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Este país tiene memoria de pez y debe ser gracias a esa característica por lo que Sánchez y sus socios de gobierno son tan impúdicamente mendaces. Ahora exigen unidad. ¿En qué consistiría? Simple y llanamente, en que nadie les lleve la contraria, ni la oposición, ni las fuerzas sociales, ni los medios de comunicación. Unidad de silencios cómplices, unidad para enterrar el cúmulo de despropósitos cometidos, unidad en la mentira, en el encubrimiento, en la falta de respeto a nuestros muertos. Esa es la unidad que reclaman y mal harían quienes, por patriotismo, cayeran en esa trampa.

Mientras Iceta reclama que los presos separatistas se vayan a sus casas a pasar el confinamiento, Ábalos exige a la oposición que se entregue con armas y bagajes; mientras los separatistas ponen palos en las ruedas a las fuerzas armadas, Sánchez nos regala unas lacrimógenas sesiones televisivas, interminables como si se tratase de un discurso de Fidel Castro, en las que no dice nada salvo que han de remar todos en la dirección que marquen él y Pablo Iglesias; mientras ellos se consideran excepción a la regla, exigen a quienes discrepamos que nos resignemos a ser manada; mientras los periodistas del régimen los adulan en una orgía de despropósitos que deja chico al No-Do, quienes creemos tener la obligación de ejercer la crítica estamos estigmatizados.

Quieren unidad para intentar diluir en ella su condición sectaria e intentar salir de este trance limpios de polvo y paja. La suya no es la unidad entre iguales. Su unidad es la de los que se someten al yugo de unos, perdiendo para siempre la libertad. Eso no puede ser más que rechazado por la gente de bien, hartos de tanto político hecho de pura gaseosa, sin nada más que espuma verbal.

Vienen a decirnos que quien no apoye al gobierno es poco menos que un fascista, un insolidario, un elemento asocial, cuando ellos son los primeros que rompieron no pocas unidades a lo largo de su triste ejecutoria. Rompieron la unidad existente en torno a la Constitución de 1978, promovieron el odio entre españoles felizmente superado hasta su llegada al poder, se cargaron la unidad alrededor de las instituciones promoviendo caceroladas contra el jefe del Estado, se apoyaron en aquellos que han roto la unidad proclamando golpes de estado separatistas o apoyando a los etarras. Esos son los que ahora se presentan ante el pueblo español con aires de virtuosas doncellas salidas de una novela de Pedro de Répide diciendo que debemos uncirnos a su carro como bueyes para sacarlos del barro.

No quieren unidad, quieren humillación, nos quieren vencidos e inanes. Bajo ese falaz pretexto existe su auténtica condición totalitaria. Si los separatistas han hablado siempre de la unitat del poble como manta protectora de su sectarismo, ahora son los socialcomunistas quienes empuñan esa antorcha incendiaria para mejor zafarse de su actuación. Agrupémonos todos alrededor del líder, que responde ante la historia, y dejémonos de controles democráticos y pareceres discordantes. Todos unidos en la misma carroza fúnebre que nos ha de llevar a la fosa común de la historia.

Ese llamamiento a la mentirosa unidad es la mejor prueba de su fracaso. No quieren morir políticamente solos porque el terror los atenaza. Desearían que el mundo futuro continuase igual que siempre, con sus privilegios y traiciones aseguradas bajo un paraguas que no merecen. No hay unidad posible, señor Ábalos, señor Sánchez, señor Iglesias, señor Iceta, mientras ustedes sigan en esa torre de marfil que comparten con los enemigos de la nación. Sería mejor que se dejasen de llamamientos estériles y empleasen los gramos de inteligencia que les quedan en gobernar para todos los españoles que sí están unidos, al menos en la enfermedad y la miseria a los que su falta de escrúpulos ha condenado.

Una sugerencia, levanten el confinamiento el Primero de Mayo, apoyando que vayamos todos a contaminarnos en las manifestaciones. Ya lo hicieron el pasado 8 de marzo. Habían alertado a sus ministros, pero callaron ante la opinión pública, ocultando la gravedad de la pandemia. Pueden argumentar que los trabajadores hemos de estar unidos. Siempre habrá cretinos y cretinas que les crean. Eso es lo que les une a todos ustedes, la estupidez. Y la soberbia malvada.

Miquel Giménez

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