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Llegó el día de autos, el decisivo 7 de septiembre de 2013 en el que casi toda España esperaba que en su gran show argentino el Comité Olímpico Internacional (COI) seleccionara a Madrid como la ciudad organizadora de los Juegos Olímpicos de 2020, los de “a la tercera va la vencida”, y con él la gran decepción: su eliminación en el primer tramo de la votación, y con el resultado más penoso de las tres ocasiones sucesivas en las que se optaba a ser sede del evento (en Singapur para los JJ OO de 2012, en Copenhague para los de 2016 y en Buenos Aires para los de 2020).

Una derrota sentida como es lógico de forma generalizada, pero sobre todo por el llamado ‘mundo del deporte’. Aunque quizás no tanto como la han podido sentir los políticos del PP directamente afectados, porque ellos son los que más se habrían beneficiado de una decisión favorable a Madrid, presentando ‘su’ victoria como un triple éxito del Gobierno del PP, de un Ayuntamiento del PP y de una Comunidad Autónoma del PP (por supuesto exhibiendo en su caso con ella el recurrente “esto con Zapatero no pasaba”), y como punto de inflexión decisivo en la recuperación económica del país.

Con los JJ OO de 2020 en el bolsillo, está claro que los inexistentes “brotes verdes” de Mariano Rajoy habrían dado paso franco a una esplendorosa rosaleda no menos ficticia, a un indescriptible jardín botánico en plena eclosión primaveral, a una recreación de los legendarios Jardines Colgantes de Babilonia, y que, con una buena capitalización de la elección de Madrid ante la opinión ciudadana (al tradicional estilo del ‘pan y toros’), tal vez se habría podido cortar de raíz el penoso castigo social del ‘caso Gürtel-Bárcenas’. Así, de repente ‘pelillos a la mar’, a insuflar dinero a mansalva en las calderas del deporte, a especular con el record de las medallas que ganarían nuestros heroicos deportistas, a justificar y empujar el cutre proyecto especulativo de Eurovegas y a despachar todos los problemas pendientes (la crisis económica, la corrupción política y las reformas institucionales) con el consabido “si te he visto no me acuerdo” y “el que venga detrás que arree”…

EL CNI VUELVE A EQUIVOCAR AL GOBIERNO

Tan es así, que, según desveló el periodista Pablo García en VozPópuli.Com (12/08/2013), incluso el Centro Nacional de Inteligencia (CNI), muy en su papel de meterse más que nunca donde no le llaman, incluso a instancias de la propia Soraya Sáenz de Santamaría, la ‘Superwoman’ y vicepresidenta ‘para todo’, aseguró al Gobierno de Rajoy de forma temprana que la capital madrileña se haría con la organización de los JJ OO 2020 en la decisiva reunión porteña. En dicha información, apoyada en fuentes policiales del máximo nivel, incluso se afirmaba que algunos miembros del Ejecutivo ya presumían de ello en privado.

En la práctica, es sabido que la mayoría de los votos de los delegados del COI están ‘trabajados’ y decididos con bastante antelación. Por ello, Pablo García decía en su noticia: “Algo que no escapa al CNI, que ha reforzado su convicción de que Madrid ganará ‘con las informaciones que llegan a través de servicios de inteligencia extranjeros fiables, presumiblemente anglosajones’, según las mismas fuentes [del medio informativo], que hablan de la CIA y del servicio de espionaje británico, el célebre MI6”. Aunque al mismo tiempo advertía que “sí el 7 de septiembre fallan las informaciones de altos vuelos del CNI, el ridículo será de los que hacen época y nadie querrá hacerse responsable de ese fracaso”.

Pero cualquier analista de Inteligencia no sólo pondría en cuestión la actitud del CNI asegurando a su Gobierno comportamientos no contrastados, sin duda fuera de lugar, sino que también se plantearía si “la fiabilidad de los informantes extranjeros del CNI” alegadas por las fuentes de VozPópuli.Com respondían o no a una campaña de desinformación o, simplemente, a una tomadura de pelo. Lo cierto es que -proseguía la noticia- portavoces de la candidatura madrileña no dejaron de expresar su “extrañeza” por el hecho de que el CNI poseyera informaciones tan exactas al respecto: “No tenemos ni idea de si los servicios secretos saben de este tipo de cosas. En cualquier caso, celebramos su afirmación”.

