Estados Unidos ha enloquecido

Ahora que han terminado las elecciones parlamentarias en Rusia es necesario que volvamos nuestros ojos a la política exterior, ya que esta última ha comenzado a experimentar transformaciones significativas.

La unipolaridad está colapsando, y aunque es un proceso que lleva mucho tiempo (más o menos desde el 11-S), ha sido durante el 2021, en medio de la pandemia del Covid-19, cuando han acontecido hechos con un carácter simbólico que demuestran que hemos pasado a un punto de no retorno.

Trump era un partidario del orden multipolar e insistía que EE.UU. debía encargarse únicamente de sus problemas. Su agenda era perfectamente racional, pero Trump fue atacado por los globalistas de su país.

En cambio, Biden fue apoyado por los globalistas y después de eso anunció el Great Reset como un intento de regresar a la década “dorada” de 1990 (esta última solamente dorada para los globalistas y liberales).

Los defensores de la globalización decían que esta tenía ciertos problemas, pero esos problemas podían ser solucionados fácilmente, por lo que era innecesario promover la multipolaridad, mientras que la unipolaridad reinaría para siempre sobre la humanidad conduciéndola hacia sus descabellados – e incluso satánicos – planes.

Con la llegada de Biden al poder, Kiev traslado tropas a Donbáss con tal de demostrar su lealtad al plan de “asediar a los rusos”. Pero cuando Moscú realizó sus propias maniobras, Washington de repente dio marcha atrás. No tomaremos en cuenta a Kiev, porque no es un actor relevante en la política exterior o en la Gran Reconstrucción.

Ahora bien, con la desastrosa retirada de EE.UU. de Afganistán, después de 20 años de brutal ocupación, las fuerzas invasoras ni siquiera tuvieron tiempo suficiente como para empacar sus pertenencias (incluido mucho equipo militar) y sacar de allí a sus colaboradores. Afganistán se ha convertido en otra gran vergüenza para los Estados Unidos.

Sin embargo, Biden quiso demostrar que no todo estaba perdido y formó un nuevo pacto que involucra a los países anglosajones de nombre AUKUS. El objetivo es proveerle a Australia nuevo equipo militar avanzado en detrimento de los franceses e italianos (algo que a menudo se olvida y que París y Roma resienten), con lo cual destruyó a la OTAN. En respuesta al agravio sufrido, París retiró a su embajador de Washington, un hecho sin precedentes. La UE parece entender que las autoridades de Estados Unidos han perdido la cabeza.

Y no solo eso, en Estados Unidos también están sucediendo grandes enfrentamientos. En primer lugar, Biden es odiado por la mitad de la población (debido al fraude electoral y a la imposición de una dictadura liberal intolerante), por lo que no importa lo que haga siempre enfrentará el repudio de las masas.

Los errores de Biden con respecto a Afganistán y Australia, además de la terrible situación de la frontera sur de los Estados Unidos debido a la inmigración, no solo cuentan como equivocaciones, sino que impulsan las críticas de sus adversarios que están preparando un impeachment en su contra.

Sin embargo, se trata solamente de la mitad del problema.

Los globalistas están divididos en dos facciones: una derechista y otra izquierdista que son conocidos vulgarmente como los halcones neoconservadores y los ultrademócratas defensores de la ideología LGBT y el denominado “marxismo cultural”. Los neoconservadores están furiosos con Biden por haberse retirado de Afganistán y repudian sus promesas de sacar las tropas estadounidenses de Oriente Medio, especialmente de Siria e Irak, sin hablar de la cobardía que ha expresado Biden con respecto a Ucrania, algo que no deja de enfurecerlos.

Por otro lado, los globalistas de izquierda, que deberían estar contentos, especialmente porque han sido mucho más indulgentes con respecto a la retirada de las tropas estadounidenses de Afganistán, no se atreven a justificar la forma en que Estados Unidos se retiró de allí.

Con tal de contentar a los neoconservadores, Biden creó una nueva alianza estratégica anglosajona: AUKUS (Australia, Reino Unido, Estados Unidos) y dejó a un lado a los europeos, todo esto con el trasfondo de una inminente guerra contra China en el Pacífico. No obstante, esto indignó a los globalistas de izquierda. Primero, porque la UE no quiere enfrentarse a China, mientras que los globalistas de izquierdas estadounidenses desean usar el ascenso económico de China de forma estratégica.

