Si en la actualidad hay un programa 'estrella' en el Ejército de Tierra español, ese el VCR 8x8 Dragón, pero corre el riesgo de acabar 'estrellado'. Este proyecto que desde su inicio, hace ya unos años, buscaba dotar a las tropas de un vehículo de ruedas moderno, eficaz y seguro, que sustituyera a la familia BMR, iba a ser un símbolo de la modernización de las tropas, pero aún no está claro que lo pueda ser. Los retrasos, replanteamientos, cancelaciones y reactivaciones han generado una serie de incertidumbres que han acabado con Defensa dando luz verde a un nuevo contrato que, eso sí, no se ha librado de la polémica.

El último volantazo dado por el ministerio llegaba esta semana cuando para intentar terminar con un culebrón rodeado de mala suerte (aderezada con ciertos fallos y demasiada ambición), Defensa hizo público un nuevo acuerdo con el conjunto de empresas que se harán cargo de la fabricación del vehículo. Este nuevo acuerdo repite los detalles anteriores: 348 vehículos por 2.100 millones de euros y con un consorcio formado por Santa Bárbara Sistemas, Indra, SAPA. A la lista se suma Escribano M&E, otra empresa nacional que ayuda a alcanzar el 70% requerido de participación española en el proyecto. Pero, ¿será esta vez la definitiva?

Por si alguien no se acuerda, el camino del 8X8 empezó justo tras poner en marcha la renovación cuando la anterior crisis económica dio al traste con todos los plazos marcados y se perdió un tiempo precioso. Relanzado unos años después, todo parecía ir bien, pero la industria no fue capaz de cumplir con los plazos de entrega de los vehículos demostradores, etapa clave en el proyecto y ahora todos miran con lupa el siguiente movimiento.

De tener que haberse entregado a finales de 2018, se pasó tras sucesivos retrasos a septiembre de 2019 y en diciembre, en una sorprendente decisión, se declaró el concurso “desierto”, abriéndose una nueva licitación. Esto sonó muy raro pues los contratos de demostradores y prototipos con el fabricante, Santa Bárbara Sistemas, integrada en GDELS (General Dynamics European Land Systems), seguían en vigor y estaban a punto de cumplirse, por lo que en ese momento se interpretó tal decisión como un “toque de atención” al fabricante y, algo peor, una forma de hacer una redefinición del diseño.

Esta redefinición podía significar tres cosas, ninguna buena: una simplificación del vehículo restándole capacidades que redujeran costes, una reducción del número de versiones o una reducción del número de unidades. Las dudas crecieron pero este nuevo acuerdo parece acallarlas, aunque habrá que seguir atentos a las próximas novedades pues con este programa nunca se sabe.

Nuevo programa, mismo vehículo

El vehículo anunciado tras la firma del contrato es el mismo sobre el que se venía trabajando con anterioridad, el Piraña V, al que se le dotará de diferente torre o estación de armas según la versión del mismo. Se mantienen igualmente las dimensiones, 8 metros de largo, 3 de ancho y 2 de alto (sin contar armamento) y el peso que, según la versión y con la protección modular prevista, podría llegar a las 30 toneladas.

Sobre el peso del vehículo se ha discutido bastante y se seguirá haciendo. Habría que decir al respecto que, por un lado, no todos los vehículos llegarán a esa cifra, solo lo harán los que precisen de mayor protección a expensas de reducir su movilidad, por ejemplo los de zapadores. Por otro lado, son pesos que están en el entorno de otros vehículos similares. Por ejemplo, el Striker norteamericano o el LAV III canadiense, ambos gozan de gran prestigio, alcanzan las 28 toneladas y siguen creciendo. El modelo alemán Boxer, considerado hoy como uno de los mejores del mundo, ya pesa más de 38 toneladas y ha sido elegido por Australia.

El armamento que llevará el Dragón sigue siendo la parte más abierta. Para las versiones con armamento más ligero, al inicio se contemplaba el conjunto RCWS “Mini Samson”, con arma de 12’7 mm y de fabricación israelí. Un producto bien conocido por las tropas españolas pues equipa los vehículos RG-31 y ha dado muy buen resultado. Sin embargo, en pleno proceso de preparación de demostradores, se introdujo la estación remota Guardian 2.0 de Escribano M&E, que de esta manera ponía un pie en el programa. También es un equipo con buenas perspectivas y con ventas al exterior.

Para las versiones con torre no tripulada se trabajaba con la UT-30 de ELBIT / NAVANTIA / EXPAL y con la SAMSON Mk2 de RAFAEL, ambas con cañón de 30mm, capacidad para misiles y protección activa. Para la torre tripulada (versión VEC de Caballería y de Mando de Sección o Escuadrón) se ha estado trabajando con la torre HITFIST 30 de Leonardo (antigua OTO MELARA) armada con el BUSHMASTER de 30 mm, que ya se está probando en el demostrador D4.

