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Estas elecciones -como ocurrió con las catalanas de febrero- no pueden ser consideradas, ni como un “test nacional”, ni siquiera como unas elecciones “normales”: se han realizado en la “era Covid” y sus resultados han estado, visiblemente, alterados por la mala gestión del gobierno del Estado ante la pandemia.

Aún así es evidente que los resultados resultan significativos e indican el grado de erosión del PSOE. Podemos, tanto a nivel de comunidad autónoma como a nivel de Estado, algunos elementos significativos que nos dirán mucho sobre lo que se avecina en los próximos años:

LAS ELECCIONES MADRILEÑAS EN CLAVE REGIONAL

- La victoria del PP ha sido aplastante y sin paliativos. Era de esperar y solamente el CIS la podía poner en duda (la erosión de este organismo público es tal que Tezanos, no solamente debería dimitir, sino incluso ser procesado por tratar de influir en los resultados electorales utilizando un organismo público y en plena campaña).

- La “crispación” que se ha desarrollado en plena campaña ha tenido un solo responsable: Pablo Iglesias que ha pagado con su dimisión sus sobreactuaciones, presentando estas elecciones como una “lucha contra el fascismo”, fascismo, por lo demás inexistente, alardeando del dominio de la izquierda en la “Plaza Roja” (que ahora solo es “roja” a título póstumo)) y enviando a sus escoltas a boicotear los mítines de Vox.

- Ayuso no ha tenido que hacer gran cosa para vencer: sus acciones durante la pandemia le han atraído los votos de sectores que hasta ahora nunca habían votado a la derecha. Las restricciones en Madrid han sido mucho más laxas que en cualquier otro lugar del Estado, en especial en la hostelería y los resultados, en cifras no son peores que en otras comunidades en las que el cierre de la hostelería (con todo lo que implica) ha sido más riguroso.

- La izquierda madrileña, dividida en tres fragmentos, ha pagado caro su división, como la pagó la derecha en las últimas elecciones generales. Ciertamente, en Madrid existe una fuerza ausente en la mayoría de comunidades, Mas Madrid, que se ha beneficiado de votos llegados de un PSOE desmovilizado y de un Podemos en bancarrota e histérico, pero no es menos cierto que el hecho de que MM haya igualado los resultados del PSOE es significativo de la erosión del partido de Sánchez.

- Gabilondo era el último resto que le quedaba al PSOE de un “viejo profesor presentable”. Nadie duda que esta derrota supone, en lo personal, el final político del candidato y también el final de la presencia de catedráticos, intelectuales, y se queda en cuadro con especialistas en el saqueo de los fondos públicos, tendencia que ya podía preverse desde la llegada de ZP a la secretaría general.

- A lo largo de la precampaña y de la campaña, Gabilondo fue un títere para los estrategas electorales de la Moncloa: a pesar de no ser un tipo radical, ni visceral, se vio embarcado en una campaña “antifascista” que, como hemos visto, fracasó; en plena campaña intentó asumir los “valores de la izquierda moderada”, pero la irrupción de Sánchez le restó credibilidad al defender el entendimiento con Podemos y, el “antifascismo militante”, y en el último tramo de la campaña, se convirtió en un títere de Tezanos y de sus burdas manipulaciones. Sin perfil definido, se deslizó por la pendiente del fracaso. Solo le quedaría mostrar un poco de dignidad dimitiendo y regresando a su cátedra.

- Abascal y Vox puede respirar tranquilo: las elecciones para ellos se presentaban en un escenario particularmente difícil para este partido y el “voto útil” corría el riesgo de barrerlos del mapa. Los resultados demuestran que Vox tiene un electorado fiel, que demostrará su capacidad de crecimiento en cuanto se disipen las medidas de Ayuso durante la pandemia. Pero, en relación a los anteriores resultados, su papel político resultará disminuido y parece difícil que Ayuso cuente con ellos para formar gobierno.

- La merma en el papel político de Vox puede entenderse mejor si tenemos en cuenta que los diputados obtenidos por Ayuso superan a los de los tres grupos de izquierda. Por tanto, solamente precisará la abstención de Vox para gobernar cómodamente. Y no parece probable que Vox se alinee con la izquierda en la legislatura, luego le queda solamente la opción del “apoyo crítico” que realizará desde el exterior del nuevo gobierno de la comunidad.

- La victoria del PP demuestra que una líder sin apenas experiencia política y jugando la carta “populista” gracias a algunas tomas de posición que satisfagan los sentimientos localista. Frente a esto, el PSOE se equivocó manteniendo durante dos años a Podemos como incómodo socio de gobierno, dejando que sus ministros realizaran todo tipo de excesos, incluso viéndose arrastrados por ellos en materia de “ideologías de género”, generando hilaridad en sectores que hasta ese momento les habían votado.