“Se trata de una información que corre desde hace semanas", se podía leer en la noticia de referencia. En ella se añadía, además, que algunos miembros del Gobierno no habían perdido ocasión de comentar en público y en privado las brillantes indagaciones del CNI, y que “según otras personas consultadas, el ministro de Economía, Luis de Guindos, es uno de los que transmiten esa seguridad a quien le pregunta”. Y se precisaba que éste “no es el único miembro del Ejecutivo que expresa idéntica convicción”, concluyendo: “Cabe destacar que la victoria de Madrid el próximo 7 de septiembre supondría un balón de oxígeno seguro para el Gobierno del PP, agotado por el caso Bárcenas” 

‘MADRID 2020’: UN FRACASO ABRASADOR

Pero la verdad es que en Buenos Aires (precisamente uno de los templos del tango arrabalero), las previsiones o adivinanzas del CNI devinieron en un estrepitoso fracaso. Como se recogía en un pasaje de El Quijote (“No hay amigo para amigo: las cañas se vuelven lanzas”), lo que se esperaba como positivo y beneficioso, y de alguna forma también milagroso, se tornó bruscamente en perjudicial; lo que comenzó siendo un alegre juego político, alentado de forma irresponsable por el CNI, acabó en una situación de frustración y ridículo de tamaño colosal.

Paréntesis: Parece ser que antes de publicarse El Quijote, el romance del siglo XVI titulado Las guerras civiles de Granada, escrito por Ginés Pérez de Hita, ya recogía el sentido de lo que ha terminado siendo un dicho popular: “Cuando se produce un  desengaño amoroso las cañas se vuelven lanzas y todo lo que era bello y maravilloso se transforma en cruel y horrible”. En el texto original se cuenta que Garzul, enamorado de Lindaraja, se marcha de Granada para “jugar a las cañas”, un torneo incruento en el que, entre hábiles escaramuzas, los contendientes se arrojaban recíprocamente sus cañas en vez de sus lanzas, y que Lindaraja, despechada y celosa de que pudiera encontrase con Zayda, que perseguía el amor de Garzul, soltó esta especie de conjuro: “Y plegue Alá que en las cañas / los enemigos que tienes / te tiren secretas lanzas / porque mueras como mientes”.

Pablo García, el avezado periodista ya citado que vio venir justo lo que ha terminado viniendo, publicó de inmediato (VozPópuli.Com 08/09/2013) su particular y afilada ‘crónica de una muerte anunciada’, en términos tan ajustados e irrefutables que no podemos dejar de reproducirla literalmente:

TERRIBLE RESACA DEL TERCER INTENTO OLÍMPICO

La derrota de Madrid 2020, duro golpe para la España oficial con el Gobierno Rajoy y la alcaldesa Botella a la cabeza

El fracaso estrepitoso de la candidatura finiquita la carrera de Ana Botella y desgasta un poco más al Ejecutivo 'popular'. Todos los actores institucionales, medios incluido, naufragaron en su certeza de que a la tercera iba la vencida. El Ayuntamiento de Madrid, sin Juegos Olímpicos que justifiquen su rescate, se asoma al abismo.

“Y aquí está la lluvia”, apuntó desde la Puerta de Alcalá la periodista de Televisión Española cerca de las 20.45, minutos antes de la gran decepción. Fue un batacazo imponente, más sonoro aún que el de Copenhague y Singapur, porque Madrid 2020 besó la lona porteña en un gravísimo momento para el Ayuntamiento y el Gobierno y porque la España oficial, la de los políticos, los servicios secretos y los principales medios de comunicación, había proclamado sin retraimiento su certeza de que la capital acogería unos Juegos Olímpicos por fin dentro de seis años y once meses.

Pero fue empezar a mojar la lluvia al público repartido por la Plaza de la Independencia y saberse que la capital no solo no tenía la mayoría absoluta que sugerían los rótulos de TVE (48 votos), sino que se pasaba al terrible desempate con Estambul, a vida o muerte. Fue muerte. Con todo el mundo de los nervios, en efecto, salió cruz: 45 Madrid, 49 Estambul. Trompazo morrocotudo, ya que la eliminación se produjo en los descartes, no en la final como en 2005 y 2009. Quienes estuvieron en la Puerta de Alcalá cuentan que el gentío se vació pronto, que la esquina noroccidental del Retiro volvió a la normalidad en un tris, reflejo probable de la sospechosa popularidad de la que gozaba la candidatura, ridiculizada esta semana en las redes sociales.

