Enrique Refoyo

Comienza el año 2020 con una nueva ronda de tensiones en oriente medio. Sí, es cierto que de oriente vienen los reyes magos, así como algunas malas noticias para todo el mundo ya que en nuestros días hasta los conflictos locales pueden tener alcance global dependiendo a qué cadena de países afecte.

Los hechos

De esta guisa, EEUU había puesto en su lista de grupos terroristas a la Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI), no obstante, este Cuerpo es parte de las Fuerzas Armadas de Irán, no es un grupo aparte.

¿Qué implica esa lista estadounidense? Básicamente, que el Presidente (Trump) puede ordenar ataques contra grupos terroristas sin pasar por el Congreso de EEUU.

Y, ¿cuál fue la mejor ocurrencia de Trump por el año nuevo? Ordenar el asesinato del General Iraní Qassem Soleimani (perteneciente al CGRI) con un ataque de misiles desde drones. Efectivamente, el presidente ordenó el asesinato de un importante General del ejército regular de otro país.

Podríamos entrar en el Derecho Internacional sobre este asesinato, pero eso nos llevaría a una Lawfare interminable ya que esa rama del Derecho está afectada de sobremanera por el equilibrio de poderes mundial. La reacción iraní fue la promesa de venganza, incluso levantando la bandera roja sobre Qom (una de las ciudades santas del chiismo).

La respuesta de Trump fue decir que seleccionaba 52 sitios culturales iraníes para destruir en respuesta por cualquier venganza iraní. De nuevo, Trump contraviniendo las propias normas internacionales y hablando abiertamente como el peor de los talibán o terrorista del daesh, conocidos por la destrucción del patrimonio histórico en Afganistán y Siria-Irak respectivamente.

Desde EEUU no solo los demócratas se desmarcaron y rechazaron la intención belicista de Trump y sus halcones, sino también desde el Pentágono desautorizaron cualquier ataque contra patrimonio histórico iraní. Es muy posible que tomaran debida cuenta de la impopularidad que estaban trayendo a EEUU las acciones y palabras del Presidente Trump, y si algo valoran en EEUU es el poder blando (soft power), el cual suele quebrarse cuando alguien poderoso como el Presidente está usando demasiado poder duro (hard power).

Así mismo, entre países occidentales no encontraron reacciones manifiestas de apoyo a una escalada y guerra con Irán. Tal vez se dieran cuenta que en esta guerra de tronos hay un capítulo posterior a la guerra de drones inicial, y eso significa… desplegar soldados sobre el terreno, es decir, gastar dinero, tiempo, y vidas.

Retrospectiva

Demos un vistazo rápido al contexto geopolítico de Irán y EEUU en oriente medio.

Empezando por Irán, vaya, tienen la mala suerte de que su país se halla geográficamente en oriente medio y eso significa que no pueden replegarse hacia ninguna parte, a diferencia de EEUU cuya presencia es militar y se cimienta en la serie de bases militares que tiene en diferentes islas y países.

Irán es un país que tuvo un cambio radical de sistema político en 1979, cuando aconteció la revolución islámica encabezada por el Ayatolá Jomeini. Unos meses después, ya en 1980, el Irak gobernado por Saddam Hussein (y respaldado por EEUU) invadió Irán desencadenando una guerra que se alargó hasta 1988.

Aquella guerra marcó un hito en la historia iraní, y se la conoce como la sagrada defensa y la guerra impuesta. Esto es muy importante porque para una gran parte de la sociedad iraní se les quedó grabada en carne propia o por familiares aquella guerra que ellos no querían, pero si la consiguieron los dirigentes estadounidenses.

Desde entonces, Irán se ha estado preparando y fortaleciendo para convertirse en una gran potencia regional, cuyas fuerzas armadas sean capaces de disuadir cualquier amenaza convencional en primer lugar, pero también ser capaces de luchar contra amenazas asimétricas tales como el terrorismo y el narcotráfico, de hecho, la frontera oriental de Irán tiene problemas continuos con los grupos narcoyihadistas provenientes de Afganistán y Pakistán.

Así mismo, Irán, y en especial el General Soleimani, se volvió muy conocido en gran parte del mundo por los éxitos en la lucha contra el grupo terrorista daesh en Siria e Irak. Dicho de otro modo, fue el verdadero responsable de la derrota de ese grupo terrorista y genocida en oriente medio.

