Alejandro Kirk

Hace algunos días, en mis reportes para teleSUR e HispanTV desde la zona de guerra de Járkov he arriesgado la frase “supuesta ofensiva ucraniana”, lo que ha provocado reacciones de molestia, y mofas.

Según algunos, un reporte veraz debiese simplemente reconocer la derrota rusa que representaría, especialmente, la reocupación ucraniana de la localidad de Izyum, en la zona centro-oriental de Ucrania

Sinceramente, la misma duda atravesó mi pensamiento al momento de grabar el reporte, desde el centro de la ciudad de Krasny Lyman, en el territorio del norte de Donetsk, que algunos en Occidente ya anunciaban como retomado por Ucrania. Demostramos en el terreno que no es así, pero más allá de eso, el dilema militar es éste: ¿Todo avance es una ofensiva? ¿Todo repliegue una derrota? ¿Es una “ofensiva” tal, si el adversario evitó el combate?

Como todo en la vida, depende.

Al inicio del conflicto, en las regiones de Jersón y Zaporozhye, las fuerzas armadas ucranianas rehuyeron el combate, y las tropas rusas se instalaron sin mayores problemas, ni destrucción en las ciudades. ¿Fue un repliegue táctico o una derrota?

Rusia logró rápidamente controlar la planta nuclear de Zaporozhye (la mayor de Europa) y la cercana hidroeléctrica de Kajovka, ambas sobre el río Dniéper. Pero no hubo avance más allá del mítico río que señala el límite occidental de la planicie del Donbás.

Así, ambas instalaciones quedaron en control ruso, pero a merced de la artillería del otro lado del río.

La toma de la región de Jersón y el sur de Zaporozhye otorgó a Rusia dominio sobre toda la zona adyacente a la península de Crimea, reincorporada a la soberanía rusa en 2014.

El control de la planta nuclear (operada hasta hoy por los técnicos de Ucrania) evita la posibilidad de un chantaje nuclear.

Son entonces, ambas, operaciones estratégicas ejecutadas con audacia y velocidad en los primeros días de la guerra.

Por algún motivo, Ucrania decidió defender el puerto de Mariúpol y su inmensa industria metalúrgica, aun cuando estaba rodeado. Se convirtió en un símbolo no sólo del país, sino —y sobre todo— del grupo neonazi Azov, que tenía allí su cuartel general. La rendición en las instalaciones de la acería de Azovstal marcó uno de los hitos del conflicto.

KIEV Y JÁRKOV

La decisión y audacia demostradas en los avances rusos del sur de Ucrania no tuvo paralelo en el norte, en la dirección Járkov-Kiev. La entrada vertiginosa en los suburbios de Kiev, fue seguida de un repliegue que sorprendió a muchos. Se hizo sin explicación ni aparente motivo, y generó el escándalo sobre una masacre rusa en Bucha, que luego se comprobó falsa, aunque la infamia quedó ahí

¿Tal vez Rusia subestimó la determinación ucraniana de resistir? ¿Contaba con una debacle interna del régimen de Volodímir Zelenski?

La reciente retirada de la ciudad de Izyum y otros poblados, la mayoría ya evacuados, levanta las mismas dudas.

Ucrania ha lanzado dos contraofensivas en los últimos días: Jerson y Járkov. En la primera, ha sido un fracaso rotundo; en la segunda, el avance fue facilitado por el repliegue ruso, que según expertos militares, buscaba evitar que las fuerzas ucranianas (superiores en proporción de diez a uno, según algunas fuentes) establecieran un “bolsón” alrededor.

El Ministerio de Defensa ruso anunció la semana pasada un repliegue desde Járkov a los territorios de la vecina República Popular de Donetsk, donde se libra, aquí sí, una batalla estratégica, estipulada desde el inicio de la Operación Especial rusa.

Fuimos testigos, en la noche del domingo 11 de septiembre, de los movimientos de las tropas de las milicias populares de Donetsk antes estacionadas en Járkov.

El repliegue ruso no significa que no se hayan registrado combates, especialmente entre la Guardia Nacional rusa y los atacantes (la Guardia Nacional y el Ejército ruso son entidades diferentes).

