El antiguo régimen iraquí atacó aldeas iraníes con armas químicas surtidas por un EE.UU. que asesinó a otros iraníes al derribar un avión comercial de Irán Air.

3. Hiroshima iraní, resultado de las estrechas relaciones de camaradería entre EE.UU. con el Irak de Sadam Husein

Una de las manifestaciones más obvias de los crímenes de Estados Unidos contra la humanidad es su amparo total al entonces régimen baasista del dictador Sadam Husein en Irak y su apoyo político y logístico militar a sus campañas de bombardeos químicos sobre las poblaciones civiles kurdas iraquíes e iraníes durante la guerra entre Irak e Irán (1980-1988).

Aun cuando han pasado más de 33 años de la masacre indiscriminada que supuso la campaña de bombardeos químicos del régimen iraquí contra los municipios noroccidentales kurdos iraníes de Sardasht, Sarpole Zahab, Gilane Gharb y Oshnaviye y Halabja, población kurda situada en el norte de Irak, su nefasto recuerdo no se ha desvanecido de la memoria colectiva de los iraníes e iraquíes de bien.

Durante la guerra de ocho años impuesta a Irán, en varias ocasiones, el entonces régimen baasista de Irak utilizó armas químicas, con la complicidad de los países occidentales, liderados por EE.UU., para impedir el imparable avance del frente del Ejército iraní contra las fuerzas agresoras iraquíes.

La campaña de bombardeos químicos se inició a medida que el entonces régimen iraquí se veía incapaz e impotente de consumar su agresión territorial sobre su vecino iraní por las sucesivas victorias de las Fuerzas Armadas de la República Islámica de Irán que mes tras mes infligían duras y sonadas derrotas a los destacamentos del ejército invasor, como la memorable liberación de la ciudad de Joramshahr, situada en la provincia suroccidental de Juzestán, del 24 de mayo de 1982, entre otros ejemplos.

Los mandos iraquíes en su intento de impedir la derrota y el repliegue de sus efectivos de sus posiciones por el avance de las fuerzas iraníes integrantes de las muchas campañas militares de carácter defensivas contra las fuerzas invasoras, como Valfajr 2, Valfajr 4, Jyber y Badr, recurrieron al uso de armas químicas con agentes múltiples como cianógeno, gas mostaza y gases neurotóxicos, entre otras sustancias.

Los aviones del régimen iraquí bombardeaban indiscriminadamente las posiciones iraníes sin importarles en lo más mínimo que esta práctica sea contraria a los principios de derechos humanos y prohibida, aparentemente, por la Organización de las Naciones Unidas (ONU), cuyos Estados miembros para cuando movieron fichas, eso sí muy tibiamente, en aras de condenar el genocidio ordenado por el dictador iraquí por medio de alguna resolución, cuyos crímenes no se limitaban solo contra el personal militar de Irán, sino que en su delirio apuntaba también a la población civil del país persase topaban con el veto de Estados Unidos.

De acuerdo con las cifras oficiales publicadas por la Fundación de Asuntos de Mártires y Veteranos de Irán (FMVA, por sus siglas en inglés), los bombardeos químicos de Irak durante este periodo bélico dejaron algo más de 5000 víctimas mortales y 107 000 heridos iraníes, de los cuales unas 63 000 personas todavía sufren las dolorosas consecuencias de las lesiones crónicas de esta práctica inhumana.

De hecho, después de la sangrienta guerra, el propio régimen iraquí, presionado por la comunidad internacional de admitir su responsabilidad sobre el uso de armas de destrucción masiva, reconoció que sus científicos castrenses habían procesado unas 1800 toneladas de gas mostaza, 600 toneladas de sarín y 140 toneladas de tabún como agentes nerviosos en la fabricación de las refreídas bombas químicas. [1]

El 29 de junio de 1987, los caza bombardeos del régimen iraquí lanzaron un ataque con armas químicas sobre Sardasht, localidad situada en el noroeste de Irán, que costó la vida a 113 civiles y dejó más de 5000 heridos. Esta ejecución se considera como uno de los peores ataques químicos que se perpetró desde el fin de la Primera Guerra Mundial.

Varias víctimas menores de edad yacen en el suelo junto a su progenitora víctimas todos de los bombardeos químicos del régimen iraquí del dictador Sadam Hussein ejecutados sobre la población iraní de Sardasht el 29 de junio de 1987.