En la recámara quedan otros fabricantes que no dan todo por perdido y la entrada de Escribano, M&E. De los primeros quizás el más interesante es el belga John Cockerill. Este fabricante es experto en diseñar torres y conjuntos de armas capaces de adaptarse a casi cualquier vehículo y no pierde la esperanza ofreciendo soluciones de mediano calibre (armas de 30 mm) para el Dragón y de grueso calibre (105 mm) para un futuro reemplazo del VRCC Centauro. Sobre Escribano, es una empresa que merece ser tenida en cuenta y con su entrada puede que el perdedor sea la industria israelí. La española lleva tiempo trabajando en una torre con cañón de 30 mm, la Guardian 30, que tiene unas prometedoras características y, sobre todo, un estudiado equilibrio entre el peso y la protección.

En cuanto a los misiles, no hay ninguna duda (quizás lo único claro) y serían los SPIKE israelíes, ya en servicio y con resultados excelentes. La protección activa es otro tema bien distinto. Consiste en una serie de sistemas que detectan el ataque enemigo (misiles fundamentalmente) y reaccionan contra el ataque antes del impacto. Son sistemas muy sofisticados y caros, pero necesarios hoy en día. Hay varios productos de referencia: TROPHY (israelí), AMAP-ADS (alemán) o Galix (francés). A priori parecía que el preferido por Tierra era el TROPHY, pero son sistemas que elevan mucho el coste, por lo que al final no está claro si tan siquiera solo algunas unidades se equiparán con él.

La polémica de Caballería

Como se ve hay muchas dudas aún sobre el desarrollo del vehículo pero la gran polémica surge ahora porque Caballería sugiere un cambio en el arma principal y en lugar de un cañón de 30 mm, prefiere un calibre de 40 o más. El porqué de este cambio a estas alturas se entiende una vez analizado. La Caballería es un arma de combate en sí misma y se debe dotar de material específico para su función. Esto lo ha dicho el JEME (Jefe del EM del Ejército) en sus “Propósitos para 2020”. Por tanto, su armamento debe ser el adecuado para su misión.

Además de vigilancia y seguridad táctica a unidades superiores, la misión de combate de la Caballería es ir en vanguardia, explorar y reconocer el terreno y, si se encuentra con fuerzas enemigas superiores, combatir, fijarlas al terreno y tratar de desgastarlas, a la espera de que fuerzas pesadas propias acudan para su destrucción. Para fijar una unidad enemiga no hace falta destruir sus vehículos, es suficiente infligir ciertos daños y dificultar su avance. Esta es la clave.

El gran escollo del programa del 8x8 es que, por unas cosas u otras, el retraso acumulado se puede cifrar en casi 10 años. En ese tiempo “el enemigo” no ha estado ocioso y ha evolucionado sus medios blindados. Ahora, la mayoría de vehículos de combate de ruedas (y por supuesto de cadenas) cuentan con protección eficaz ante armas de 30 mm, precisamente porque esa era, hasta ahora, la amenaza. ¿De qué sirve entonces un vehículo que no va a poder dañar ni detener una fuerza enemiga?

Un cañón de 40 mm de tiro rápido y con buena munición perforante no destruye un carro de combate, pero le puede causar muchos daños en sus sistemas de defensa, elementos de visión y telemetría e incluso tren de rodaje. Esto sí es suficiente para que se detenga o se ponga a tiro de un misil. Por supuesto, ese cañón de 40 mm sería letal para vehículos con protección media y blindados ligeros. En estas condiciones sí está más que justificado ese pequeño incremento en la potencia de fuego. El problema, sin embargo, puede venir por el peso.

La torre tripulada HITFIST de 30 mm, con sus casi 3 toneladas, plantea un cierto sobrepeso al vehículo, por lo que una torre armada con cañón de 40 mm más misiles, estará en el entorno de las 3,5 - 4 toneladas. Este incremento de peso (que además eleva el centro de gravedad) haría necesaria una revisión de la suspensión y ejes del vehículo (nuevo y caro desarrollo) aunque se podría compensar bajando el peso total con una prudente reducción de la protección, a cambio de un incremento en los elementos de visión lejana y la movilidad. Si es posible detectar al enemigo con mayor antelación y atacarle antes de ser atacado, sería asumible, si no quedase otro remedio, reducir mínimamente la protección.

Esta solución tampoco es descabellada ni de extrema dificultad. Francia, para su vehículo de ruedas equivalente, ya monta un cañón rápido de 40 mm y, tanto la torre HITFIST como la SAMSON Mk2 y la Guardian 30, podrán cambiar su arma inicial por una de 40 mm sin demasiados problemas.

En resumen, habrá que ver qué pasa con este nuevo acuerdo pero ya tiene nuevos escollos a la vista. La versión de Caballería debería ser el 8x8 con torre tripulada, armada con cañón de 40 mm (mínimo), con 2 o 4 misiles SPIKE, con capacidad para transportar dos soldados exploradores (como los actuales VEC) y con unos avanzados sistemas de visión lejana. Nuevas dificultades y retrasos para un programa ya de por sí con muchas losas encima, pero todo apunta a que son ajustes necesarios.

Fuente: El Confidencial

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