Un general venezolano me dijo lo siguiente sobre la ofensiva ucraniana; “Luce a formación de un bolsón para destruir. En una operación muy clásica. Sólo un comandante y ejército con mucho poder de fuego, movilidad, poder de choque y cobertura aérea puede arriesgarse en una operación ofensiva de ese tipo”.

Y más tarde agregó: “Si fuese cierta la información, lanzarse 10:1 es un suicidio. Con misiles, drones, aviones, Rusia los volverá flecos”.

Eso es precisamente lo que está ocurriendo: Rusia tiene menos tropas en el terreno, pero Ucrania no cuenta con “movilidad, poder de choque y cobertura aérea” para contrarrestar los incesantes ataques aéreos y de cohetes, misiles y artillería.

En todos esos dominios, Rusia tiene una superioridad incontestable, y lo que está sucediendo, por tanto, es una carnicería de la carne de cañón enviada por Kiev al frente de batalla.

Todo esto no quita que, sin tropas suficientes (Rusia no tiene más 150 mil soldados en todos los frentes), el control efectivo y consistente del territorio es improbable. Muchos se quejan en la zona de Donetsk por la impunidad con que la artillería ucraniana castiga a los civiles, y exigen mayor determinación por parte de Rusia.

El conflicto parecía estancado hasta el inicio de los avances ucranianos, y se especulaba que en Moscú estaban esperando el desarrollo de los acontecimientos en Europa occidental, donde las sanciones contra Rusia están generando una crisis económica y social sin precedentes en los últimos cien años. Las protestas registradas en Chequia, Alemania, Holanda, Inglaterra, Francia e Italia anticipan un “invierno del descontento”, a causa de la inflación, el cierre de empresas y la falta de energía.

Hoy, sin embargo, la situación es apremiante. En la zona de Járkov se ha establecido ya el terror contra los “colaboradores” de los rusos: profesores, administradores, empresarios que participaban de la normalización de la vida. Los informes de redes sociales hablan de oleadas de mercenarios sin control en las calles.

Un oficial artillero nos dijo que los nuevos sistemas de armas proporcionados a Ucrania por la OTAN no se dominan en pocas semanas ni meses.

— Se requieren años de entrenamiento

— ¿Son acaso mercenarios?

— No. Solo militares profesionales de la OTAN pueden manejar esos sistemas.

Así, ya es obvio que la OTAN se incorporó a la guerra, y si sus especialistas están en el combate, una escalada bélica parece inevitable.

Rusia comenzó lo que había evitado desde febrero: destruir infraestructura ucraniana, que perjudica a la población civil, y el paso siguiente lógico es cortar todos los canales de suministro de armamento desde Europa occidental, además de aumentar las tropas en el terreno. Esto significa carreteras, vías férreas y puentes, además del espacio aéreo.

Un desarrollo de este tipo pudiera implicar la movilización de reservas, en lugar del empleo exclusivo de tropas profesionales.

En los próximos días se verá si la “supuesta ofensiva” ucraniana es real, o un acto desesperado, a lo Hitler en 1945, con el sacrificio inútil de miles de vidas. En las encuestas periodísticas rusas, cada vez son más quienes opinan que el único fin posible de este conflicto es el desmantelamiento total del Estado ucraniano, con la recuperación de todos los territorios originalmente rusos.

Al menos un medio nacional (privado) ya dejó de hablar de “Ucrania”, y lo denomina, en cambio, “territorio de la ex República Socialista Soviética de Ucrania”.

Rusia acusa a Ucrania de plantear el preludio de III Guerra Mundial

El expresidente ruso Dmitri Medvédev ha advertido de que el proyecto de garantías de seguridad de Ucrania es el “prólogo” de una Tercera Guerra Mundial.

Kiev ha dado luz a un proyecto de ‘garantías de seguridad’, que son esencialmente un prólogo de una Tercera Guerra Mundial”, ratificó el martes Medvédev, vicepresidente del Consejo de Seguridad de Rusia, en su cuenta de Telegram, sobre el texto fue preparado por un grupo, liderado por el jefe de la Oficina Presidencial ucraniana, Andréi Yermak, y el exsecretario general de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) Anders Fogh Rasmussen.