Pero también, esa lucha antiterrorista acababa llegando a EEUU y sus proxis (intermediarios) en oriente medio. Y si algo no le gusta al poder establecido en Washington es que otro país rechace el hecho de que los intereses estadounidenses están por encima de cualquier país.

El choque era cuestión de tiempo, máxime cuando Irán observa que desde 2001 con la invasión estadounidense a Afganistán y en 2003 a Irak, EEUU mantiene presencia militar en una serie de bases que prácticamente rodean todo el territorio de Irán. A lo cual se añade las tensiones con las petromonarquías del golfo pérsico, en especial Arabia Saudí, ya que acusa a Irán de apoyar a los Hutíes de Yemen que llevan resistiendo desde 2015 la invasión de la coalición saudí e incluso han realizado ataques contra las provincias saudíes adyacentes.

Volviendo a 2001, tras el 11 de septiembre, el presidente de entonces, George W. Bush expuso la doctrina de la guerra contra el terror, para perseguir y liquidar a los supuestos autores del ataque a las torres gemelas y el Pentágono.

Desde entonces, EEUU ya no solo iba a promover la democracia en el mundo sino que se daba a sí mismo la potestad de la legítima defensa preventiva, para atacar aquellos lugares o países donde hubiera terroristas máxime si estos tenían armas de destrucción masiva.

Así justificaron las mencionadas invasiones de Afganistán e Irak, pero también la posterior de Libia (2011) con Obama, así como los constantes intentos por invadir Siria (también desde 2011).

No obstante, las acciones del periodo Bush Jr., reportaron una bajada del poder blando estadounidense en el mundo ya que mintieron descaradamente en la invasión a Irak, donde por cierto, siguen sin encontrarse esas armas de destrucción masiva que desde la administración Bush afirmaron en manos de Saddam Hussein.

Siendo malpensado (es lo que tiene la geopolítica, te hace ser malpensado), el poder establecido de EEUU ha cambiado con los siglos su relato expansionista, pasando del destino manifiesto, a la lucha por la democracia y los derechos humanos y ahora con la lucha contra el terrorismo para garantizar la paz y seguridad mundiales (según dicho poder establecido).

Siendo malpensado, uno puede ver que la expansión estadounidense además de territorio (s. XIX), también buscaba la expansión marítima comenzando por puntos de paso marítimo. La guerra contra España de 1898 y las verdaderas fake news de la prensa estadounidense contra los españoles, así como el montaje oportuno del acorazado Maine en La Habana, justificó una guerra de conquista enmarcada como lucha de liberación. El resultado fue que EEUU se hizo con Cuba, Filipinas, Puerto Rico, y Guam.

En 1903 apoyaron la secesión de Panamá respecto a Colombia, para luego ocupar militarmente el territorio donde construirían el canal interocéanico, vital para la estrategia naval de los EEUU. Las excusas cambian pero el objetivo real no cambia: Control de recursos naturales y/o control de pasos marítimos vitales para el comercio y la estrategia naval.

¿Es posible la 3ª guerra mundial?

Es posible y de hecho estamos en ella. El mundo entró en la 3ª guerra mundial como la historia de la rana en la cazuela, pero aquí el fuego aumenta especialmente despacio.

No estamos ante la clásica guerra masiva, lineal y convencional. En el contexto actual, ese tipo de guerra se acabó, al menos temporalmente.

Lanzarse al caos de la guerra no es ningún buen negocio para nadie ya que se sabe cómo se entra, pero no se sabe quién y cómo saldrá. Si desde un poder establecido buscan algo es el control sobre los acontecimientos, y una pizca de caos controlado es útil para desencadenar e impulsar ciertos acontecimientos, pero demasiado caos puede quitarles el control y entonces ¿dónde acabaríamos? ¿cuántos negocios se perderían? El caos parece así una inversión, pero igual que una especia picante, un poco está bien pero demasiada hace llorar.

Con lo anterior, estamos en un contexto en que EEUU, si lo desea Trump, puede atacar Irán y vencerlos. Pero al igual que la amenaza de invasión contra Venezuela en febrero-marzo de 2019, claro que EEUU puede vencer, pero la victoria no se mide por la aniquilación directa del enemigo. No es una guerra total a la romana, sino una guerra rápida a la cartaginesa, es decir, no se emplean todos los recursos del país en la lucha con duración indeterminada, sino que se busca la victoria rápida y sencilla, sin mucho gasto económico y en vidas.

