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La etapa alada del cohete portador reutilizable de clase ligera Krylo-SV que está desarrollando Rusia podrá aterrizar tanto sobre ruedas como sobre esquís, dependiendo del tipo de pistas de aterrizaje, informa RIA Novosti citando a Borís Satovski, jefe de la oficina de diseño experimental del Instituto Central de Investigaciones Científicas de Ingeniería Mecánica (TsNIIMash), que participa en el proyecto.

"En un caso extremo, asumimos la posibilidad de aterrizar incluso en una pista sin pavimentar, por lo que el tren de aterrizaje tendrá equipos intercambiables: si aterriza en una pista de concreto y en un aeródromo en buenas condiciones lo hará sobre ruedas, y si se trata de suelo [no pavimentado], lo hará en esquís", dijo Satovski en un video publicado en el canal de YouTube de la Facultad de Aerofísica e Investigación Espacial del Instituto Físico-Técnico de Moscú.

El proyecto es resultado de la cooperación entre la Fundación de Estudios Avanzados de Rusia, la agencia espacial Roscosmos, la Corporación Aeronáutica Unificada y el TsNIIMash.

El desarrollo del Krylo-SV comenzó en 2019. Se trata de un aparato de 6 metros de largo y 0,8 de diámetro que tendrá una carga útil de 600 kilos y viajará a velocidades hipersónicas de hasta Mach 6. Sus primeros vuelos de prueba están previstos para finales de 2023.

La idea del cohete es que tras la separación de la segunda etapa, que continuará su vuelo, su primera etapa reutilizable y alada regrese al cosmódromo empleando un motor de avión.

Los planes de futuro de Roscosmos con respecto a sus lanzadores se concretan en dos proyectos relativamente novedosos. El primero era el cohete de metano y oxígeno líquido, denominado Soyuz-SPG, y el otro era un pequeño proyecto de cohete alado reutilizable. Poco después se confirmó que dicho cohete alado ha recibido la denominación de Krylo-SV —Крыло-СВ (Крыло Ступень Возвращаемая, es decir «Ala-Etapa de Regreso»). El anteproyecto de Krylo-SV se firmó en mayo de 2019 por parte de la empresa Myasíschev, famosa en tiempos soviéticos por ser una oficina de diseño dedicada a la construcción de bombarderos. Krylo-SV es un pequeño lanzador y su objetivo no es alcanzar la órbita, sino servir de demonstrador tecnológico para un futuro lanzador de mayor tamaño.

¿Pero por qué las alas? La razón es que en tiempos de la Unión Soviética se investigó concienzudamente formas de recuperar los lanzadores usando paracaídas —lo «normal»—, pero también alas. Un cohete alado puede parecer extraño, pero esta tecnología permitía aplicar tecnologías desarrolladas para el programa de lanzaderas Burán. En principio se pensó usar esta técnica para recuperar los Bloques A de la primera etapa del cohete Energía, pero la URSS se desintegró antes de que este proyecto pasase de la fase de simple concepto. Ya en los años 90, tras la caída de la URSS, la empresa NPO Mólniya —encargada de la construcción del orbitador Burán— desarrolló el proyecto Baikal para reutilizar los bloques aceleradores del cohete Angará de la compañía Khrúnichev usando una técnica muy parecida. Posteriormente, durante la década pasada los militares rusos se empeñaron en desarrollar un sistema parecido denominado MRKN/MRKS, que tampoco ha fructificado.

Propuesta de Blok A reutilizable del Energía con alas. Atención al motor a reacción en el morro (www.buran.ru).

La recuperación de etapas introducida por SpaceX ha revolucionado el panorama aeroespacial y todas las agencias espaciales mantienen algún programa de investigación y desarrollo para intentar comprender esta tecnología en caso de que sea necesario volcarse en ella. Roscosmos ha decidido que el aterrizaje de primeras etapas requeriría una enorme inversión de tiempo y dinero, dos recursos que no tienen en estos momentos, pero sí que podrían resucitar los planes de cohetes alados que se han mantenido vivos en las últimas décadas, de ahí la iniciativa Krylo-SV.

El actual jefe de Roscosmos, Dmitri Rogozin, quiere crear una nueva oficina de diseño bautizada Bartini —en honor al diseñador jefe Robert Lyudvigovich Bartini, famoso por sus ekranoplanos— dentro del instituto TsNIIImash para el desarrollo del proyecto Krylo-SV. El demostrador Krylo-SV tendrá una longitud de 6 metros de longitud y 0,8 metros de diámetro. Estaría dotado de un motor denominado Vijr («remolino»). La principal diferencia con el proyecto Baikal es que usaría metano y oxígeno líquido como propelentes para favorece la reutilización. El demostrador Krylo-SV despegará verticalmente y podrá alcanzar una velocidad máxima de Mach 6 antes de reducir su altura, encender un motor de reacción, desplegar sus alas rectas —que habrían estado plegadas hasta ese momento— y aterrizar en una pista convencional. Las pruebas se realizarán desde el antiguo cosmódromo de Kapustin Yar, junto al mar Caspio. A partir de este demostrador, se desarrollaría una versión definitiva que serviría de primera etapa de un pequeño lanzador de dos etapas capaz de colocar 600 kg en órbita heliosíncrona (SSO). La separación de la primera etapa tendría lugar entre los 59 y 66 kilómetros. Más adelante se podría desarrollar una versión de gran tamaño de Krylo-SV para crear un vector de mayor capacidad.

De acuerdo con los últimos planes, el primer vuelo de pruebas podría comenzar en 2023. Rogozin ha declarado —sin mucha convicción, la verdad— que la tecnología de Krylo-SV es más adecuada que la de SpaceX para su uso en Rusia debido a las características geográficas del país. Sea como sea, podría ser la última oportunidad que tiene Rusia de desarrollar un lanzador reutilizable usando la veterana tecnología del Burán. Ahora veremos si Krylo-SV no sigue el mismo camino que los otros proyectos similares que han caído en el olvido en los últimos años.

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