El funcionario ruso hizo esas afirmaciones luego de que la misma jornada el Gobierno ucraniano anunciara “un paquete de recomendaciones” sobre garantías de seguridad con la participación de Occidente, en la que se exige una serie de condiciones para garantizar su seguridad.

“Por supuesto, nadie dará ninguna garantía a los nazis ucranianos [...] Si estos idiotas continúan bombeando al régimen de Kiev sin frenos con los tipos de armas, tarde o temprano la campaña militar pasará a otro nivel”, ha indicado contundente Medvedev.

Medvédev también criticó el paquete propuesto por Kiev igualándolo con aplicar el artículo 5 del Pacto del Atlántico Norte a Ucrania, lo que se refiere a la defensa colectiva como un principio central del tratado fundacional de la OTAN.

A su vez, subrayó que los enemigos de Rusia a quienes se dirige el llamamiento histérico deben comprender que “se trata directamente de la guerra híbrida de la OTAN con Rusia, si Occidente continúa el bombeo desenfrenado de armas peligrosas para el régimen de Kiev, entonces la campaña militar pasará a otro nivel, tarde o temprano”, advirtió.

Moscú ha apoyado en diversas ocasiones el establecimiento de garantías de seguridad no solo para Ucrania, sino para todos los países europeos e incluso para su propio territorio, con el fin de que nadie pueda fortalecer su seguridad a costas de otros. Sin embargo, cansada de no tener respuestas a su pedido de garantías a la OTAN de que no se expandirá hacia el este, Moscú inició su operación militar en Ucrania.

Rusia pone de relieve que las garantías para Ucrania no pueden aplicarse a la península de Crimea, una zona que considera por Moscú como territorio propio, y las regiones reconocidas independientes como las repúblicas populares de Donetsk y Lugansk, situadas en el este de Ucrania.

Análisis: No hay guerra sin batallas perdidas ni... victorias a lo Pirro

Sertorio

Como habrá podido comprobar el lector que tenga la paciencia de seguirnos, el ejército de Ucrania se había distinguido hasta el día de hoy por perder todas las batallas en las que se enfrentaba a los rusos y por una habilidad extraordinaria a la hora de matar civiles. Sin embargo, según parece, todo esto ha cambiado en los últimos días.

La “gran ofensiva de agosto”, la que iba a reconquistar Jersón y Crimea, se quedó en un vado sangriento del río Ingulets y en un avance de pocos kilómetros por su curso, en el que han perecido miles de ucranianos sin que se sepa muy bien para qué. Pero si no le importa al gobierno de Kíev, tampoco nos debe preocupar a nosotros. En Jersón no se movió ni una piedra y las posiciones rusas frente a Nikoláev siguen donde estaban. Pero, en fin, no dejó de ser una ofensiva.

Está claro que eso era poca cosa para los caciques de la OTAN, los que deciden en Ramstein. El último viaje de Johnson como primer ministro fue a Kíev y su fin no era otro que incitar al régimen de Zelenski a una ofensiva que justificara el gasto en armamento de la Alianza Atlántica en Ucrania. La situación política del arlequín del Dniéper era tan desesperada que optó por lanzarse al ataque en el frente de Járkov con la ayuda técnica de los anglosajones. El mando ucraniano no las tenía todas consigo, pues, aunque cuenta con una amplia superioridad numérica de tres a uno frente a los rusos, la potencia de fuego y el dominio del aire de éstos vuelven muy dudosa cualquier maniobra en campo abierto. Además, Moscú dispone de una inmensa reserva de armamento frente a una pedigüeña Ucrania, que ya ha agotado o le han destruido todo el arsenal del que disponía en febrero de este año. Zelenski no dudó: obedeció a sus amos de Londres y Washington y ordenó avanzar a miles de soldados de su nuevo ejército.