Sobre el gasto en vidas cabe señalar que con la experiencia iraquí desde 2003, EEUU confía cada vez más en las Compañías Militares Privadas (CMP) y en los drones, para ejecutar misiones sin impacto en la opinión pública en caso de pérdidas. Así mismo también confían más en la acción de sus proxis (intermediarios) y la acción puntual de Grupos de Operaciones Especiales (GOE).

Es lógico que cuantos menos soldados y mejor formados sobre el terreno, menores son las posibles bajas así como el gasto de mantenimiento.

¿Es factible una invasión militar de Irán por parte de EE.UU.?

Como respuesta al asesinato del General Soleimani (3 de enero), Irán lanzó un ataque con misiles contra dos bases estadounidenses en Irak (8 de enero). En este contexto, hagámonos unas preguntas en el marco de una posible guerra convencional contra Irán: ¿Dónde estaría la victoria para EEUU? ¿Entrar en Teherán como hicieron en Bagdad 2003? ¿Campaña aeronaval para intentar tumbar al gobierno sin tener que poner botas sobre el terreno? ¿Campaña limitada al Juzestán repitiendo la invasión iraquí de 1980?

Viendo la geografía de Irán, es un país eminentemente montañoso, con dos grandes desiertos vacíos, y la provincia de Juzestán, siendo la única llana y conectada además con Irak y en la que se encuentran numerosos pozos petrolíferos. Si los EEUU pretenden una campaña militar terrestre se encontrarán con un territorio tres veces más grande que Afganistán y con una población igualmente hostil o incluso más a la presencia estadounidense.

Esto significaría que la idea de una guerra a la cartaginesa, es altamente improbable y llevaría a los EEUU a su tercer pantano militar, y en este caso, con un Ejército preparado para la lucha y una población que de nuevo vería como el «gran Satán» ahora les ataca en su propio país.

Y una guerra asimétrica, como bien saben ahora en Pentágono, se gana en un 80% por medios políticos y un 20% por medios militares (véase, David Galula, Counterinsurgency Warfare: Theory and Practice).

De modo que podemos estar tranquilamente intranquilos. Estamos en la tercera guerra mundial pero ésta no se parecerá a los clásicos videojuegos sobre la segunda guerra mundial. Aquí la guerra trata más con la información y el ámbito cognitivo que con el ámbito militar. El teatro de operaciones principal está en conquistar la opinión pública mundial, en dirigir su sentido mayoritario.

La opción militar nunca dejará de estar presente, ya que es el Alfa y Omega de la geopolítica, pero con la lucha corriente en el centro del tablero, en torno a cuestiones políticas, económicas y sociales altamente interconectadas. De ahí que nuevamente se hable en EEUU de la distracción iraní que pretende el Presidente Trump, ya con mentalidad en el camino hacia las elecciones del próximo noviembre.

Me gustaría mencionar también la situación con Corea del Norte, ya que a veces se hace referencia a Trump como una especie de loco, o niño caprichoso. No obstante, en este caso, tras las amenazas flagrantísimas de guerra, al final solo tuvieron cierto despliegue de maniobras por ambos lados, y un hito histórico, la reunión entre Trump y Kim Jong-un en Singapur (2018) y la posterior visita de Trump a Corea del Norte (2019), siendo el primer presidente estadounidense que conseguía semejantes hitos.

No hubo guerra, y a las razones anteriormente expuestas hay que añadir la tenencia de armas nucleares por parte de Corea del Norte. Sí, en efecto, los misiles y las armas nucleares siguen siendo el primer activo militar en la disuasión, igual que en la guerra fría.

¿Consecuencias?

El paradigma dominante de hacer la guerra ha cambiado, por más que videojuegos o películas o incluso analistas belicistas o políticos belicosos digan lo contrario.

La guerra convencional y lineal no es la primera opción sino la última muy al fondo. Ahora todo el mundo es una gran zona gris, es decir, una zona disputada. Y la disputa también es virtual ya que en primer lugar se desata en el tablero del ciberespacio, donde las fronteras estatales y su control se difuminan hasta casi desaparecer. No hay declaración de guerra, pero tampoco hay declaración de paz.

Literalmente, tenemos a ese famoso gato de Schrödinger vivo y muerto a la vez, dentro y fuera de su caja.