En las primeras horas de la alba del 21 de julio de 1988, varios aviones de combate iraquíes lanzaron una serie de ataques con bombas químicas sobre las aldeas Sarpole Zahab, Zarde, Gilane Gharb, localidades situadas en la provincia de Kermansha, y Oshnaviye, poblado ubicado en la provincia de Azarbayejan occidental, donde causaron la muerte por asfixia a unas 2650 personas e hiriendo a otros miles de aldeanos.

Unos cuatro meses antes de estos horribles sucesos mencionados, los aviones del Ejército iraquí bombardearon en la noche del 16 de marzo de 1988 la ciudad kurda de Halabja, norte de Irak; los ataques que se prologaron durante toda la noche con agentes múltiples como cianógeno, gas mostaza y gases neurotóxicos, entre otras sustancias, masacraron a unas 5000 personas, en su mayoría civiles y 10 000 más resultaron heridos.

Algunos de los supervivientes de este genocidio, ordenado por el dictador Sadam Husein en represalia por el apoyo brindado por los combatientes kurdos al Ejército iraní en un conflicto que él mismo fue su artífice, tras tres décadas, todavía sufren por las consecuencias del cáncer y otras enfermedades causadas por los gases tóxicos.

El papel de EE.UU. en esa cruel campaña de bombardeos químicos del régimen iraquí de entonces

El genocidio de Sardasht, considerado como uno de los peores ataques con armas de destruición masiva tras los bombardeos atómicos de EE.UU. sobre Hiroshima, es una mancha negra dentro de los más oscuros episodios de la historia de la humanidad que evidencia claramente el apoyo de quienes vienen alardeando de ser los “verdaderos defensores” de los derechos humanos, en concreto los países occidentales, liderados por Estados Unidos, a los actos terroristas y la pasividad de las instituciones internacionales a este respecto.

Esta circunstancia quedó bien demostrada en cuanto Washington hizo uso de su derecho de veto para impedir que se aprobara en el seno del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (CSNU) una resolución condenatoria contra el régimen iraquí, a petición de las autoridades iraníes, por haber hecho uso de armas químicas, tajantemente prohibidas por el Protocolo de Ginebra de 1925 al que se adhirió Bagdad en 1931, en sus ataques aéreos indiscriminados sobre el territorio persa.

Desde que comenzara el conflicto irano-iraquí, allá el 22 de septiembre de 1980, los iraníes venían denunciando sin parangón, hasta su fin el 20 de agosto de 1988, a los estadounidenses ante la comunidad internacional por haber abastecido al régimen de Sadam Husein con armamento químico que el dictador utilizó durante la guerra impuesta a la República Islámica de Irán.

De hecho, el papel de las compañías estadounidenses para capacitar a Irak a conseguir armamento químico que utilizó contra Irán fue un secreto a voces que se destapó años más tarde. En agosto del 2002, el diario estadounidense The New York Times publicó un informe en el que sostenía que, según fuentes militares, Estados Unidos ayudó a Bagdad durante la guerra que sostuvo contra Teherán a pesar de que el espionaje norteamericano sabía que los iraquíes usaban armas químicas. [2]

El reporte anotaba que el apoyo al entonces dictador iraquí Sadam Hussein fue facilitada durante la Administración de Ronald Reagan (1981-1989), aun cuando la Casa Blanca había condenado el uso de esta clase de armas.

Parte de la asistencia logística de EE.UU. a Irak, durante su guerra de ocho años con Irán, consistió en facilitar a las fuerzas armadas del régimen iraquí del entonces planes de batallas e informaciones del espionaje norteamericano sobre los movimientos de las tropas iraníes contra las fuerzas invasoras de Bagdad, conforme el rotativo neoyorquino.

En agosto de 2013, unos documentos desclasificados de la Agencia Central de Inteligencia de EE.UU. (CIA, por sus siglas en inglés) vinieron a confirmar el apoyo logístico militar brindado por los estadounidenses a los iraquíes durante la cruenta guerra contra Irán, revelado once años antes por The New York Times. [3]

Según los informes desclasificados de la CIA, elaborados a partir de unas entrevistas con exfuncionarios de inteligencia norteamericana a los que tuvo acceso en su día la revista Foreign Policy (FP)Washington tenía en su poder pruebas fehacientes de ataques químicos iraquíes sobre Irán a partir de 1983, recopilados y facilitados por los mismos agentes de inteligencia  estadounidense de misión en campo de la zona de conflicto.