La ofensiva de Járkov ha sido un éxito ucraniano en muchos aspectos. El primero es la ocupación de 5.000 kilómetros cuadrados de territorio, aunque queden 120.000 por reconquistar. Pero el segundo, y más importante, es que Zelenski ha conseguido una victoria real, de verdad, no un bulo con gran despliegue mediático. El procónsul atlantista vive de la propaganda y nada ayuda mejor a ésta que el verse respaldada por la realidad. Con sus dotes de charlatán y el apoyo de toda la prensa mundial, nadie podrá rebatir la utilidad que tiene el derrochar miles de millones de dólares en la causa ucraniana y en lo necesario que es pasar hambre y frío este invierno y así castigar a Putin. Para los oligarcas del Servidor del Pueblo, esta ofensiva es la garantía de que la lluvia de millones occidentales seguirá inundando sus bolsillos. En tercer lugar, la represión que, nada más ocupar las ciudades que fueron liberadas por los rusos, han desencadenado los sicarios del déspota ucraniano manda un aviso evidente a la población de la Nueva Rusia: habrá limpieza étnica y ejecuciones, no hay sitio para ellos en Ucrania. Este mensaje también queda claro para los ucranianos partidarios de Rusia —una de las espadas de Damocles de la dictadura de Zelenski— que están bajo el control del régimen del Maidán. A día de hoy, Rusia alberga a dos millones y medio de refugiados que han huido de los escuadrones de la muerte de la OTAN.

Sin embargo, hay una serie de objeciones que hacer. La primera es que la partida no ha terminado. La ofensiva ha sido facilitada por el ejército ruso, que se retiró casi sin resistencia —pero intacto— a una línea nueva de defensa con una cantidad mínima de bajas, al revés de lo que sucede con los ucranianos, que al salir de sus posiciones se han visto sometidos al poder aéreo ruso y a su avasalladora artillería. La propia Ucrania reconoce un alto precio de sangre (la estimación en todos los frentes es de 4.000 muertos y 8.000 heridos entre el 6 y el 10 de septiembre), pero es cierto que le sobran decenas de miles de peones y ese es un punto fuerte de Zelenski: no le importa inmolar a sus compatriotas por millares, algo necesario cuando se está en guerra. Pese a todo, en el momento en que se escriben estas páginas, las tropas ucranianas han alcanzado las trincheras rusas y han sido paradas en seco en el río Oskol y en Krasnyi Limán, donde ya se han estrellado tres asaltos. A esto hay que añadir que la aviación de Moscú está diezmando a las unidades ucranianas desplegadas en un área muy expuesta. Por otro lado, los rusos progresan como siempre en el Donbass: han liberado Kodema y Maiorskaia, mientras avanzan cuadrícula a cuadrícula sobre las fortificaciones ucranianas. Es en esta dirección, en especial en la posible ofensiva desde Ugledar, donde se verá si los cambios en las tácticas del ejército de Zelenski son realmente eficaces, porque en el frente sur se juega esta guerra y allí las fortificaciones en los dos lados son muy densas; no parece probable que se produzcan avances con la misma facilidad que en el escenario norteño.

El éxito ucraniano en el frente de Járkov tiene la marca de la OTAN y está calcado del de las hordas del ISIS en Siria, que les permitió en 2016 reconquistar Palmira arrebatándola a las tropas de Assad: pequeñas unidades ligeras rompen un frente poco defendido y crean el caos en la retaguardia al cortar las comunicaciones. El efecto sorpresa está garantizado y la victoria inicial también. Pero el contragolpe puede ser mortífero, como sucedió con los aliados musulmanes de la OTAN en Siria, donde, una vez estabilizado el frente, las tropas del Estado Islámico fueron exterminadas por la aviación rusa y el propio ISIS acabó por ser extinguido. Al revés que en el Donbass, en el frente de Járkov no hay líneas fortificadas que se hayan reforzado durante ocho años: por eso es tan fácil avanzar y, por lo mismo, tampoco resultará fácil de defender. Y hay que recordar algo: las tropas rusas se han retirado intactas a su nueva línea de defensa, que se ha probado sólida, y están recibiendo refuerzos. Otro aspecto muy interesante, corroborado por la población civil, es la aparición de unidades de combatientes angloparlantes, algunas de apariencia africana, que se distinguen claramente de los soldados nativos. La implicación de la Alianza Atlántica, además, se evidencia en el conocimiento que los atacantes demostraron de los espacios entre las defensas rusas, que sólo pudo ser proporcionado por los sistemas de vigilancia anglosajones.