El mundo ya no es como en 1914 o 1939, hay cosas que han cambiado el juego geopolítico, llevándolo por otros senderos, aunque la búsqueda por conquistar ciertos mercados, pasos marítimos, y recursos naturales sigue siendo el mismo, e incluso mayor, por la aparición de nuevos recursos naturales altamente apreciados como los ya famosos materiales raros, totalmente necesarios para las nuevas tecnologías de la comunicación y el transporte, y en consecuencia necesarios también para nuevas armas militares.

Una guerra total es perjudicial para los negocios internacionales, y quienes más tienen que perder son precisamente las grandes potencias, como Estados Unidos, y también China. Estados Unidos porque ha construido su red hegemónica mundial y no quiere ponerla en riesgo caótico, y China porque está construyendo su propia red hegemónica mundial en disputa con EEUU y no quiere ningún caos cuando está a punto de superar en todos los ámbitos relevantes a los EEUU.

Además, Rusia, la otra gran potencia nuclear, tampoco quiere caos cuando está en medio de su proceso de reacomodamiento y actualización al contexto mundial actual tras la URSS.

Igual que con Corea del Norte, el vals de la guerra se quedó afortunadamente en un vals, en un despliegue de movimientos y algunos titulares. En el caso con Irán parece más serio, puesto que el asesinato de una figura pública tan querida como el General Soleimani ha servido de impulso moral a los iraníes y sus aliados, pero sin ofrecer una respuesta más allá de lo proporcional y la amenaza de más acciones contra EEUU, y desde el lado estadounidense lo último es que Trump ofrece la distensión ahora.

¿El rey-mono borracho ha conseguido efectuar su maniobra de negociación una vez más? Eso está por ver. No obstante, parece que nadie en el mundo salvo los halcones de Washington quiere guerra en Irán. Además, este asesinato les ha reportado aún más hostilidad por parte del Gobierno Iraquí que ha demandado la expulsión de todas las fuerzas estadounidenses de su territorio. El poder blando de EEUU en la zona se resquebraja todavía más.

Así mismo, los gobiernos israelí e iraní se lanzan amenazas mutuas, no obstante, el estado de Israel sigue teniendo altas preocupaciones con Hezbollá en el Líbano, ya que ahora se ha convertido en un Ejército libanés paralelo, incluso en un Estado paralelo, con muchas más capacidades que en 2006 y además con experiencia antiterrorista de su lucha tanto en Siria como en Líbano.

No hay que olvidarse que más allá de la geopolítica y la geoeconomía, en este caso también hay un factor religioso, y al igual que sirvió a Irán para soportar la penosa guerra en la década de 1980, también ahora es el pilar fundamental sobre el que se cimienta la resistencia de Irán respecto a la hegemonía mundial estadounidense.

La revolución islámica no es un factor del pasado, sino que es el sostén que puede aglutinar a mucho más que musulmanes chiíes a la vista de la experiencia reciente en Líbano, Siria e Irak, alcanzando a musulmanes suníes, alauíes, e incluso a cristianos.

Y puede extenderse hacia otros países próximos como Afganistán y Pakistán, con fuerte herencia cultural persa, y con numerosas minorías. Especialmente en Pakistán, cuyas disputas con India también se conectan contra el Estado de Israel.

Por su lado la Turquía de Erdogán se está comportando como un neoimperio otomano, actuando por su cuenta, tejiendo alianzas sin contar aparentemente con la OTAN.

En definitiva, la red geopolítica tiene conexiones variopintas en muchos niveles, y no se puede estimar ninguna una reacción lineal en cadena, sino una sucesión de pequeñas acciones para ir disputando a baja escala sin llegar a conflictos simétricos y convencionales.

Como última conclusión, en estas tres décadas del siglo XXI ya hemos tenido tres paradigmas militares mundiales:

  1. Década del 2000: “Armas de destrucción masiva”.
  2. Década del 2010: “Armas de distracción masiva”.
  3. Década del 2020: “Armas de afectación masiva”.

En estas últimas la afectación es mínima en lo militar y máxima en todo lo demás (político, económico y social). Y de momento nada más, solo que bienvenidos a la tercera guerra mundial, la cual seguramente no es como casi nadie esperaba.

Los unos por su baja intensidad y su escasa claridad, y los otros porque es una guerra que esperaban no les alcanzase pero, tenemos el ciberespacio y si tienes tecnología que te conecte a la red, entonces estás en la red y la araña de internet (ciberespacio) no dejará escapar a ningún país o individuo mientras que haya más red a su alrededor.

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