Gastón Pardo

Quienes comandan los órganos del estado encargados de tutelar la actividad soberana de los mencionados por la ley para la defensa de la seguridad pública y la seguridad nacional hasta donde llegue la logística del estado, han alcanzado a poseer una autonomía considerable y una gran influencia entre sus colegas políticos y quienes se encargan del juego económico y financiero.

Algunos militares han pasado del ejercicio de su papel sectorial a activar otros campos elevados de la vida nacional. Y otros más, aunque han seguido usando el uniforme, tienden a influir con sus consejos, su información y sus juicios, en las decisiones de personajes poderosos en asuntos económicos y políticos, lo mismo que en instituciones educativas y científicas. Y con o sin uniforme, los altos cargos militares tienden en casi todos los países occidentales a influir en las opiniones de la gente.

Asimismo, han bloqueado las acciones y decisiones de los que no son partidarios. Y de esta manera se han convertido en actores esenciales para permear su poder en muchas zonas de la vida pública a las que antes no tenían entrada.

Esta dinámica de cambio ha atraído al sector militar la simpatía de las poblaciones y han llegado a fortalecer una élite indispensable del poder. Por eso cuando el exsargento de Marines, Roderic Ai Camp, se dio a la tarea de estudiar la relación de las instituciones de cultura universitaria, de las que egresan políticos, militares e incluso clérigos, por cuenta del Departamento de Estado de EEUU en México, no le costó demasiado trabajo encontrarse en las aulas con personas ansiosas de informar de sí todo lo que preguntara el estadounidense.

Así fue como el Departamento de Estado contó con información de primera, aunque sus resultados después de publicar libros y folletos no resistieron el paso del tiempo ni el ascenso de fuerzas políticas novedosas en el segundo decenio del siglo XXI.

Lo que puede predecirse: El mundo que habitamos está cada vez más regulado por la monocromía y los flujos tendidos

El formateo informático, dice el criminólogo y geopolítico doctor Xavier Raufer, es portador de una uniformización creciente. Como un banco de sardinas los canales informativos evolucionan todos en el mismo sentido, y vivimos con la impresión de que no hay más que una estación de radio, más que una cadena televisiva, más de un diario.

Este formateo informático es el que evita que la autoridad civil perciba los flujos tendidos, que no son otra cosa que la actividad criminal multidimensional, híbrida, capaz de prolongar en el tiempo la duración de delitos conectados con tráfico de estupefacientes, secuestros, desaparición de mujeres, tráfico de órganos humanos, de armas, asesinatos de tecnología de punta y otros. El centro operativo de los flujos tendidos son los cárteles del crimen organizado o las mafias de procedencia tribal.

Georgi Vasilyevich Chicherin

De ascendencia noble, Chicherin es estimado como representante de la intelectualidad rusa del siglo XIX. Su vida se desarrolló entre el 24 de noviembre de 1872 y el 7 de julio de 1936. Contrario al régimen zarista coopero primero con los socialrevolucionarios y más tarde con los socialdemócratas en el exilio. Bolchevique a partir de 1905.

Fue artífice de la expansión operativa de sus funciones como Comisario del Pueblo de Asuntos Exteriores.

Debo a mi amigo el estudioso de la geopolítica Alberto Hutschenreuter un artículo salido de su pluma sobre el Rapallo de 1922 y la posibilidad de uno nuevo. En 1922, dice Hutschenreuter: "Mientras los representantes de los países intentaban configurar un sistema de reconstrucción económica de posguerra, Alemania y Rusia enviaron representantes a Rapallo donde firmaron un acuerdo con el que daban respuesta a la Conferencia de Versalles, a la que Rusia no fue invitada y en la que Alemania fue tratada como un súbdito vencido".

Como muy bien juzga el historiador alemán Sebastian Haffner en su obra "El pacto con el diablo", el Tratado de Rapallo fue simplemente un matrimonio de conveniencia, cualquier cosa excepto una relación amorosa" Y así, Chicherin consiguió que los planes de reconstruir a Europa a costa de los países vencidos fueran condenados al fracaso.