El medio estadounidense reveló el hecho de que a los altos funcionarios de la CIA, incluido el entonces director de la agencia de espionaje William J. Casey, muy cercano al círculo de confianza de Reagan, se les informó sobre la ubicación de las plantas de ensamblaje de armas químicas iraquíes; que Irak estaba tratando desesperadamente de hacerse con suficiente agente mostaza para mantenerse al día con la demanda de primera línea de sus fuerzas; y de que el régimen iraquí estaba a punto de comprar equipos de Italia para destinarlos a acelerar la producción de su arsenal de una serie de artillería y bombas equipadas con sustancias químicas de agentes nerviosos para usarlas contra las tropas iraníes y posiblemente sobre poblaciones civiles del país vecino.

En los documentos de la inteligencia estadounidense desclasificados se incluían imágenes satelitales, mapas y otros datos sobre los movimientos de tropas iraníes, así como las ubicaciones de las instalaciones de logística de las Fuerzas Armadas y detalles sobre las defensas aéreas iraníes, recogió FP en su reporte asegurando, a su vez, que los iraquíes usaron gas mostaza y sarín durante el desarrollo de cuatro importantes operaciones militares iraníes a principios de 1988.

Las atrocidades estadounidenses dirigidas en contra de los iraníes no tenían límites por aquel entonces, y aún persisten con el paso del tiempo, pues tal y como se señala en otro reporte de The New York Times, los miles de documentos de la Policía secreta iraquí obtenidos por las fuerzas de EE.UU., allá en 2003, luego de haberse consumado en su totalidad la intervención militar sobre Irak, so pretexto de derrocar al régimen de Sadam Husein, revelan que mientras la aviación iraquí llevó a cabo el ataque químico contra la población kurda de Halabja, Washington, plenamente consciente de que era Bagdad, acusó a Teherán de ser en parte responsable del tal genocidio; De tal forma que el Departamento de Estado de EE.UU. ordenó en ese momento a sus diplomáticos, que con todas sus fuerzas, divulguen por allí que Irán era en parte culpable de tal mascare. [4]

Cabe destacar que Amnistía Internacional (AI) recogió en un informe suyo, publicado en mayo de 2003, que los países occidentales, EE.UU., el Reino Unido y Alemania, entre otros, proveyeron a Irak de una vasta tecnología armamentística biológica y química. [5]

En su reporte de 94 páginas y titulado “Catálogo de fracasos: Exportaciones de armas del G8 y violaciones de derechos humanos”, la oenegé pro derechos humanos citando otra línea de investigación al respecto, señaló que unas diecisiete empresas británicas, 24 firmas estadounidenses y otra 80 alemanas suministraron y vendieron tecnología armamentística al régimen de Irak.

4. EE.UU., “defensor” de los derechos humanos, condecora al capitán del navío responsable de asesinato de pasajeros iraníes del vuelo 655 de Iran Air

El 3 de julio de 1988, el crucero de la Marina estadounidense USS Vincennes, equipado con sistema de defensa antimisiles Aegis, lanzando sus armas guiadas contra el avión del vuelo comercial 655 de Irán Air, aerolínea bandera de la República Islámica, lo derribó sobre las aguas del Golfo Pérsico asesinando, en consecuencia, a los 290 personas a bordo, 66 niños menores de 13 años, 53 mujeres y 46 extranjeros e incluidos 16 tripulantes.

La aeronave comercial que había despegado minutos antes del impacto mortal del misil estadounidense del aeropuerto internacional de Bandar Abbas, ciudad iraní a orillas del Golfo Pérsico, con rumbo a Dubái (los Emiratos Árabes Unidos) se estrelló cerca de la isla de Hengam por un simple “fallo” de los sofisticados sistemas de radar del buque de la Armada norteamericana que lo confundió con un caza de combate iraní, según alegaron en su día los altos mandos del Departamento de Defensa de EE.UU. (el Pentágono).

 

Los restos de fuselaje del avión de la aerolínea Irán Air, derribado sobre las aguas del Golfo Pérsico por un misil lanzado desde el crucero de la Marina estadounidense USS Vincennes, el 3 de julio de 1988.