En realidad, quien se ha dado cuenta con esto de que está en guerra es Rusia, porque Ucrania y Occidente ya eran plenamente conscientes de ello y en eso residía su ventaja. En el aspecto militar, según los profesionales que he consultado, la retirada rusa a la nueva línea de defensa es correcta, además de necesaria para lanzar una contraofensiva, pues los rusos gozan de una sólida posición estratégica que amenaza de forma permanente el abierto espacio enemigo. Puede ser. Si los peritos en estas cosas están de acuerdo, llevarán razón. Pero la eficiente retirada a las nuevas posiciones, el escaso número de bajas y el daño causado al enemigo no compensan la poca comprensión política que los rusos tienen del conflicto. No defender el territorio, retirarse, aunque sea con el mejor orden del mundo, para no dejarse cercar, puede ser algo militarmente lógico, pero manda un nefasto mensaje político a los habitantes de Donbass y Nueva Rusia.

El Kremlin sigue empeñado en desarrollar una operación militar especial y parece no darse cuenta de que los anglosajones le han declarado una guerra a muerte, en la que disponen de abundante carne de cañón, que hoy es ucraniana, mañana será georgiana y pasado kazaja. Y eso por no hablar de la deficiente campaña de propaganda de Moscú, tan necesaria en una situación de este tipo, y que, dados los lombrosianos rasgos criminales del régimen del Maidán, no habría sido muy difícil gestionar con éxito: corrupción colosal y galopante, robo del 90% de la ayuda humanitaria, tráfico de armas, trata de blancas, llamadas al genocidio, ataques a la central nuclear de Zaporozhia, desaparición de oponentes, detenciones arbitrarias, torturas a prisioneros de guerra, ejecuciones extrajudiciales, prohibición de los partidos políticos no afines, Rada (parlamento) purgada de opositores electos, atentados terroristas en Moscú, asesinato cotidiano de civiles en Donetsk … Es increíble que Rusia no haya aprovechado la gran cantidad de material propagandístico que los matarifes de Zelenski le regalan un día tras otro.

Se da la extraña situación de que Ucrania tiene la guerra perdida, pero Rusia no la sabe ganar. La economía de la tecnocracia de Putin se demostró mucho más sólida de lo que pensaban los centenares de “expertos” que querían ponerla de rodillas en dos meses; aguantó toda una batería de sanciones que sólo han servido para arruinar a Europa y enriquecer a los Estados Unidos y, de carambola, a Rusia. Su ejército, pese al menosprecio de la prensa occidental, sabe manejarse y adaptarse muy bien en el aspecto táctico y técnico. Pero su dirección política, sin embargo, está presa del pragmatismo que le sirvió para reponerse del desastre de las eras de Gorbachov y Yeltsin, pero que ciega su percepción de las amenazas a las que ahora se enfrenta. Rusia sigue pensando que vive en paz, porque la guerra del Donbass no exige movilizar los recursos de la nación, tanto humanos como económicos (recordemos que en esta operación militar especial sólo está empeñada una fracción del ejército que no llega al 20% del total de sus contingentes), y sueña con que esta crisis tendrá una solución negociada. Pero Moscú está comprometido en una guerra que la plutocracia sajona proseguirá con la misma determinación de las coaliciones que formó para acabar con el imperio napoleónico —y no les va a escasear la carne de cañón polaca, báltica y hasta española—, porque el enemigo del atlantismo no es Putin, es Rusia. Si se cambiara de régimen en el Kremlin, cosa que parece dudosa pero no imposible, los dirigentes de Washington y Londres seguirían buscando su ruina, pues es el único poder que unido a Europa podría desafiar la hegemonía americana.

A los globalistas no les ha importado echar a Rusia en brazos de China, porque lo principal es que no se alíe a una Europa libre y dirigida por Alemania. Por eso, las potencias anglosajonas sabotearon incluso a la Rusia de Yeltsin, que era su hombre, su mejor aliado. Si contra Yeltsin financiaron y armaron a los islamistas chechenos, ¿qué no harán con cualquier régimen sucesor del actual?