Entre tantos olimpicólogos, resultó que el mensaje del COI no acabó siendo el de la recuperación económica de Occidente (Madrid), ni la apertura al mundo musulmán (Estambul). La crisis sistémica y el recrudecimiento de Oriente Medio avanzan sin fecha de caducidad y ayudaron a la sorprendente Tokio (comentaba el viernes un corresponsal japonés su convicción de que la capital nipona no tenía nada que hacer en Buenos Aires). La concesión de los Juegos, lobbyng y desastre de Fukushima aparte, puede interpretarse como un guiño a la fiabilidad de la tercera economía del mundo, cuyo motor ahora parece arrancar esperanzadoramente tras la gripada década perdida.

Los que quedan en evidencia

La derrota dejó en evidencia, entre tantos culpables, a los portaestandartes de la candidatura española, en la que ya meses antes se aseguraba, inclusive en conversaciones informales de tasca, que Madrid 2020 sería una realidad. Idea que se coló hasta por los despachos ministeriales, y a varios de cuyos titulares, ministros de alto copete y secretarios de Estado, se les contagió la seguridad, de modo que comenzaron a airear alegremente el subidón que para España supondrían los Juegos Olímpicos en pleno estreno del curso político. Hasta el CNI, siempre tan “infalible”, daba por hecha la victoria.

Abanderada por el presidente del COE, ese gañán con pretensiones de prima ballerina llamado Alejandro Blanco, y por un equipo de casi 30 personas, la candidatura 2020 alardeó de una organización barata con el 80% de la inversión olímpica hecha, perseveró en que sería una imbecilidad no presentarse con una ciudad así y anestesió a la gleba prometiendo miles de puestos de trabajo por aquí y el acabose de las veleidades financieras por allá. Hacia las seis de la tarde, Blanco y España entera descubrieron que la sentencia de la Operación Puerto era una bomba de relojería, que la nueva Ley contra el dopaje llegó tarde y que Estambul a lo mejor no iba tan desencaminada sancionando a última hora a decenas de deportistas de élite (¿alguien recuerda una acción similar por parte de las federaciones nacionales?).

Pero aquellos a los que la realidad ha estallado en la cara no pueden ser únicamente los técnicos de la candidatura (realmente la más austera de los tres intentos) o el forofo Alejandro Blanco, henchido de insoportable pasión irracional cada vez que se le mentaba el horizonte 2020. El descalabro se vuelve contra la clase política en el poder, en particular para el Partido Popular, que goza del poder absoluto en Moncloa y en Cibeles. Un revés en toda regla, mortal para Ana Botella, fatal para Mariano Rajoy.

La boya de Rajoy

Rajoy no se agarró hasta el final a una candidatura que echó a rodar casi a la vez que el Gobierno (finales de 2011), impulsada una vez más por alguien al que habrá que volver, el taimado Alberto Ruiz-Gallardón, el Fouché de Españistán que se encaprichó de las Olimpiadas y hormigonó Madrid de infraestructuras al uso, liquidando a posteriori las arcas de una capital que debe a la banca más de las tres cuartas partes de las obras erigidas. Rápidamente Gallardón huyó a Justicia y se parapetó tras el Ejecutivo, dejando vivo su tercer invento. Así que en silencio, Rajoy y su séquito han abrazado Madrid 2020 en los viajes, ahora inútiles, a Quebec, Abiyán, San Petersburgo o Lausana. Y al final, cuando hasta los periódicos que fustigan al PP vendían la piel del oso antes de cazarla, se subió al carro sin miramientos. No, no hay español cabal que viera a Rajoy presidente en 2020, pero los Juegos eran la boya ideal para sujetarse. Las turbulencias económicas y barcenianas continúan flotando.

La siguiente institución golpeada es el Ayuntamiento, al frente del cual se encuentra una alcaldesa que recordará el 7 de septiembre como su Hindenburg político, el día en que su carrera terminó. Heredera de los desmanes del tuno Gallardón, Ana Botella y su impericia verbal recibieron un aviso en una de las instalaciones llamadas a ser olímpicas, el Madrid Arena. La muerte por asfixia de cinco jóvenes durante un festival de música electrónica barrió medio Consistorio. El increíble desengaño de Buenos Aires y su baja popularidad certifican la sentencia de Botella y tocan incluso al expresidente Aznar, muñidor de las aspiraciones de la esposa hace ya diez años.

