Ricardo Segura Ballar

En estos momentos de tribulación por los que pasa gran parte de la humanidad, si no toda, es necesario hacer un balance sereno de la situación porque la información que divulgan los medios, casi sin excepción, es para suponer que dentro de un mes la humanidad se habrá extinguido. Los serviles medios de comunicación corporativos,  controlados en su mayoría por los sectores dominantes mundiales,  cuando les interesa buscan o fabrican la fuente de las noticias  y manipulan los contenidos de acuerdo con sus intereses de clase.  Estos medios corporativos son expertos cuando se trata de plegarse a esos escenarios de pánico fabricados para defender los intereses del capitalismo financiero globalizado  convertido hoy en una maquinaria rapaz de muerte y destrucción y sin escrúpulos cuando se trata de alcanzar sus objetivos.

Ejemplos de esos escenarios sobran, pero uno de ellos les sirvió muy oportunamente para llevar el caos y la destrucción a todo el Medio Oriente y este fue el atentado a las Torres Gemelas. Esto condujo al imperialismo anglosajón a manipular un escenario de caos y pánico siguiendo la doctrina Rumsfeld-Cebrowski, especialmente sobre el pueblo norteamericano para justificar la invasión a Irak. Esa guerra produjo, desde el 2003, cuando se dio el acto de agresión cometido por Estados Unidos y el Reino Unido, 2.4 millones de muertos. Las corporaciones mediáticas incluyendo las nuestras nunca se referían o se mostraron preocupadas por esa cantidad de muertos, de hecho nuestro país fue partícipe de esa coalición agresora. Esta situación podemos contrastarla con lo que está ocurriendo actualmente cuando esas corporaciones nos saturan de terror a raíz del brote viral que ya cobra múltiples vidas en todo el mundo, especialmente en Europa, donde ya se han impuesto toques de queda en casi todos los países bajo “manu militari” para imponer de manera forzada el distanciamiento social. Ahora somos testigos del mismo fenómeno en el continente americano.

Pero esos toques de queda, bajo “manu militari” nunca se han puesto en práctica para resolver  alguno de los problemas más angustiantes de la humanidad. El virus del hambre es uno de ellos y que, como nos alerta  Jean Ziegler: "El año pasado (2019), cada cinco segundos murió de hambre, o de sus secuelas inmediatas, un niño menor de diez años". Continuando con los datos duros, el experto advierte que de las 70 millones de muertes que se producen anualmente, 14,8 millones se producen por conflictos vinculados a carencias alimenticias. Ziegler califica este orden de cosas como un “orden mundial caníbal, donde los muy ricos se alimentan de la sangre y la carne de los muy pobres. Personas muertas por el virus del hambre hoy, 28000 personas, mañana será igual y las corporaciones mediáticas no se refieren a esto porque simplemente son parte de ese orden mundial caníbal.

Por eso es importante externar las sospechas sobre este brote viral. Ya de por sí el modelo capitalista financiero estadounidense venía presentando graves problemas, una deuda corporativa impagable, una guerra comercial con China que no dio los resultados esperados y China fortaleciendo la Ruta de la Seda, una guerra de precios del petróleo a la baja que compromete toda la industria de esquisto en EEUU que indudablemente irá a la quiebra, el dólar debilitado como moneda de intercambio y además, EEUU tal y como lo informa el Bank of America ya se encuentra en recesión económica. Irán, bajo ataque del imperialismo norteamericano, un hueso duro de roer y un país donde extrañamente el brote viral está causando estragos perversos.  Y por supuesto Rusia, recuperando Crimea y enfrentando con éxito las sanciones impuestas por EEUU y la servil Unión Europea y mientras sigue apoyando a países como Siria, Venezuela, Irán, Cuba y convirtiéndose en el único obstáculo militar que puede destruir a EEUU en treinta minutos. De manera que este brote viral lo podríamos ubicar en el terreno de la guerra híbrida, donde todo es válido y que, al igual que el atentado a las Torres Gemelas, les ha caído como del cielo a los gobiernos y a las corporaciones que no dudarán en aprovecharlo para magnificar sus ganancias por medio de rescates como ocurrió durante la crisis del 2008 y trasladar el costo de la crisis a la clase trabajadora como efectivamente ocurrió. En aquel entonces, encontraron el mecanismo, por medio del déficit fiscal, y la troika, el BCE, el FMI y la CE impusieron políticas draconianas de austeridad para recortar la inversión pública para reducir el déficit fiscal  (entre esos recortes estaba la inversión en salud)  y con políticas antilaborales dejaron  como resultado un paisaje de desolación, muerte y ruina para los trabajadores.

Todo es parte de lo que se conoce como la “doctrina del shock”  que Naomi Klein la define como una estrategia política basada en la utilización de las crisis a gran escala para impulsar políticas que sistemáticamente profundizan la desigualdad, enriquecen a las elites y debilitan a todos los demás. En momentos de crisis, la gente tiende a centrarse en las emergencias diarias de sobrevivir a esa crisis, sea cual sea, y tiende a confiar demasiado en los que están en el poder. Quitamos un poco los ojos de la pelota en momentos de crisis, nos dice la activista Klein. Así es como estamos.

Nuestro país no estará exento de eso. Los sectores dominantes impulsarán políticas que los favorezcan en esta crisis aprovechando precisamente la doctrina del shock. La clase trabajadora en general será la más perjudicada. Los sectores populares y sindicales deben estar muy atentos porque cuando se trata de defender los intereses de clase, indistintamente de la situación los sectores dominantes no tendrán ningún miramiento.

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