Rusia empieza a ser consciente de que esto no es una crisis pasajera: América necesita la guerra para sostener su economía, mantener su tambaleante dominio global y arreglar el difícil panorama de los demócratas en las midterm elections. Moscú, si quiere sobrevivir a lo que le están preparando en Londres, Washington y Bruselas, debe cerrar filas, acabar con la quinta columna liberal que aún subsiste entre la nomenklatura del Kremlin y resucitar el espíritu de Pedro el Grande, del implacable jinete de bronce. El régimen del Maidán es una amenaza existencial para Moscú, un peón de la OTAN que ejerce el papel de una agresiva anti-Rusia; el Kremlin no tiene que negociar nada con la dictadura de Kíev, sino destruirla y castigar a sus secuaces. Para ello, no puede limitar su acción con el loable fin de sufrir un coste humano mínimo, porque entonces la operación especial en Ucrania durará años y acabará por ser un cáncer para el Estado. Sólo una escalada intensa y rápida del conflicto, que no dude en utilizar todos los medios de los que Rusia dispone, acabará con el mal. Además, es seguro que Occidente no morirá por Ucrania: ningún amo se sacrifica por su esclavo.

El gobierno ruso parece que, por fin, admite la realidad (o eso se intuye): el 11 de septiembre, en cuestión de un par de horas, los misiles Kalibr, lanzados por la armada, dejaron sin electricidad al régimen de Kíev, dañando las centrales térmicas de Járkov, Kremenchug, Pavlograd y Dniepropetrovsk. A eso se une el apagado completo de la central nuclear de Zaporozhia, que producía el 20% de la luz de Ucrania. Rusia puede dejar que la OTAN y sus cipayos correteen por unas cuantas decenas de kilómetros del pasillo de Járkov: es una derrota soportable. Pero habrá que ver si Zelenski y sus matones pueden asumir que la inmensa reserva de armamento ruso se desencadene sobre su electricidad, sus redes de transporte, sus puentes, sus embalses, sus depósitos de combustible, sus industrias o sus almacenes. Zelenski le ha discurseado al pueblo ucraniano acerca de una guerra total que, hasta ahora, sabía muy bien que no se iba a desencadenar, debido al tabú ruso de no causar un sufrimiento excesivo a un pueblo hermano. Creemos que Moscú, porque a golpes se aprende, va a cambiar de táctica y se ha decidido a atacar al enemigo en el más puro estilo OTAN. Puede hacerlo: los “expertos” olvidan que el arsenal ruso es tan letal como el de Washington y que dispone de los medios para reducir Ucrania a un solar, lo mismo que hicieron los anglosajones con Alemania, Japón, Vietnam o Irak. El invierno se acerca y ya veremos cómo le explica el sátrapa de Kíev a su pueblo que lo van a pasar con hambre y frío gracias a su muy cacareada totaler Krieg que, como en el caso de su patizambo antecesor alemán, será también, sin duda, der kürzerster Krieg.

Análisis: El cambio de juego de Jarkov

Pepe Escobar

Las guerras no las ganan los psicópatas. Pregúntale a la Alemania nazi. Aún así, ha sido un aullido ver a los medios de comunicación de la OTAN sobre Kharkov, regodeándose al unísono sobre "el golpe de martillo que noquea a Putin", "los rusos están en problemas" y tonterías variadas.

Hechos: Las fuerzas rusas se retiraron del territorio de Kharkov a la margen izquierda del río Oskol, donde ahora están atrincheradas. Una línea Kharkov-Donetsk-Lugansk parece ser estable. Krasny Liman está amenazado, asediado por fuerzas ucranianas superiores, pero no letalmente.

Nadie, ni siquiera Maria Zakharova, el equivalente femenino contemporáneo de Hermes, el mensajero de los dioses, sabe lo que planea el Estado Mayor Ruso (RGS), en este caso y en todos los demás. Si dicen que sí, están mintiendo.

Tal como están las cosas, lo que se puede inferir con un grado razonable de certeza es que una línea, Svyatogorsk-Krasny Liman-Yampol-Belogorovka, puede resistir lo suficiente con sus guarniciones actuales hasta que las nuevas fuerzas rusas puedan entrar y forzar a los ucranianos. más allá de la línea Seversky Donets.

Todo el infierno se desató, virtualmente, sobre por qué sucedió Kharkov. Las repúblicas populares y Rusia nunca tuvieron suficientes hombres para defender una línea de frente de 1.000 km de largo. Todas las capacidades de inteligencia de la OTAN se dieron cuenta y se beneficiaron de ello.

