir que China se hiciera con tecnología estadounidense. Cabe recordar que en concordancia con esta, el año pasado las compañías estadounidenses evitaron toda interacción con socios chinos para evitar ser sancionados.

Pero los planes de Trump no salieron como esperaba, y es que China es un rival fuerte, con una presencia creciente de compañías especializadas en telefonía móvil en el proyecto 3GPP y a la cabeza de cuatro instituciones especializadas de la ONU.

En el prometedor campo del 5G, la base de las nuevas comunicaciones, las empresas chinas son el líder mundial indiscutible, con cerca del 35% de todas las patentes. EEUU se ha rendido ante la evidencia de que sin la participación de China ya no es posible prosperar en las telecomunicaciones mundiales, considera el profesor Xu Canhao, de la Escuela de Ciencia y Tecnología de Computadores de la Universidad Soochow.

"Actualmente pertenece a Huawei una parte muy importante de las patentes mundiales en el ámbito del 5G. Se trata de patentes fundamentales y, en general, los estándares del 5G ya están formados. EEUU puede empezar a reinventar la rueda, pero entonces necesitará los nuevos estándares del 5G. Pero eso es un trabajo colosal, y es evidente que supone una tarea insuperable", explica Xu Canhao a Sputnik.

Es cierto que en algunos casos EEUU ha tomado su senda y ha desarrollado con éxito soportes o formatos alternativos en algunos campos tecnológicos. Por ejemplo, cuando en Europa se desarrolló el estándar de comunicación móvil GSM 900/1800, Washington optó por el GSM 850/1900; y las operadoras móviles estadounidenses apostaron por el estándar CDMA cuando en el viejo continente GSM quedó como única opción.

Sin embargo, el 5G nos lanza a otra dimensión en que hay varias industrias interconectadas: hablamos del internet de las cosas, la realidad aumentada, los coches autogestionados, la inteligencia artificial... Y en estas condiciones, tener unos estándares comunes para todos es claramente un valor seguro.

En este sentido, el interlocutor de Sputnik opina que "la cuestión clave es la cooperación internacional. Ahora mismo ningún país puede alcanzar plenamente el objetivo de crear redes 5G por sí solo. La construcción de redes 5G es un proceso complejo".

Hay que destacar que China, consciente de la importancia de hacer un esfuerzo común entre países en esta nueva etapa, se ha mostrado dispuesta a colaborar más allá de sus fronteras, y de hecho ha firmado más de 90 contratos comerciales con otros países para exportar a estos su equipamiento para desarrollar el 5G.

"Huawei no es el único con competencias clave en este campo. También hay empresas como ZTE, Samsung, Nokia, Ericsson. Todas ellas poseen muchas patentes clave de las que es imposible prescindir. Por lo tanto, la cooperación internacional en esta área es un componente muy importante, y no hay una sola empresa que pueda tener una posición de monopolio en el mercado de la construcción de redes 5G", prosigue el experto chino.

La decisión de EEUU de abrirse a la cooperación con China en este ámbito se puede interpretar como la asunción de todo esto. A raíz del mensaje enviado al Departamento de Comercio de EEUU en el que los citados senadores se manifestaban en contra de la lista negra, las compañías vuelven a tener la oportunidad de interactuar con el socio chino.

Eso sí, este cambio permitirá la colaboración solo para formar los estándares internacionales, y es que la intención de Washington es mantener el liderazgo mundial en tecnología. Algo que se antoja complicado con el gigante asiático funcionando a pleno rendimiento.

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Raúl Zibechi

Con sospechosa simultaneidad, se han activado o reactivado los conflictos en el entorno de las fronteras entre China y varios de los más importantes países de la región.

El más reciente es el enfrentamiento entre India y China por la construcción por Nueva Delhi de una carretera en el valle del río Galwan, en Ladakh, en la disputada región de Cachemira.