La labor del Príncipe, en entredicho

Pierde Madrid. La ciudad. Sus servicios. Sus empresas. Esta capital es ingeniosa, acogedora, quizás sin el lustre de urbes como París, Londres o Barcelona, pero capital al fin y al cabo; canalla y caótica con Tierno Galván, continuista con Álvarez del Manzano, tuvo una visión revelada por su heredero, Gallardón: alcanzar a Barcelona en esplendor empezando la casa por donde lo hizo Pasqual Maragall, la organización de un evento de primera magnitud. Hubo, en consecuencia, que echar mano de los Florentinos castizos; y conectar la autopista M-30 propiedad de la ciudad; y cavar un agujero para un enorme centro de convenciones bajo los cuatro rascacielos de la Castellana, y levantar pabellones de última generación sin uso deportivo alguno justificable (Caja Mágica, Madrid Arena); y generalizar la práctica del coche oficial, todo pagado a golpe de desarrollo urbanístico. Tampoco el Ayuntamiento seguiría en la recóndita Plaza de la Villa: había que moverlo al precioso edificio de Cibeles dejándose en ello 500 millones, a sumar a un monto total de 8.000 kilos, el pasivo que adeuda Madrid y que trae de cabeza a proveedores y ciudadanos. Porque el Consistorio no tenía un Plan B para su particular crisis, y ese Plan B ahora se va a improvisar.

La España Oficial culmina en su propia forma de Estado, la monarquía, implicada en el feo asunto ese del lobby, a la vez tan típico de la Corona Española. Ausente su mejor postor, Su Majestad el Rey Don Juan Carlos, preparando, quién sabe, el mejor escenario para la abdicación, el Príncipe de Asturias, cuya labor era tan apreciada por la candidatura, fue el lógico agente de la Realeza para conquistar al COI. El Príncipe naufragó, negando la razón al periodista japonés que indicó esta semana que Madrid 2020 jugaba con ventaja “porque, a diferencia de la familia del Emperador Akihito, que tiene prohibida por la Constitución cualquier acto diplomático, España goza de una Monarquía que juega en favor de sus intereses en el extranjero”.

ENTRE CORRUPTOS Y LADRONES ANDA EL JUEGO

Pero, tras esta lúcida versión de los hechos, que hacemos nuestra porque nos ahorra mayores escarnios personales y la incomodidad de hurgar más en la herida abierta de los sentimientos y esperanzas de los españoles de buena fe que dieron por ganada una partida imposible, que en realidad se jugaba en otro campo y en otra liga, no renunciamos a un análisis propio. Aunque, vista la jugarreta final, el equipo político -propio de una segunda división- y la burda campaña con la que se ha querido vender a la opinión pública la piel de un oso que todavía estaba vivito y coleando, convenga aderezarlo con cierto toque de ironía.

El caso es que, según parece, los cerebros pensantes del PP responsables del Madrid 2020, no se molestaron en recurrir a las hemerotecas aunque sólo fuera para comprobar la tremenda corrupción con la que el COI reviste sus decisiones sobre las sedes de los JJ OO. Una realidad bien visible desde que el 12 de diciembre de 1998 el suizo Marc Holder, hasta entonces presidente de la Federación Internacional de Sky, hiciera públicas en la propia sede del COI en Lausana que unos cuantos de sus miembros (señaló como sospechosos nada menos que a 25) podían “ser comprados”, dejando en total entredicho la selección de Salt Lake City como sede de los XIX Juegos Olímpicos de Invierno de 2002.

A partir de entonces, las revelaciones de corrupción y compra de votos no cesaron, alcanzando a los precedentes XVIII Juegos de Invierno de Nagano (1998), los Juegos de Verano de Atlanta (1996), Sidney (2000), Atenas (2004), Pekín (2008), Londres (2012)… Y, por supuesto, a los de Rio de Janeiro previstos para 2016.