No había Fuerzas Armadas rusas en esos asentamientos: solo Rosgvardia, y estos no están entrenados para luchar contra las fuerzas militares. Kiev atacó con una ventaja de alrededor de 5 a 1. Las fuerzas aliadas se retiraron para evitar el cerco. No hay pérdidas de tropas rusas porque no había tropas rusas en la región.

Podría decirse que esto puede haber sido una sola vez. Las fuerzas de Kiev dirigidas por la OTAN simplemente no pueden hacer una repetición en ningún lugar de Donbass, Kherson o Mariupol. Todos estos están protegidos por unidades fuertes y regulares del ejército ruso.

Es prácticamente un hecho que si los ucranianos permanecen alrededor de Kharkov e Izyum serán pulverizados por la artillería masiva rusa. El analista militar Konstantin Sivkov sostiene que “la mayoría de las formaciones de las Fuerzas Armadas de Ucrania listas para el combate ahora están en tierra (…) logramos atraerlas al aire libre y ahora las estamos destruyendo sistemáticamente”.

Las fuerzas ucranianas dirigidas por la OTAN, repletas de mercenarios de la OTAN, habían pasado 6 meses acumulando equipos y reservando activos entrenados exactamente para este momento de Kharkov, mientras enviaban materiales desechables a una enorme picadora de carne. Será muy difícil mantener una línea de ensamblaje de importantes activos principales para lograr algo similar nuevamente.

Los próximos días mostrarán si Kharkov e Izyum están conectados a un impulso mucho mayor de la OTAN. El estado de ánimo en la UE controlada por la OTAN se acerca a Desperation Row. Existe una gran posibilidad de que esta contraofensiva signifique que la OTAN entre en guerra para siempre, mientras muestra una negación plausible bastante tenue: su velo de secreto falso no puede disfrazar la presencia de "asesores" y mercenarios en todo el espectro.

La descomunización como desenergización

La Operación Militar Especial (SMO), conceptualmente, no se trata de conquistar territorio per se: se trata, o se trataba, hasta ahora, de la protección de los ciudadanos rusoparlantes en los territorios ocupados, por lo tanto, de la desmilitarización y la desnazificación.

Ese concepto puede estar a punto de ser modificado. Y ahí es donde encaja el tortuoso y complicado debate sobre la movilización de Rusia. Sin embargo, incluso una movilización parcial puede no ser necesaria: lo que se necesita son reservas para permitir que las fuerzas aliadas cubran adecuadamente las líneas de retaguardia/defensivas. Los luchadores incondicionales del tipo contingente de Kadyrov continuarían jugando a la ofensiva.

Es innegable que las tropas rusas perdieron un nodo estratégicamente importante en Izyum. Sin él, la liberación completa de Donbass se vuelve significativamente más difícil.

Sin embargo, para el Occidente colectivo, cuyo cadáver se encorva dentro de una gran burbuja de simulacro, son los pysops lo que importa mucho más que un avance militar menor: de ahí todo ese regodeo de que Ucrania pueda expulsar a los rusos de todo Jarkov en solo cuatro días. – mientras que tenían 6 meses para liberar Donbass, y no lo hicieron.

Entonces, en todo Occidente, la percepción reinante, fomentada frenéticamente por expertos en operaciones psicológicas , es que el ejército ruso fue golpeado por ese "golpe de martillo" y difícilmente se recuperará.

Kharkov estuvo en un momento precioso, ya que el General Winter está a la vuelta de la esquina; el tema de Ucrania ya sufría de fatiga de la opinión pública; y la máquina de propaganda necesitaba un impulso para turbolubricar la multimillonaria línea de ratas armamentista.

Sin embargo, Kharkov puede haber obligado a Moscú a aumentar el nivel de dolor. Eso se produjo a través de algunos Kinzhals bien ubicados que abandonaron el Mar Negro y el Caspio para presentar sus tarjetas de presentación a las plantas de energía térmica más grandes en el noreste y el centro de Ucrania (la mayor parte de la infraestructura energética está en el sureste).