Aunque se iniciaron negociaciones entre ambas naciones, India sigue enviando unidades militares hacia la frontera norte, incluidos los vehículos de combate T-90 y T-72 y un gran número de aviones de combate. China respondió con maniobras militares para "expresar su apoyo a Pakistán, ya que la actual amenaza de la India a Pakistán es cada vez más evidente", según el experto de la Universidad Popular de China, Zhou Rong.

En los mismos días, Estados Unidos envió nada menos que tres portaviones, el USS Theodore Roosevelt, el USS Nimitz y el USS Ronald Reagan, para patrullar las aguas del Indo-Pacífico, en un acto analizado como una "advertencia" a China y un mensaje a sus aliados. El despliegue incluye decenas de buques y submarinos que conforman los grupos de ataque que acompañan a los portaaviones.

Para el diario oficialista Global Times, el objetivo de esta presencia consiste en "mostrar a otros países que su capacidad de combate no se vio obstaculizada por la nueva pandemia de coronavirus". La crisis que sufrieron algunas unidades de portaaviones cuando las tripulaciones se infectaron de coronavirus, parece haber abierto dudas en la región sobre la capacidad de combate de su flota.

Al respecto, el diario recuerda que la pandemia de coronavirus en la Marina de EEUU estalló en el Theodore Roosevelt en marzo pasado y asegura que la actual movilización puede provocar una nueva oleada de infecciones entre los marineros. Por eso Global Times concluye que la fuerte presencia de la Navy en el Pacífico Occidental, "no es más que un ejercicio de flexión muscular destinado a crear tensiones".

También a principios de junio se agudizó el conflicto entre China y Australia. Para Beijing, Australia actúa de modo irracional, al punto que se ha convertido en peón de Estados Unidos. Global Times asegura que Australia "carece de independencia y autonomía diplomática, está en gran medida manipulada por los Estados Unidos en asuntos exteriores y "ya se ha convertido en un estado vasallo".

Ante el conflicto, Beijing llamó a sus jóvenes a reflexionar sobre la conveniencia de estudiar en Australia, ya que algunos chinos habrían sufrido actos de racismo, mientras amenaza con dejar de comprar mineral de hierro y hacerlo en Brasil o África, como represalia ante la creciente tensión entre ambas naciones. De hecho, China es el principal cliente de Canberra, pero la amenaza no puede producir resultados positivos.

En medio de estos conflictos, India y Australia suscribieron el 4 de junio una "Asociación Estratégica Integral", una "Visión compartida para la cooperación marítima en el Indo-Pacífico" y un "Acuerdo de apoyo logístico mutuo" para aumentar su "interoperabilidad militar".

Según la declaración conjunta, ambos países defenderán sus intereses comunes en la región Indo-Pacífico para "mantener rutas marítimas abiertas, seguras y eficientes para el transporte y la comunicación".

Las malas noticias para China no paran ahí. El 8 de junio Vietnam firmó un Acuerdo de Libre Comercio con la Unión Europea y trabaja para dar un similar con el Reino Unido. En paralelo, Filipinas apoyó a Vietnam en sus entredichos con China sobre la soberanía en el Mar del Sur de China y "las compañías japonesas y coreanas han estado trabajando juntas para desarrollar soluciones 5G" capaces de competir con Huawei, según Asia Times.

La iniciativa anti china en la región Indo Pacífico corresponde en gran medida a la India, potenciada ahora por su alianza con Australia. Ambas tratan a China como rival estratégico, en idéntica postura que EEUU. India se ha visto "perturbada por la creciente presencia naval de China en el Océano Índico", lo que la ha llevado a cooperar ampliamente tanto con EEUU como con Japón, Australia, Vietnam, Indonesia y Filipinas, participando incluso en ejercicios navales en la región.

La dirigencia china no se engaña respecto al futuro inmediato. Un editorial de Global Times se pregunta: "¿Puede Estados Unidos realmente dejar de ser el policía del mundo? No hay evidencia suficiente en la historia o en la actualidad para indicar que Estados Unidos podría dejar de vigilar al mundo".

En el análisis de la política imperialista de EEUU, el órgano del Partido Comunista sostiene que dicha actitud "está determinada por la naturaleza hegemónica del país. Para mantener su hegemonía, Estados Unidos debe expandir su influencia en el extranjero". Y concluye que "es poco probable que EEUU abandone el estatus de policía de su mundo".