Dice Hutschenreuter: "Alemania y Rusia fueron enemigos hasta que el poder bolchevique necesitado de un tiempo estratégico firmó un tratado de paz con Alemania en Brest Litovsk en reuniones comenzadas en 1917, una paz cartaginesa". Cinco años más tarde, en Rapallo, culminó un proceso iniciado a finales de 1921 en el que la Rusia Soviética intentó por boca de Chicherin reclamar compensaciones de guerra a Alemania. En febrero de 1922 y ante el rechazo del ministro de Asuntos Exteriores alemán, Walther Rathenau a aceptar las peticiones soviéticas, Chicherín puso fin a las negociaciones para obtener compensaciones y logró con ello que los alemanes reconocieran al gobierno soviético.

De esta manera, Rusia obtuvo ayuda técnica alemana y dio la oportunidad a que la nueva Alemania encontrara un medio para rearmarse en la medida que los rusos ocultaban el alcance de la colaboración militar rusogermana.

El acuerdo de 1922 entre Alemania y Rusia ha quedado lejos y es muy difícil en pleno siglo XXI, pero la situación cambiante entre ambos países crea un entorno geopolítico también cambiante para que ambos estados lleguen a un acuerdo concluyente que aparte la injerencia y las preferencias de terceros. Esto sería un paso civilizatorio hacia adelante.

Es impensable la guerra moderna sin el protagonismo militar. Sólo la presencia militar activa las 24 horas del día puede encargarse de la defensa de la soberanía. El Tratado de Rapallo de 1922 que repercutió en los países pactantes, fue positivo.

Dos militares alemanes de distintas épocas

La defensa de un estado soberano depende de la naturaleza de las entidades hostiles que ese estado tendría que confrontar. Es diferente cuando la clase política que está superada por su propia ignorancia en todo el planeta, entonces no se cura al paciente según la enfermedad, sino en función de los brebajes disponibles en los anaqueles; dice el doctor Raufer. En materia de defensa esta práctica conduce a modelar un adversario a la medida o a cuantificar las amenazas y los riesgos ficticios.

Cuando en una persona coinciden la capacidad militar y el dominio del derecho positivo, el estado que se beneficia con su actividad en filas tiene una ventaja en su favor. El general brigadier Friedrich August Frhr. von der Heydte es autor del libro "La guerra irregular moderna", cuyo original alemán salió al público en 1972 y en español en 1988 editado por EIR, de EEUU.  Adelantándose a la denuncia que haría el investigador suizo Daniele Ganser y que publicaría bajo el título de "Los ejércitos secretos de la OTAN", en el que se describe y analiza los distintos casos de la Operación Stay Behind, país por país de Europa Occidental, se encarga el brigadier de iluminar al lector con lo mucho que se sabía en su época sobre la guerra irregular. El brigadier fue un alto cargo en el ejército del nacional socialismo y más tarde del ejército federal.

Por su parte, el profesor Rupert Scholz, experto en derecho constitucional y antiguo ministro de la Defensa se preocupa por los efectos sobre Europa que tendrá la desocupación intempestiva de Afganistán por las fuerzas de ocupación estadounidenses y la avalancha de refugiados musulmanes que se avecina.  Llama a los países europeos a fortalecer su legislación migratoria en la necesidad de afrontar los riesgos y peligros que implican las inmigraciones "ilegales".

No olvidemos estas aportaciones de militares respetables. Chicherin, el estadista ruso ya citado, apoyó en su momento con el auspicio de su gobierno el cambio de equipo gobernante en Turquía. El grupo republicano de Atartuk, cuya legitimidad reclama en beneficio de su propia causa el estadista supremo Erdogan es fundador de la Turquía moderna y Erdogan será la figura central de una nueva geopolítica regional otomana.