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Por Geoges Friedman*

Título original: “Europa, desempleo e inestabilidad

La crisis financiera mundial de 2008 ha dado lugar poco a poco a una crisis de desempleo global. Esta crisis de desempleo, con bastante rapidez, dará paso a una crisis política. La crisis involucra a los tres pilares principales del sistema económico mundial: Europa, China y Estados Unidos. El nivel de intensidad es diferente, es diferente la respuesta política y también la relación con la crisis financiera. Pero hay un elemento común, que es que el desempleo está sustituyendo, cada vez, más a las finanzas como el problema central del sistema financiero.

Europa es el punto central de esta crisis. El mes pasado Italia celebró elecciones generales, y el partido que más avanzó (sumando cerca de una cuarta parte de todos los votos) fue un grupo nuevo llamado Movimiento Cinco Estrellas que está dirigido por un comediante profesional. Hay dos cosas que son de interés en este movimiento. En primer lugar, uno de sus pilares fundamentales es el llamamiento a un impago de la deuda italiana como el menor de los males. La segunda es que Italia, con un 11,2 por ciento de desempleo, está lejos de ser el peor de los casos de desempleo en la Unión Europea. Sin embargo, Italia es un nido de partidos radicales profundamente opuestos a las políticas vigentes de austeridad.

El debate central en Europa ha sido la forma de resolver la crisis de la deuda soberana y la consiguiente amenaza a los bancos de Europa. La cuestión era quién iba a llevar la carga de la estabilización del sistema. El argumento que ganó la batalla, sobre todo entre los líderes europeos, fue que lo que Europa necesitaba era austeridad, que el gasto público tenía que ser drásticamente restringido y así pagar la deuda soberana, aunque podría haber sido reestructurada.

Una de las consecuencias de la austeridad es la recesión. Las economías de muchos países europeos, especialmente los periféricos de la zona euro, se están contrayendo, ya que la austeridad obviamente hace que haya menos dinero para comprar bienes y servicios. Si el objetivo principal es estabilizar el sistema financiero, tiene sentido. Pero si la estabilidad financiera puede seguir siendo el objetivo primario depende de un consenso al que tienen que llegar amplios sectores de la sociedad. Cuando el desempleo aumenta se producen cambios de consenso y el enfoque se desplaza con él. Cuando el desempleo se vuelve intenso, entonces todo el sistema político puede cambiar. George Friedman, presidente de Stratfor - una compañía líder de pensamiento - cree que las elecciones italianas fue el primer paso, pero esperado, de un temblor que recorrerá el mundo.

Surge un patrón en Europa

Tenga en cuenta la geografía del desempleo. Sólo cuatro países de Europa están en o por debajo del 6 por ciento de desempleo: los países geográficamente contiguos de Alemania, Austria, Países Bajos y Luxemburgo. La periferia inmediata tiene un desempleo mucho más alto; Dinamarca un 7,4 por ciento, el Reino Unido en el 7,7 por ciento, un 10,6 por ciento en Francia y Polonia en el 10,6 por ciento. En la periferia lejana, Italia tiene el 11,7 por ciento, Lituania se encuentra en el 13.3 por ciento, Irlanda está en un 14,7 por ciento, Portugal se encuentra en el 17,6 por ciento, España se sitúa en el 26,2 por ciento y Grecia lidera el desempleo con el 27 por ciento.

Alemania, la cuarta economía más grande del mundo, está en el centro de gravedad de Europa. Las exportaciones de bienes y servicios son el equivalente del 51 por ciento del PIB de Alemania, y más de la mitad de las exportaciones de Alemania van a otros países europeos. Alemania ve a la zona de libre comercio de la Unión Europea como algo esencial para su supervivencia. Sin libre acceso a estos mercados, sus exportaciones se contraería drásticamente y el desempleo se dispararía. El euro es una herramienta que Alemania, con su enorme influencia, utiliza para gestionar sus relaciones comerciales - y esto pone a la a otros miembros de la eurozona en situación de desventaja. Los países con salarios relativamente bajos deben tener una ventaja competitiva con respecto a las exportaciones alemanas. Sin embargo, muchos tienen saldos negativos de comercio. Por lo tanto, cuando se desató la crisis financiera, su capacidad para gestionarla era insuficiente y dio lugar a una crisis de deuda soberana, lo que a su vez socavó aún más su posición por las medidas de austeridad, ya que su pertenencia a la zona euro no les permite aplicar sus propias políticas monetarias.