Una prueba de esa actitud la brinda Steve Bannon, ex jefe de estrategia de Donald Trump, en una extensa entrevista con David Goldman, de Asia Times. "El gobierno de China es un grupo de mafiosos. Pienso que el Partido Comunista Chino es completamente ilegítimo. Pienso que son un grupo de gángsters. Creo que lo que le han hecho al pueblo chino es horrible".

Sin duda el lenguaje de Bannon es brutal, pero refleja lo que piensan los dirigentes de Washington, tanto republicanos como demócratas, que buscan destruir a China para impedir que con su ascenso profundice el deterioro de la hegemonía estadounidense. En su reflexión, los horrores que sufre el pueblo chino comenzaron en 1949 con el triunfo del Partido Comunista, desestimando un siglo de agresiones e invasiones de Occidente y Japón.

Cuando se le pregunta a Bannon qué debe hacer EEUU frente a China, la respuesta es exactamente la que estamos viendo en Asia: "Deben ser confrontados en todos los niveles por todos los gobiernos: de Taiwán, Japón, Corea del Sur, India y Singapur hasta Vietnam".

Bannon, como Trump y el deep State de EEUU, creen que China "es el trabajo inacabado del siglo XX", que "Trump es el único presidente en la historia de Estados Unidos que se ha enfrentado al Partido Comunista Chino” y que este es el momento para "subir un poco" ese enfrentamiento. Peor aún, considera que "Hong Kong es Austria en 1938", cuando la invasión nazi convenció a Occidente de frenar a Alemania a cualquier precio.

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Juanjo Fernández

El equilibrio militar a nivel mundial ha cambiado en las últimas décadas. Rusia, tras el colapso de la Unión Soviética, pasó a ser una sombra de su pasado. Durante años intentó recuperarse, logrando resultados sorprendentes y llegando a posicionarse como uno de los principales proveedores de armas a escala global. Sin embargo, su recuperación y su estatus como potencia militar se está viendo ensombrecido por el nuevo y abrumador poderío de una China que reclama, impulsada por su economía y sus inversiones en la industria de defensa, su papel en el tablero mundial. Unos movimientos que suceden porque EEUU y su otrora todopoderoso ejército están dejando de ser lo que era. Ya no parecen invencibles.

Este es, en un apretado resumen, el mensaje que trasciende del último libro de Christian Brose, ‘The Kill Chain: Defending America in the Future of High-Tech Warfare’, una obra publicada en Estados Unidos muy recientemente y que ha supuesto una verdadera bomba en el estamento militar y también en muchos sectores políticos y de opinión pública. El autor fue Director de Personal del ‘Senate Armed Services Committee’ entre 2015 y 2018 y de 2008 a 2014 y también asesor principal del senador John McCain, rival de Obama cuando este entró a la Casa Blanca.

Brose hace una descripción muy pesimista de la situación de las fuerzas armadas norteamericanas, sumidas en un declive paulatino en estos últimos años, debido a errores en las políticas de defensa. Incide en que existe una falsa sensación de invencibilidad motivada por la forma, bastante opaca, en que este asunto se transmite a la sociedad y por una exagerada confianza en la calidad de los medios, entendidos como tal las plataformas. En una de sus sesiones con el difunto senador McCain, comentaban que todas las simulaciones recientes (los ‘juegos de guerra’) con China como enemiga acababan en derrota y con enormes pérdidas.

El nuevo orden

No se puede negar que Christian Brose conoce a fondo los entresijos de la defensa de Estados Unidos. Pero tampoco revela nada nuevo pues, con sus hipótesis de partida, resultaría casi imposible que, en un conflicto convencional entre ambas naciones, la victoria cayera del lado de Washington. Esas hipótesis se basan en una guerra en la que el país norteamericano nunca tomase la primera acción, pero en la que debería actuar contra el régimen de Pekín en su terreno. Muchos especialistas en geopolítica y geoestrategia dibujan un mundo a corto plazo con dos actores principales: Estados Unidos y China. Rusia, por su parte, se quedaría en un papel de segundón, contentándose con esos restos del negocio armamentístico.