La mitad de Ucrania se quedó repentinamente sin electricidad y agua. Los trenes se detuvieron. Si Moscú decide eliminar todas las subestaciones principales de Ucrania a la vez, todo lo que se necesita son algunos misiles para destrozar por completo la red eléctrica de Ucrania, lo que agrega un nuevo significado a la "descomunización": desenergización.

Según un análisis de expertos ,si se dañan los transformadores de 110-330 kV, entonces casi nunca se podrá poner en funcionamiento (…) Y si esto sucede por lo menos en 5 subestaciones al mismo tiempo, entonces todo está kaput . Edad de piedra para siempre.

El funcionario del gobierno ruso Marat Bashirov fue mucho más colorido: “Ucrania se está sumergiendo en el siglo XIX. Si no hay sistema energético, no habrá ejército ucraniano. El caso es que el General Volt llegó a la guerra, seguido del General Moroz (“escarcha”).

Y así es como podríamos estar entrando finalmente en territorio de "guerra real", como en la notoria broma de Putin de que "ni siquiera hemos comenzado nada todavía".

Una respuesta definitiva vendrá del RSG en los próximos días.

Una vez más, se desata un acalorado debate sobre lo que Rusia hará a continuación (después de todo, la RGS es inescrutable, a excepción de Yoda Patrushev).

El RGS puede optar por un ataque estratégico serio del tipo decapitador en otro lugar, como cambiar el tema para peor (para la OTAN).

Puede optar por enviar más tropas para proteger la línea del frente (sin movilización parcial).

Y, sobre todo, puede ampliar el mandato de SMO: ir a la destrucción total de la infraestructura de transporte/energía de Ucrania, desde los campos de gas hasta las centrales térmicas, las subestaciones y el cierre de las centrales nucleares.

Bueno, siempre podría ser una mezcla de todo lo anterior: una versión rusa de Shock and Awe, generando una catástrofe socioeconómica sin precedentes. Eso ya lo ha telegrafiado Moscú: podemos revertirlo a la Edad de Piedra en cualquier momento y en cuestión de horas (las cursivas son mías). Sus ciudades recibirán al General Winter sin calefacción, agua congelada, cortes de energía y sin conectividad.

Una operación antiterrorista

Todos los ojos están puestos en si los "centros de decisión", como en Kiev, pueden recibir pronto una visita de Kinzhal. Esto significaría que Moscú ha tenido suficiente. El siloviki ciertamente lo hizo. Pero no estamos allí, todavía. Porque para un Putin eminentemente diplomático el verdadero juego gira en torno a esos suministros de gas a la UE, ese insignificante juguete de la política exterior estadounidense.

Putin ciertamente es consciente de que el frente interno está bajo cierta presión. Rechaza incluso la movilización parcial. Un perfecto indicador de lo que puede pasar en invierno son los referéndums en los territorios liberados. La fecha límite es el 4 de noviembre, Día de la Unidad Nacional, una conmemoración introducida en 2004 para reemplazar la celebración de la revolución de octubre.

Con la adhesión de estos territorios a Rusia, cualquier contraofensiva ucraniana calificaría como un acto de guerra contra las regiones incorporadas a la Federación Rusa. Todo el mundo sabe lo que eso significa.

Ahora puede ser dolorosamente obvio que cuando el Occidente colectivo está librando una guerra, híbrida y cinética, con todo, desde información masiva hasta datos satelitales y hordas de mercenarios, contra ti, y tú insistes en llevar a cabo una Operación Militar Especial (SMO) vagamente definida, puede que te lleves algunas sorpresas desagradables.

Entonces, el estado de SMO puede estar a punto de cambiar: está destinado a convertirse en  una operación antiterrorista .

Esta es una guerra existencial. Un asunto de vida o muerte. El objetivo geopolítico/geoeconómico estadounidense, para decirlo sin rodeos, es destruir la unidad rusa, imponer un cambio de régimen y saquear todos esos inmensos recursos naturales. Los ucranianos no son más que carne de cañón: en una especie de remake histórico retorcido, los equivalentes modernos de la pirámide de calaveras que Timur cimentó en 120 torres cuando arrasó Bagdad en 1401.

Si puede tomar un "golpe de martillo" para que el RSG se despierte. Más temprano que tarde, los guantes, de terciopelo y otros, se quitarán. Salga de la SMO. Entre en la Guerra.

 

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