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España es un país encanallado: Isaac, 19 años, asesinado de cuatro cuchilladas por la espalda. Para él no hubo tuits de ministras, ni protestas, ni charlotadas en TV…

Cuando unos criminales que todavía andan sueltos asesinaron por la espalda a Isaac no le llamaron “¡maricón!” como al pobre Samuel en Galicia, pero los dos crímenes son igual de repugnantes y sus asesinos merecen un final acorde al daño que han hecho.

Isaac tenía solo 19 años, era un amante de la música, del rap concretamente (se promocionaba en redes sociales como “Little Kinki”) y siempre iba con sus cascos a todas partes. La noche del pasado miércoles fue atacado mientras caminaba por un túnel de la calle Comercio de Madrid, en la zona de Méndez Álvaro, e iba hablando por teléfono con un amigo. Según el testimonio del joven testigo, que ha prestado declaración ya ante los agentes de Homicidios de la Jefatura Superior de Policía de Madrid, Isaac se dio cuenta en ese momento de que sus atacantes iban tras él. “Me están siguiendo, bro”, le dijo. Acto seguido le pegaron cuatro cuchilladas por la espalda y huyeron del lugar en patinetes.

El chico llamó a la madre de la víctima, que tenía síndrome de Asperger, y la mujer acudió al lugar de los hechos mientras los servicios de Emergencias del Ayuntamiento de Madrid trataban de reanimar a Isaac cuando se debatía entre la vida y la muerte. Cuando los sanitarios del Samur llegaron estaba en parada cardiorrespiratoria y le realizaron 30 minutos de RCP sin éxito, por lo que confirmaron el fallecimiento. Ya antes dos médicos que pasaban por la zona habían iniciado la reanimación hasta la llegada de las ambulancias.

Los agentes del grupo de Delitos Violentos (DEVI) de Policía Científica se trasladaron al lugar de los hechos para la recogida de vestigios en el lugar que permitan a los agentes del Grupo VI de Homicidios de Policía Judicial resolver el caso. Se sospecha de bandas latinas y que los asesinos pudieran pertenecer a los DDP.

Las primeras hipótesis han descartado que el móvil del asesinato fuera un robo, ya que tenía todas sus pertenencias encima. Además, la violencia empleada en el ataque hace pensar a los investigadores en otra motivación. Los testigos del asesinato aseguraron a la Policía que el chico fue perseguido por un grupo de al menos tres personas, que le alcanzaron y le asestaron cuatro cuchilladas por la espalda. Su amigo denunció a los agentes que el joven llevaba un tiempo siendo acosado por varios miembros de una banda juvenil que se movía por las inmediaciones de su casa.

El joven fallecido vivía con su madre cerca del lugar donde fue asesinado en la zona de Méndez Álvaro. Su padre falleció hace varios años. Isaac tenía síndrome de Asperger, algo que no le impedía desarrollar con éxito una de sus grandes pasiones, el rap. Hace pocos meses había firmado un contrato con una discográfica, han indicado a Efe fuentes de su entorno. De ese mundo tenía muchos amigos y era conocido en los círculos de la música urbana. El mismo día de su asesinato subió una publicación en Instagram, donde tiene más de 2.000 seguidores, que se ha convertido en un mural de condolencias con más de 200 comentarios.

Pasada la tragedia y esperando que sean liquidados sus asesinos, llega el momento de hacerse algunas preguntas sobre esa “sociedad resiliente, digital, sostenible y de género” que dicen que disfrutamos y que tan feliz nos debería hacer, según nos cuentan las castas privilegiadas.

Todos hemos visto las reacciones oficiales, oficiosas y del pesebre reptiliano de los medios de comunicación a cuenta del crimen de Samuel. Es lo suyo… pero entonces ¿por qué no se ha tratado igual al Isaac? ¿No merece Isaac los tuits de los parásitos de la clase política? ¿No merece minutos de los vividores de TV? Salvo raras excepciones, hemos comprobado, una vez más, la distinta vara de medir según quién sea la víctima. ¿Acaso porque Isaac no era homosexual? ¿Quizás por no ser mujer? ¿Puede que por no ser inmigrante o porque sus asesinos es posible que sean inmigrantes? ¿Es por su condición de blanco y no de una minoría racializada? Quizás no sea nada de esto… pero muchos deberían dar explicaciones para justificar esas infames diferencias de trato a la hora de acometer unas tragedias u otras.

Dicho todo lo cual, no nos engañemos ni carguemos todas las culpas sobre los grupos parasitarios (políticos, económicos, judiciales, culturales y mediáticos) que viven a nuestra costa. La responsabilidad última es de todos nosotros, de Vd también, amigo lector, de todo el paisanaje de este país encanallado, incapaz de tomarse la vida en serio, matón chulesco con los débiles y gusano arrastrado ante los fuertes.

Las muertes de Samuel e Isaac caen sobre nuestras conciencias por no hacer lo que en justicia deberíamos, por nuestra complicidad con las chusma política que nos pastorea mientras viven a nuestra costa, por nuestra enfermiza dependencia de unos medios de comunicación que se chotean de nosotros mientras los alimentamos con la publicidad que consumimos, por nuestra sumisión a las bandas de explotadores y vividores que nos han llevado a este estado de cosas, por consentir que 193 días de nuestro trabajo al año nos lo arrebate esa cueva de Ali Babá que se llama Agencia Tributaria para mantener el tinglado de las castas privilegiadas, por nuestro ovejuno respeto a instituciones podridas, corruptas, ensoberbecidas de un poder que nosotros mismos les permitimos cuando, en realidad, si el pueblo se alzara unido, no llegarían a la frontera para poder escapar de la justicia popular… y así todo, compatriotas. Seguiremos cerrando los ojos… ojos humedecidos con las lágrimas de los que quedan en el camino infernal que los parásitos de toda índole han ido marcándonos por nuestra cobardía y falta de dignidad.

Si tuviéramos esa mínima dignidad dejaríamos de votar a los parásitos, de consumir medios de comunicación que nos pastorean, nos uniríamos para potenciar el puño con el que golpear a las élites y oligarquías, reventaríamos sus ridículos discursos ideológicos y su matraca de falsos valores, no hablaríamos como ellos, no les imitaríamos, no les creeríamos, no les dibujaríamos ni una mueca de complacencia, solo se merecen nuestras caras de odio, ira e implacabilidad hasta que el miedo y el terror les estremezcan sus podridas almas…

Solo así haríamos justicia con Samuel e Isaac… Y dejaríamos de ser cómplices de sus muertes.

Por Juan A. Aguilar

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