En el reparto de responsabilidades, los chinos aceptarían gustosos este ‘duopolio’ siempre y cuando ellos representaran el poder económico, mientras que Estados Unidos seguiría haciendo el papel de ‘policía del mundo’ actuando en determinados países y zonas de influencia, aquí y allá, pero nunca cerca de las zonas de interés del dragón asiático. El problema, más allá de que EEUU nunca querrá ceder el liderazgo económico, es que hacer de 'policía del mundo', mantener fuerzas armadas repartidas por todo el planeta, supone un coste y un desgaste inasumible.

En ese escenario, China siempre va a ganar. Ellos plantean la guerra como un conjunto de intervenciones militares orientadas a influir sobre sus vecinos cercanos y a defender su territorio. La filosofía vendría a ser una especie de ‘Que vengan aquí los norteamericanos que serán bien recibidos’. Lo más probable (por no decir prácticamente seguro) es que en ese esas circunstancias aumentarían mucho sus posibilidades de victoria. Hace unos años el salto en tecnología armamentística entre ambos países era abismal. La diferencia ahora se ha ido acortando y EE UU no tiene una ventaja tan clara.

La cuestión tecnológica

Tradicionalmente se miraba a las fuerzas armadas chinas por encima del hombro. Mucho personal y mucho desfile, pero mal equipadas y con doctrinas anticuadas. Unos elementos emulados de aquella manera a la antigua Unión Soviética. Todas sus armas eran, o bien versiones rusas de exportación o copias descaradas de las mismas. Carecían de buenos sistemas de mando y control, comunicaciones y guerra electrónica. No manejaban portaaviones y su armada submarina estaba muy lejos de la norteamericana. En esa situación, Estados Unidos sí podría haber sostenido un enfrentamiento próximo a territorio chino. Hoy sería imposible.

Actualmente, China es, en materia militar al menos, otro mundo. Han sido capaces de desarrollar un potencial de primera línea. Su aviación mira de tu a tu a la rusa y casi puede hacerlo con la norteamericana, no solo en unidades, sino con plataformas tecnológicamente avanzadas. En sistemas de defensa aérea han dado un salto cualitativo enorme. Cogieron como base lo mejor de la tecnología rusa y progresaron a partir de ella. Su flota dispone ahora de dos portaaviones con un tercero en camino y tiene planes (reales) para otros tres. Todos cada vez más grandes y mejor dotados. En consecuencia, disponen de navíos de escolta muy evolucionados e incluso buques tipo LHD con capacidad para asaltos anfibios.

Están dominando el importantísimo campo de la tecnología de las comunicaciones y el ciberespacio, a la vez que ya han puesto ‘varios pies’ en el espacio desarrollando una gama propia de satélites. Lo último que hay que destacar es que lo que se refiere a misiles antibuque se han convertido en una referencia. Es algo que no debe extrañar a nadie, puesto que el ‘enemigo’ llegaría por mar.

Los misiles del dragón

Los misiles hipersónicos, cuando estén plenamente desarrollados (y los asiáticos están en ello) van a suponer una amenaza para ambos bandos, aunque serán más peligrosos para unas fuerzas que se deben trasladar al campo de batalla. Pero además, China ha desarrollado unos misiles antibuque de largo alcance impresionantes. Se trata, entre otros, del DF-21D un misil especializado para atacar objetivos navales derivado del conocido y probado Dong-Fen 21, un misil balístico supersónico que se transporta y se dispara desde una lanzadera sobre camión. La versión antibuque tendría un alcance de más de 900 millas (1.450 km).