Pero Biden apostó por AUKUS y este es un golpe indirecto a la OTAN, mientras que Rusia y China fortalecen su propia soberanía, algo que también están haciendo Turquía, Irán y Pakistán, así como algunos países árabes y africanos (la gran cantidad de golpes de Estado que han acontecido en África en este último año resulta ser un fenómeno muy interesante que debería ser analizado seriamente desde una perspectiva geopolítica), solo provocan un fuerte debilitamiento de la élite liberal globalista que comienza a dividirse entre anglosajones y europeos, sin contar a otros aliados “olvidados”.

La política de Biden está causando mucho descontento entre los globalistas de derecha e izquierda: a todo esto, se suma un enfrentamiento directo con los trumpistas que han sido reprimidos violentamente. Cuando Biden se comporta como un halcón termina por acercarse a los neoconservadores y despierta la furia de los globalistas de izquierda. Pero cuando intenta actuar como una paloma causa la cólera de los globalistas de derecha.

Esta situación resulta muy incómoda y jamás hemos sido testigos, al menos en las últimas décadas, de una política estadounidense tan contradictoria, incoherente y llena de tantos fracasos. Estados Unidos se encuentra más débil que nunca y debemos aprovecharnos de esto. Trump intentó dejar de lado la globalización y concentrarse en los problemas de Estados Unidos.

Pero Trump siguió una línea férrea a la hora de tratar a los representantes de la multipolaridad. Paradójicamente, Biden ha ido aún más lejos y esto solamente está destruyendo a los Estados Unidos. Cuanto más agoniza el globalismo, se hace más claro para toda la humanidad el agotamiento del país que anteriormente se definía como el líder indiscutible del mundo. Si somos realistas (es decir, un poco cínicos), resulta mejor tener un enemigo débil e indefenso como Biden que un socio racional y consciente de sí mismo como Trump.

Por supuesto, Biden es maldad pura y no a hecho otra cosa que hundir a los Estados Unidos. Sin embargo, todos los demás… pueden aprovecharse de esto. Por lo que el viejo Joe tiene sus aspectos positivos…

Rusia debería aprovecharse activamente de lo que está ocurriendo: el rápido declive de la hegemonía global estadounidense permite que amplios territorios, países, naciones y civilizaciones enteras adquieran su propia autonomía.

Sin duda, habrá quien tema a la alianza anglosajona y diga que Gran Bretaña ha vuelto uniendo fuerzas con los Estados Unidos y el resto de la Commonwealth con tal de restaurar su imperio colonial. Pero este no es el caso. El Reino Unido hace mucho que dejo de ser relevante. Y ni hablar de Australia. En cambio, la presencia financiera e incluso demográfica que China tiene en el Pacífico es gigantesca. El poder hegemónico está experimentando una crisis abierta y retrocede en todas partes. Por lo que es momento de volver a relanzar el proyecto continental de una Eurasia unida desde Lisboa a Vladivostok (en el espíritu de Thiriart-Putin), una nueva alianza euroasiática ruso-china o reactivar las relaciones entre Rusia y el mundo islámico, además de volver nuestros ojos a África y América Latina.

Estados Unidos se retira y nosotros debemos pasar a la ofensiva.

Con tal de poner en práctica estas ideas necesitamos una nueva estrategia, sin hablar de mostrar una gran determinación, voluntad y fuerza. Y, sobre todo, contar con una ideología. La geopolítica requiere de grandes ideas. Ahora que el senil Biden está al mando de los EEUU, Rusia tiene la oportunidad no sólo de hacer irreversible la multipolaridad, sino de ampliar drásticamente su área de influencia a casi todo el mundo. La hegemonía se está resquebrajando. Claro, un dragón herido puede golpearnos con mucha fuerza e incluso matarnos. Pero es un enemigo que se encuentra agonizando. Sin duda debemos tener cuidado con los fantasmas del imperialismo, pero tampoco es aconsejable perder el tiempo. Rusia debe preparar una contraofensiva. Mientras nuestros adversarios geopolíticos se encuentren en el estado en el que están, es necesario aprovechar la oportunidad histórica que tenemos delante. Sería un crimen no aprovecharla. Nuestro Imperio cayó en 1991 y ha llegado la hora de que caiga el Imperio de los Estados Unidos. Es nuestro deber volver a convertirnos en una entidad geopolítica plenamente soberana e independiente.

Por Alexander Dugin

Traducción de Juan Gabriel Caro Rivera

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