En este último caso, sería la propia delegación española de Madrid 2016 la que acusó directamente al presidente del COI, Jacques Rogge, de haber manipulado la votación en favor de la sede brasileña, que gano a la de Madrid doblándola en votos. Entonces, la airada reacción del COI ante las acusaciones filtradas por los responsables de la candidatura española, dieron lugar a una reveladora crónica de ElConfidencial.Com (06/10/2009), sobre todo a la vista del fiasco de Buenos Aires, titulada “Indignación en el COI por el ‘mal perder’ de Madrid tras la elección de Río”:

Las manifestaciones realizadas contra el funcionamiento del COI por parte de algunos miembros de la delegación española que el pasado fin de semana apoyaron en Copenhague las opciones de Madrid como sede olímpica para 2016, han causado un profundo malestar en el citado Comité Olímpico Internacional (COI) y en especial en su presidente, Jacques Rogge, que ha acusado en privado a la candidatura madrileña de “arrogancia” y de desconocer algunas normas básicas del funcionamiento de la institución.

Los medios de comunicación españoles se han hecho eco de los ataques que, todos acogidos al anonimato, se han deslizado desde la candidatura Madrid16 contra el COI, después de que Madrid perdiera el pasado viernes la votación final frente a Río de Janeiro por 66 votos frente a 32. Algunos de los comentarios al respecto han llegado a sugerir que la votación fue “amañada” por el propio presidente del COI para favorecer a Río en perjuicio de Madrid.

“Entre los miembros del COI han causado profunda indignación las declaraciones efectuadas a los medios de comunicación españoles por parte de la candidatura de Madrid, los miembros de la delegación y algunas de sus autoridades”, ha asegurado a este diario un miembro del COI muy cercano a Jacques Rogge, que ha pedido el anonimato, “una actitud que contrasta con las conciliadoras palabras expresadas por el alcalde de Madrid al asumir la derrota”.

“De manera absolutamente inexplicable e inédita hasta la fecha se ha llegado hasta el punto de insultar gravemente al presidente de la institución, prosigue la fuente del COI, “al que se ha llamado reiteradamente ‘traidor’, y al que se ha difamado al acusarle de haber `dirigido las votaciones´, es decir, de imponer su criterio a los más de sesenta miembros que optaron por la candidatura de Río con toda la libertad que brinda un sistema de votaciones individual y secreto”.

“No sabemos qué tipo de derechos adquiridos creía tener la candidatura española, pero organizar unos JJOO es una cosa muy seria. Esto no es el festival de Eurovisión, y si pensaban que por poner unos videos muy bien hechos y leer unos discursos muy emotivos es suficiente, están completamente equivocados. Y si no que se lo pregunten a Chicago y al presidente Obama, quienes por cierto no se han atrevido ni siquiera a hacer la menor insinuación tras ser eliminados en primera ronda, algo que bien hubieran podido interpretar como una auténtica humillación”.

En opinión del miembro del COI, “el comportamiento prepotente y antideportivo de los representantes de Madrid, además de empañar los aspectos más positivos de la candidatura, daña gravemente sus opciones de cara a los JJOO de 2020, y me atrevo a decir más: creo que la capital de España debería olvidarse de nuevos intentos de presentarse en favor de otras ciudades españolas que quieran recoger el testigo, porque lo ocurrido va a tardar tiempo en olvidarse.

El fair play de Chicago

Los titulares e informaciones aparecidos en algunos de los más importantes medios escritos españoles, obviamente partidarios de la organización de los JJ OO de 2016 en Madrid, no dejan lugar a dudas: “El COI dirigió la votación según Madrid”, aseguraba el  diario El Mundo, que añadía que “Un destacado político vinculado con Madrid16 dice que el sistema está viciado”. El remate lo ponía David Lucas, portavoz del PSOE en el Ayuntamiento de la capital: “La decisión ha sido injusta”. ABC, en portada y página interior completaba el cuadro: “La traición de Jacques Rogge”.

En claro contraste, la prensa americana ha aceptado con verdadero fair play la eliminación de Chicago por la vía rápida. Las críticas en este caso se han dirigido contra el presidente Obama, y de diarios como el The New York Times no precisamente de derechas: “No sólo fracasó en llevar el oro a casa, sino también la plata y el bronce”. Por su parte, el conservador The Wall Street Journal asegura que “la derrota olímpica muestra que en los asuntos mundiales los intereses son más fuertes que el encanto o la popularidad. Es mejor aprender esta lección por un evento deportivo que por las armas atómicas".