De hecho, días después del accidente, los oficiales estadounidenses intentaron retratar su crimen brutal como un pequeño error, citando disensión y declaraciones contradictorias. En su intento de lavarse las manos, alegaron diciendo que el capitán del navío, William C. Rogers III, dio la orden de disparo por que los radares a bordo identificaron al avión como un cazabombardero F-14 de la Fuerza Aérea Iraní que descendía en un perfil de ataque contra el USS Vincennes que se encontraba en las aguas internacionales del Golfo Pérsico.

Las autoridades iraníes han mantenido desde entonces que estas explicaciones dadas por el Pentágono son inverosímiles y se tratan de puros pretextos, pues, según Teherán, debido a que el referido buque de combate por haber estado equipado con los sistemas de radar y computadora más avanzados del momento, el comandante sabía perfectamente que el tipo de avión en su mira era de vuelo regular de carácter civil, y, por ende, descartan por completo la posibilidad de un “error”apuntan a que este acto se tomó con una total alevosía y completamente intencional.

Ante tal despropósito y criminal medida hostil de Washington, la República Islámica de Irán no guardó silencio y el 5 de julio del mismo año, exigió la convocatoria de una reunión de carácter extraordinaria del CSNU para investigar y esclarecer los pormenores de este nuevo crimen estadounidense contra el pueblo iraní.

El 16 de julio de 1988, el Consejo de Seguridad convocó una reunión para abordar el tema, a la que también asistieron Ali Akbar Velayati, el entonces ministro de Asuntos Exteriores de Irán, y George W. Bush padre, entonces vicepresidente de Estados Unidos.

La presencia militar de Estados Unidos en el Golfo Pérsico es solo un presagio de muerte, desorden y maldad, y no ha traído más que inseguridad”, indicó Velayati a las delegaciones de los Estados miembros del CSNU presentes durante la reunión. Asimismo, resaltó que “el acto criminal de Estados Unidos al atacar un avión comercial no se puede justificar de ninguna manera alegando que se trató de un acto en defensa propia”.

Por su parte, Bush “defendió” a su país ante los delegados declarando que el derribo del avión comercial de Iran Air se trató simplemente de un daño colateral propio de una situación de guerra como lo era por el entonces conflicto irano-iraquí.

La prepotencia de Washington era de tal grado que el vicepresidente de Reagan, en una conferencia de prensa celebrada el 2 de agosto de 1988 dijo, “Nunca me disculparé por Estados Unidos de América. No me importa lo que los hechos digan” en referencia al derribo del avión comercial iraní por el crucero lanzamisiles USS Vincennes. [6]

Lo que Bush llamó un daño colateral característico de una situación de guerra resulta que con las posteriores investigaciones realizadas por la revista Newsweek quedó demostrado que la entonces Administración Reagan encubrió muchos hechos y datos durante las pesquisas. El capitán de USS Vincennes admitió en 1992 que estaban navegando dentro de las aguas territoriales de Irán, cuando disparó el misil contra el avión comercial, lo cual desmiente la versión oficial de que eran aguas internacionales.

Por último y no por ello menos decepcionante, William C. Rogers III, el referido capitán del crucero estadounidense, recibió la condecoración de la Legión de Mérito por su “conducta excepcionalmente meritoria en el desempeño de un servicio sobresaliente como oficial al mando USS Vincennes desde abril de 1987 a mayo 1989”. Un hecho que deja en claro que los estadounidenses mientras no les convenga defender los derechos humanos, un tema del que sus autoridades alardean ser el país baluarte de estos principios en el mundo, se hacen los desentendidos.

Continuará...

Referencias:

[1]. Seeking answers for Iran’s chemical weapons victims—before time runs out, by Richard Stone.
[2]. Officers say U.S. aided Iraq in war despite use of gaz, by Patrick E. Tyler.
[3]. Exclusive: CIA files prove America helped Saddam as he gassed Iran, by Shane Harris and Matthew M. Aid.
[4]. Halabja: America didn’t seem to mind poison gas, by Joost R. Hiltermann.
[5]. “Catálogo de fracasos: Exportaciones de armas del G8 y violaciones de derechos humanos”, pag 13.
[6]. GHW Bush: “I don't care what the facts are”.

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