Utilizados en gran número con tácticas de saturación (muchos misiles sobre un mismo objetivo) podrían causar estragos en grupos navales. Además serían muy difíciles de neutralizar ya que son fáciles de dispersar y cambiar de ubicación gracias a su movilidad. Más peligroso es el DF-26, una variante del anterior con capacidades superiores y sobre el que se especula que podría llegar a alcanzar un objetivo a 4.000 km de distancia. Con este alcance no solo sería una amenaza para cualquier buque, sino que estaría en situación de alcanzar la base norteamericana de Guam, enclave estratégico en un conflicto asiático

Además, en ese escenario de ‘ir a luchar’ al terreno chino, la ventaja norteamericana en plataformas de primer nivel, como los aviones F-22 y F-35, quedaría neutralizada al carecer de tanto radio de acción si tienen que operar fuera del alcance de los misiles chinos, mientras que la alternativa del reaprovisionamiento en vuelo sería demasiado arriesgada, dada la vulnerabilidad de los aviones cisterna. Los aviones navales, F-35C y Super Hornet, se encontrarían con el mismo problema, pues sería aún más arriesgado exponer los valiosos portaaviones a un ataque de misiles a larga distancia.

‘The Kill Chain’

No menos importante sería el dominio de las telecomunicaciones y la capacidad china de neutralizar los satélites norteamericanos y sus comunicaciones. Esto es una realidad y se lograría con ello romper la ‘Kill Chain’ norteamericana y lograr su derrota. Este término (se podría traducir en algo así como "cadena de ataque") es una desafortunada forma que allí tienen para referirse a las fases que deben cumplir las fuerzas propias para conseguir la victoria o impedir que el enemigo las consiga cumplir para derrotarle.

Esto no es nada nuevo y aplicaría a cualquier guerra o batalla de la historia. Aunque se pueden establecer fases más desarrolladas, básicamente son tres: (1) conocer la situación del enemigo y de la batalla (2) tomar las decisiones acertadas con ese conocimiento y (3) aplicar las decisiones utilizando los elementos necesarios para ello. Es todo muy evidente. Lo primero es saber qué ocurre y a qué nos enfrentamos: dónde está el enemigo, cuáles son sus fuerzas, cuáles sus intenciones, etc. Una vez que se tiene ese conocimiento, se toman decisiones: ¿atacar? ¿replegarse? ¿flanquear al enemigo? Y, una vez tomada la decisión, seleccionar los medios y utilizarlos de la mejor manera: atacar con infantería y utilizar la artillería como cobertura, mover las fuerzas a una posición defensiva mientras se ataca con aviación, etc. Ha sido así desde que el hombre fue a la guerra, es decir, desde siempre.

Con el potencial tecnológico chino en ciberespacio y comunicaciones, si consiguieran impedir la fase primera en ese hipotético enfrentamiento, la victoria sería suya. Sin la información adecuada no se pueden tomar decisiones acertadas y, aun teniendo la información, de nada sirve decidir si se ha perdido la capacidad de trasladar esas decisiones a las fuerzas. Esto significaría la pérdida de lo que se denomina como ‘mando y control’ y sería catastrófico.

Una teoría, al fin y al cabo

No obstante, este hipotético enfrentamiento es solo teórico. Estados Unidos no se va a meter jamás en una pelea que se sabe a priori que va a perder. Cualquier incidente que fuera a mayores pasaría previamente por una concentración de fuerzas sin precedentes y se trabajaría en todos los frentes. La capacidad de dejar al enemigo sin comunicaciones y sin “mando y control” es mutua y, en el extremo, el territorio chino siempre estaría al alcance de EEUU. Lo que no está tan claro lo contrario.

La superioridad en misiles antibuque puede ser contestada con mejores sistemas antiaéreos y si China buscara la provocación actuando sobre un país aliado como Taiwán, si quiere poner pie allí deberá llevar sus portaaviones y buques de asalto anfibio, con lo que las tornas cambiarían al convertirse estos en objetivo de aviones, submarinos y misiles norteamericanos.

Pero China también tiene sus propios problemas en el ejército, no solo con el material, sino también con casos de corrupción. Ya hablamos de ello. Con todo, importantes cambios se van a producir. Estados Unidos no puede mantener su declive militar y China, a su ritmo, seguirá ascendiendo.

Fuente: El Confidencial

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