LA SOLUCIÓN MÁS ADECUADA: ALIARSE CON LA MAFIA

Pero, con este antecedente tan descarnado ¿acaso es comprensible, no ya el agarrarse a la tontuna del “a la tercera va la vencida”, sino plantearse una campaña de la candidatura de forma tan ingenua y poco profesional…? ¿Quién ha podido convencer a los responsables de Madrid 2020 que tenían asegurada la mayoría absoluta de los votos más o menos ‘por el morro’, según ha manifestado el avispado presidente del COE, Alejandro Blanco? ¿Tal vez el CNI…? ¿Y, en su caso, por qué extraña razón se iban a conocer de antemano los votos secretos de los miembros del COI…?

La realidad es que, con tantos sabios y aprendices de brujos pendientes del ‘milagro olímpico’, en vez de repartirse tantos globitos y piruletas como se han repartido por las calles de Madrid, organizar tantas carreritas de propaganda absurda, engatusar a la buena gente de a pie como se la ha engatusado (pensando quizás que ellos eran los votantes) y pedirse el voto a quienes realmente lo daban con las chorradas argumentales con las que se ha pedido, no se haya diseñado una auténtica operación mafiosilla ad hoc, profesional y eficiente (tómese como un sarcasmo). El ocurrente e infalible augur Félix Sanz, hubiera sido el estratega y director ideal de un plan de este tipo, trajinándose a los miembros más receptivos del COI con su generoso ‘fondo de reptiles’ (en vez de gastarlo en sobresueldos, pipas y caramelos), sobrándole comandos bien experimentados para su ejecución sobre el terreno: Bárcenas y los chicos de Correa.

Se podría haber denominado en clave Operación ‘Lucky Strike’ (Golpe de Fortuna), pero no por alusión a la conocida marca de cigarrillos de la British American Tobacco Company, sino por estar inspirada en los afortunados servicios prestados por el gánster Lucky Luciano (en realidad se llamaba Salvatore Lucania) a su patria adoptiva en los más duros momentos de la II Guerra Mundial. Porque, ya se sabe que en medio de una batalla, y lo de Madrid con los JJ OO lo era, todo aliado es un amigo sin necesidad de que exhiba un buen pedigrí.

Claro está que Operación ‘Bajo Mundo’ también sería aceptable, por razones obvias. Además, así se conoció en Estados Unidos la impagable colaboración prestada al Tío Sam por la mafia siciliana a partir de que en febrero de 1942 se detectaran posibles actos de sabotaje en el puerto de Nueva York, como el incendio del trasatlántico Normandie dedicado al transporte de tropas y pertrechos de guerra, propiciado al parecer por los propios estibadores que consideraban el territorio portuario como “cosa nostra”, lo que desató una gran inquietud ciudadana ante el riesgo latente de la llegada a las costas estadounidenses de submarinos alemanes.

Entonces, el Gobierno norteamericano se dio cuenta de que tenía que negociar con la Mafia, que ya se había declarado antifascista y que sin duda era su mejor aliada para controlar la seguridad de las instalaciones y las actividades portuarias. Una situación que sirvió para que Lucky Luciano (que era ‘il Capo di tutti capi’), encarcelado en el Clinton Correccional de Dannemora de Nueva York (una prisión más o menos como la de Soto del Real que acoge al ‘delincuente Bárcenas’), pudiera recuperar la libertad y fuera deportado a Sicilia, donde jugó un papel decisivo coadyuvando en el desembarco de las tropas aliadas.

En el caso particular de Sicilia, la ‘Cosa Nostra’ había sido arrinconada y perseguida por el fascismo de Mussolini, aunque mantenía oculta toda su estructura y su red de contactos esperando a las fuerzas aliadas. Por eso, Estados Unidos no tuvo el menor reparo en utilizar a la mafia local para contactar con sus ‘primos sicilianos’, de forma que cuando el 10 de julio de 1943 las primeras tropas angloamericanas pusieron pie en aquellos lares su ayuda informativa y de apoyo operativo fue realmente valiosa.