- El aumento de votos de Mas Madrid puede interpretarse como la consolidación de una nueva forma de izquierda: algo más radical que el PSOE, pero no tan caricaturesca como Podemos (ayer, la foto de su “estado mayor” ante las cámaras lamentando la dimisión de Iglesias, era antológica sobre la marginalidad de sus integrantes). En MM parecen haberse dado cuenta que el “antifascismo” vintage no reporta los frutos esperados y que la sobreactuación en materia de “ideologías de género” puede ser contraproducente.

- El gran fracaso de Iglesias consistió en jugar a doble o nada: o se presentaba como “redentor de la izquierda” y lograba la victoria unificando a las distintas tendencias y en especial los votos de MM y de UP, o bien fracasaba y volvía a las tertulias de televisión. Cuantificados los réditos económicos y a la vista de los resultados, no le quedó más remedio que dimitir. En cuanto a MM se benefició de las declaraciones Mónica García oponiéndose desde el primer momento a que Iglesias liderase la izquierda.

- Institucionalmente, el porcentaje de asistencia en Madrid ha sido extremadamente alto en relación al que acudió a las urnas en Barcelona apenas tres meses antes. La causa solamente puede ser una: la generalitat de Cataluña es, casi por definición, desde su nacimiento en la transición, una institución nacionalista e independentista, es decir, que gobierna y satisface solamente a una parte de los catalanes, mientras que el gobierno de la comunidad de Madrid mantiene su perfil de institución de “todos los madrileños”. En Cataluña el electorado no-nacionalista consideró que no valía la pena votar, mientras que, en Madrid, ha existido, desde el origen de la institución, mayor pluralidad.

LOS RESULTADOS ELECTORALES EN CLAVE NACIONAL

- El gran perdedor de las elecciones madrileñas fue Pedro Sánchez, a pesar de que en la última fase de la campaña electoral desapareciera para evitar que su imagen quedara erosionada por la previsible derrota de su sigla. El ego de Sánchez no ha soportado nunca que en su comunidad fuera donde su figura, significativamente, resultara más cuestionada. De ahí que estableciera un pulso contra Ayuso y boicoteara cualquier medida que ésta adoptara, lo que, paradójicamente, dio armas a la candidata del PP, muchas más de las que sus capacidades políticas reportaban a su partido.

- Hay que recordar que el adelanto de las elecciones madrileñas coincidió con la maniobra sanchista de impulsar mociones de censura en las comunidades en las que el gobierno regional dependía de los votos de Ciudadanos. Vale la pena no olvidar el carácter involuntariamente suicida de esa maniobra que ha precipitado efectos inesperados para su promotor. Al PP no se le escapó esta nueva estrategia que capeó en Murcia, en Castilla-León y en Madrid convocando aquí elecciones anticipadas, algo que los estrategas del PSOE no pudieron calcular. El resultado ha sido, la desintegración absoluta de Ciudadanos, que en las próximas semanas empezará a sufrir una sangría de los cargos electos que le quedan, aproximándose a pasos agigantados a su disolución.

- La desaparición del centrismo podía esperarse desde la dimisión de Alberto Rivera. Hay que recordar que Cs solamente ha hecho bien en su historia una cosa: oponerse en Cataluña al independentismo. Su éxito allí implicó una salida del marco catalán que nunca debía de haber realizado: fuera de Cataluña su única posibilidad era servir de bisagra, como socio al PP o al PSOE, una actitud, por definición, oportunista y sin principios que suponía a medio plazo su descalificación: se votaba a Cs para no votar ni al PP ni al PSOE, pero su electorado toleraba mal que luego sus votos sirvieran para apoyar al PP o al PSOE. La mediocridad y el oportunismo de Arrimadas, su desconocimiento de los mecanismos de la política estatal, han implicado su liquidación política.

- Si bien, el PP parece que recuperará una parte de los votos de Cs, no parece tan claro que Casado haya sido el “gran vencedor” de estas elecciones. De hecho, su figura apenas ha aparecido en campaña y desde el balcón de Génova, tuvo un protagonismo muy secundario. El PP sigue teniendo un problema de liderazgo: Casado no “emociona” al electorado conservador y Ayuso sigue siendo un fenómeno madrileño. Si bien está claro que los resultados de ayer, favorecen al PP, incluso a sus aspiraciones a recuperar el gobierno de la nación, no es menos cierto, que Casado sigue todavía alejado de convertirse en alternativa de gobierno y que los resultados de Madrid no pueden extrapolarse a nivel nacional.