Esto no quiere decir que no fueran pródigos en su gasto social, pero la causa subyacente de su fracaso fue mucho más compleja. En última instancia, se basa en el raro caso de una zona de libre comercio que se construye alrededor de una enorme economía que dependía de las exportaciones. (Alemania es el tercer exportador más grande del mundo, ubicándose después de China y Estados Unidos.) El Acuerdo de Libre Comercio de América del Norte fue construido alrededor de un importador neto. Gran Bretaña era un importador neto del Imperio. El poder alemán desequilibra todo el sistema. Comparando la tasa de desempleo del bloque alemán con la del sur de Europa, es difícil imaginar que estos países sean miembros del mismo grupo comercial.

Incluso Francia, que tiene una tasa de desempleo relativamente baja, tiene una historia más compleja. El desempleo en Francia se concentra en dos grandes polos norte y sur, con el sureste de Francia siendo el más afectado. Por lo tanto, si nos fijamos en el mapa, la zona sur de Europa se ha visto afectada extraordinariamente por alto nivel de desempleo y la Europa del Este no ha salido del todo mal parada, pero Alemania, Austria, los Países Bajos y Luxemburgo han quedado relativamente indemnes. Cuánto tiempo puede durar esto, dada la recesión en Alemania, es otro asunto, pero el contraste nos dice mucho acerca de la geopolítica emergente de la región.

Portugal, España y Grecia se encuentran en una depresión. Su tasa de desempleo es más o menos la de los Estados Unidos en medio de la Gran Depresión. Una regla que usa Friedman es que por cada persona desempleada, hay otras tres que están afectadas, cónyuges, hijos o quien sea. Eso significa que si un país tiene un 25 por ciento de desempleo, prácticamente todo el mundo se ve afectado. Con un desempleo del 11 por ciento, el 44 por ciento se ve afectado.

Se puede argumentar que los números no son tan malos como parecen, ya que hay muchas personas que están trabajando en la economía sumergida. Eso puede ser cierto, pero en Grecia, por ejemplo, los productos farmacéuticos son escasos, ya que el dinero en efectivo para la importación de bienes se ha secado. Los gobiernos locales en España están a punto de despedir a más trabajadores. Estos países han alcanzado un punto de inflexión a partir del cual es difícil de imaginar una recuperación. En el resto de la periferia de Europa, la crisis del desempleo se está intensificando. Las cifras exactas importan mucho menos que el impacto visible en una sociedad que se tambalea.

Las consecuencias políticas del alto desempleo

Es importante entender las consecuencias de este tipo de desempleo. Hay un desempleo de largo plazo de la clase baja. Esta ola de desempleo ha alcanzado a la clase trabajadora media y media-alta. Como ejemplo, Friedman pone a un amigo suyo, arquitecto que perdió su puesto de trabajo. Casado y con hijos, ha estado en paro durante tanto tiempo que se ha hundido en un estilo de vida completamente diferente e inesperado. La pobreza es bastante difícil de manejar, pero cuando también está relacionado con la pérdida del estatus, el dolor se agrava y surge una fuerza política fuerte.


La idea de que el régimen de austeridad que impone Alemania sobrevivirá sobrevivir políticamente es difícil de imaginar. En Italia, con "sólo" un 11,7 por ciento de desempleo, el éxito del Movimiento Cinco Estrellas representa una respuesta inevitable a la crisis. Hasta hace poco, el impago era el principal temor de los europeos, al menos de la elite financiera, política y periodística. Se ha recorrido un largo camino hacia la solución del problema bancario. Pero se ha hecho mediante la generación de una crisis social masiva. Esa crisis social genera una reacción política que evitará que la estrategia alemana se lleve a cabo. Para el sur de Europa, donde la crisis social se ha instalado y se mantendrá en el lago plazo, así como para el este de Europa, no está claro cómo el pago la deuda puede beneficiar a los ciudadanos. El coste de permanecer en los mercados de capital se está repartiendo tan desigualmente que la base política en favor de la austeridad se está disolviendo.

Esto se ve agravado por la profundización de la hostilidad hacia Alemania. Alemania se ve a sí misma como virtuosa por su moderación. Otros la ven como una rapaz por su agresividad exportadora, con el producto de exportación más importante ahora que es el desempleo. El hecho de que estamos viendo una diferenciación cada vez mayor entre el bloque alemán y el resto de Europa es uno de los acontecimientos más significativos desde que comenzó la crisis.