De hecho, tras la invasión aliada, Charles Poletti, vicegobernador del Estado de Nueva York y conocido por sus relaciones mafiosas (Lucky Luciano lo describía como “uno de nuestros buenos amigos”), fue nombrado nada menos que gobernador militar de Sicilia con el grado de coronel, facilitando que los propios capos mafiosos se hicieran con el control del poder local a cara descubierta, ocupando las alcaldías de sus respectivas poblaciones (por ejemplo, Calogero Vizzini, fue alcalde y jefe de la Mafia de Villalba, en la provincia de Caltanissetta, y Serafino de Peri en Bolognetta, provincia de Palermo…). Incluso se cuenta que el primer carro de combate aliado que llegó a un pueblo siciliano exhibía la bandera blanca con una “L” en el medio, símbolo convenido de simpatía por los capos, mientras los vecinos lanzaban gritos de “¡Vivan los Aliados!” y “¡Viva la Mafia!”

LOS CHICOS DE LA ‘GÜRTEL’ Y EL ‘DELINCUENTE BÁRCENAS’

Y, con ese antecedente tan ilustrativo, jugándose Madrid los cuartos con quien se los estaba jugando -al parecer auténticos delincuentes de cuello blanco-, y contando el PP entre sus filas con la banda de artistas ‘sobreros’ con la que cuenta -de extensa y probada experiencia-, no se entiende bien porque el omnímodo poder político popular no dio entonces rienda suelta a los mafiosillos del ‘caso Gürtel-Bárcenas’ para que, talonario en ristre, condujeran el voto de los caninos miembros del COI por la senda debida para satisfacer las ansiadas aspiraciones madrileñas del 2020.

Seguro que Francisco Correa (‘Gürtel’ en persona, autobautizado como ‘Don Vito’), Álvaro Pérez ‘El Bigotes’, Arturo González Panero ‘El Albondiguilla’ (ex alcalde de Boadilla del Monte), el ex senador y avezado ex tesorero del PP Luis Bárcenas (conocido en el PP como ‘El Delincuente’), el ex diputado, ex consejero de Fomento y ex vicepresidente de la Junta de Castilla y León Jesús Merino (a quien los empresarios de la construcción llamaban ‘Mister 5%’) y un largo listado de hábiles ‘conseguidores’ del PP, habrían liquidado en un periquete la colecta de votos favorables a la organización de los JJ OO 2020 en la antaño capital de la ‘Movida’. Y seguro que hubieran dejado en mantillas la famosa llamada festiva del viejo profesor Tierno Galván cuando gobernaba el ayuntamiento capitalino con inusitado desparpajo (“¡Rockeros: el que no esté colocado, que se coloque… y al loro!”).

Porque, si Ana Botella y Alejandro Blanco hubieran estado de verdad ‘al loro’ (algo ciertamente impensable), en vez de pasearse como ‘la muñeca Repollo’ y ‘Don Nicanor tocando el tambor’ por las alfombras del COI, sin imaginar siquiera las alcantarillas que ocultaban, otro gallo les habría cantado con melodía menos desafinada y estrepitosa. Quizás, con menos jeribeques y tics propios de la élite popular madrileña (Puerta de Hierro, el Barrio de Salamanca y poco más), y resguardada por ‘los chicos de la Gürtel’, expertos en bajos fondos como la banda siciliana de Lucky Luciano, la torpe aventura de Madrid 2020 no hubiera abrasado como ha abrasado al Príncipe Felipe, al Ayuntamiento de Madrid y al COE, dejando la imagen del Gobierno de Rajoy y de la ‘Marca España’ arrastrada por los suelos.

El riesgo hubiera sido, claro está, que los expertos ‘conseguidores’ del PP, que también son excelentes ‘sobrecogedores’, se hubieran quedado con la pasta y, a la postre, siguiéramos en las mismas. Cosa probable.

Con el reconocido estilo ‘pactista’ de nuestra política doméstica (por no decir ‘golfista’), sorprende la tremenda torpeza con la que el Gobierno del PP, que tanto ansiaba Madrid como sede de los JJ OO 2020, ha gestionado la campaña de su candidatura. La verdad incuestionable es que con nuestra clase dirigente vamos lamentablemente a menos: ni el Príncipe es el Rey, ni Samaranch hijo es como su padre, ni Rajoy es Felipe González (que en 1992 se puso las botas). Y, por supuesto, Ana Botella ni siquiera es como Tierno Galván. Eso sí, por poner ejemplos menos ácidos, Ángel Carromero, Carlos Floriano y Esteban González Pons, sin contar a Pérez Rubalcaba en el negociado socialista, son una gran esperanza.

Todo, pura ironía.

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