- El hecho de que, fuera de Madrid, el PP esté todavía debilitado y que los votos procedentes de la liquidación de Cs estén aún en tierra de nadie, da esperanzas de Vox de poder consolidar su situación a nivel nacional y de crecer cuando se convoquen las próximas elecciones generales. Si bien en Cataluña, los resultados que obtuvo no garantizan su perennidad (en Cataluña, el que más antiseparatista se muestre obtendrá siempre los votos del rechazo a la institución autonómica), estos, unidos a los obtenidos ayer, evidencian que el partido de Abascal tiene todavía un largo ciclo político por recorrer. Pero, a diferencia de Cataluña, en donde se produjo el “sorpaso” en relación al PP, en Madrid la diferencia de votos entre ambas formaciones se ha ampliado.

- La izquierda española va a ser el sector que más duramente va a vivir el período posterior a las elecciones madrileñas: no cabe la menor duda de que Sánchez, oportunista sin escrúpulos, adoptará las medidas que le indique Tezanos: sacrificar a Podemos, reducir su presencia en el gobierno, tender la mano a MM y llamar en su apoyo a los diputados de Cs. Eso, o seguir como si nada hubiera ocurrido, con las “ministras”, los “ministros” y “ministres” como si tal cosa, sin reconocer la derrota aplastante, y seguir con sus monsergas de género, permitiendo la llegada de miles y miles de inmigrantes ilegales innecesarios, tutelando menas y cubriendo sus desmanes, llamando “ERTES” a lo que debería llamarse “paro” y alardeando de que aquí vacunamos tanto y tan bien y somos tan “cool” que enviamos vacunas a África… Sánchez debe sentirse en estos momentos, como sitiado en La Moncloa, al igual que el Fort Apache estaba rodeado de indios y tribus hostiles. Ha comprobado que, a pesar de que la opinión pública es manipulable y modelable gracias a los medios y al CIS, la población solamente entiende de necesidades satisfechas: o las satisface o pierde.

- Los partidos nacidos hace 11 años, Ciudadanos y Podemos, pueden darse por liquidados, su ciclo ha concluido. De Cs solamente hace falta enterarse de la hora y el día de su funeral. Con Podemos la cosa va a ser algo más prolongada, pero si tenemos en cuenta que Podemos es un agregado inorgánico de círculos, siglas, grupos locales, partidos (no olvidemos que ahí sigue Izquierda Unida y, dentro de ésta, el Partido Comunista de España), nos atrevemos a decir que la salida de Iglesias supone el gran batacazo de esta sigla que, a partir de ahora, ya no tiene ningún perfil público que garantice la unidad de todo este agregado de átomos arrastrado por consignas fáciles, sobreactuaciones y puras y simples "provocaciones" del peor estilo truhanesco. Las encuestas dirán de dónde han procedido los votos que ha obtenido Podemos en estas elecciones, pero no es ningún secreto que los “nuevos españoles” han tenido en el “gran mantero jefe” una referencia. Entre eso, los colgaos, las feminitudas y los despistados, y la presencia de Cintora en TVE1, se entiende que la sigla haya sobrevivido temporalmente. Pero dar coherencia a aquello que, interiormente, nunca lo ha sido, resultará muy difícil para el que se siente en la poltrona de Iglesias.

CONCLUSION: ¿CAMBIO DE TENDENCIA? NO PARA MAÑANA

Los resultados de ayer son un toque de atención para Sánchez, pero no su final político. Como ególatra, ambicioso sin escrúpulos, hará todo lo posible para sobrevivir. Cambiar de alianzas y renovar su gobierno parecería normal en una democracia que fuera normal, pero no en la española en donde, tradicionalmente, un cambio de gobierno supone la evidencia de una crisis. Hasta ahora, el gobierno de España ha estado en manos de Sánchez, apoyado por la no-España, el resultado ha sido que el voto en Madrid -si bien condicionado por la época Covid- se ha realizado también en clave nacional: han hablado los que estaban hartos de Sánchez y de la presencia de impresentables en la coalición de gobierno, han hablado los que se ríen de las excentricidades y sobreactuaciones de la izquierda en todos los terrenos, del “antifascismo”, de los Menas “nuestros niños”, de las “ideologías de género” y del “aquí mando yo y yo reparto los millones de Europa”.

Porque ésta es, a fin de cuentas, la gran cuestión: Europa sigue siendo remisa a dar un talón con fondos elevados a un presidente que demostró que su partido quedaba en tercer lugar en el ranking de resultados y que su alianza con Podemos es lo único que le mantiene en el poder. Hará falta oír al jefe del Fort Apache para saber si rectifica o si opta por apoyar su colt sobre la sien y dispararse un tiro afirmando que aquí no ha cambiado nada y que todo sigue igual.

Lo que se ha producido es un simple cambio de votos: el electorado ya no es fiel a una sigla o a otra, es influenciable, pero hasta cierto punto, sus necesidades las experimenta más que nunca, especialmente en momentos de crisis. Por otra parte, ya no se vota a favor de tal sigla -esto es, por convencimiento- sino en contra de otro rostro: del malo de la película. Y en este caso, el malo ha sido Sánchez y su bufón Iglesias.

Por Ernesto Milá

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