La creciente tensión entre Francia y Alemania es particularmente importante. Las relaciones franco-alemanas no fueron sólo uno de los principios fundadores de la Unión Europea, sino una de las razones por las que existe la unión. Después de las dos guerras mundiales, se entendió que la paz en Europa dependía de la unidad entre Francia y Alemania. La relación está lejos de estar rota, pero es tensa. Alemania quiere que el Banco Central Europeo mantenga su política, centrándose en el control de la inflación. Este es el interés de Alemania. Francia, con cerca de un 11 por ciento de desempleo, ve necesario que el Banco Central Europeo estimule la economía europea con el fin de reducir el desempleo. Este no es un debate arcano. Se trata de un debate sobre quién controla el Banco Central Europeo, cuáles son las prioridades de Europa y, en última instancia, cómo Europa puede existir con estas inmensas diferencias en el desempleo.

Una respuesta puede ser que la tasa de desempleo en Alemania se disparará. Eso podría mitigar el sentimiento anti-alemán, pero no va a resolver el problema. El desempleo está llegando a muchos países al nivel en el que socava el poder político para aplicar las políticas necesarias para gestionar el sistema financiero. El argumento del Movimiento Cinco Estrellas en favor de un default no viene de un partido marginal. La elite europea puede despreciar al partido italiano, pero ganó el 25 por ciento de los votos. Y cabe recordar que el héroe de los europeístas, Mario Monti, apenas ganó el 10 por ciento de los votos.

El fascismo tiene sus raíces en Europa en grandes fracasos económicos en los que las élites financieras fracasaron en reconocer las consecuencias políticas del desempleo. Se rieron de los partidos dirigidos por hombres que habían sido vagabundos y que prometían milagros económicos sólo si los responsables de la miseria del país eran despojados de su poder actual. Los hombres y las mujeres, que cayeron desde su estatus en la pequeña burguesía, no se rieron, sino que respondieron con entusiasmo a esa esperanza. Los resultados fueron gobiernos que encerraron sus economías al mundo, y que lo lograron mediante la manipulación.

Esto es lo que ocurrió después de la Primera Guerra Mundial. No ocurrió después de la Segunda Guerra Mundial porque Europa estaba ocupada. Pero cuando nos fijamos en las tasas de desempleo hoy en día, las diferencias entre las regiones, el hecho de que no hay ninguna promesa de mejoría y que la clase media está siendo arrojada a las filas de los desposeídos, podemos ver los mismos patrones de formación.

La historia no se repite tan claramente. El fascismo en el sentido de los años 1920 y 1930, está muerto. Pero es difícil de imaginar que no surjan nuevos partidos políticos que hablen para los desempleados y los nuevos pobres. Ya se trate de partidos en Grecia o movimientos independentistas catalanes, el crecimiento de los partidos que quieren redefinir el sistema es inevitable. Italia fue simplemente, una vez más, la primera en probarlo.

Es difícil ver no solo cómo se podrá contener esta tendencia, sino también cómo se puede evitar una nueva crisis financiera, ya que la voluntad política necesaria para soportar la austeridad está rota. Incluso es difícil ver cómo la zona de libre comercio va a sobrevivir frente a la necesidad urgente alemana de exportar todo lo que pueda para mantenerse a flote. La divergencia entre los intereses alemanes y los de Europa del Sur y Oriental ha sido profunda y ha aumentado aún más cuanto más compromiso había para salvar a los bancos. Esto es porque el compromiso tuvo la consecuencia imprevista de desencadenar la misma fuerza que lo socava: el desempleo.

Es difícil imaginar una política europea común en este punto. ¿Cómo un país con un desempleo del 5,2 por ciento puede crear una política económica común con otro país que tenga un 11 ó 14 ó 27 por ciento de desempleo? Es difícil. Además, cuanto más desempleo habrá menos demanda de bienes y menos apetito para las exportaciones alemanas. Cómo Alemania podrá lidiar con eso, es también un misterio.

La crisis del desempleo es una crisis política y la crisis política minará todas las instituciones de Europa. Durante 17 años Europa prosperó, pero fue durante una de las épocas más prósperas de la historia. Ahora se ha encontrado con una de las grandes pesadillas: el desempleo a gran escala. La gran prueba de Europa no es la deuda soberana. Es si puede evitar los viejos hábitos y las malas raíces del desempleo.

* George Friedman, es el presidente de la firma de inteligencia americana Stratfor - llamada también la "CIA en la sombra".

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