El militar-policía que el 23-F ejerció de “correveidile”

FÉLIX ALCALÁ-GALIANO nació el 4 de enero de 1923 en Sayatón (Guadalajara). Ingresó en la Academia General Militar tras la Guerra Civil, coincidiendo con su reapertura en 1942 y perteneciendo por tanto a la primera promoción de su tercera época.

Durante su carrera militar estuvo destinado en el Tercio “Duque de Alba”, II de La Legión (Dar-Riffien, Ceuta), y en el Regimiento “Covadonga” nº 5, con sede en Alcalá de Henares, entre otras unidades. A partir de 1974, coincidiendo con su ascenso a teniente coronel, se incorporó voluntariamente al servicio de la entonces denominada Policía Armada, siendo primero jefe de la Agrupación de Banderas Móviles de Madrid y después responsable de la II Circunscripción, salvo un corto período de cuatro meses en que fue destinado a San Sebastián, al mando de una agrupación de banderas con guarnición en la provincia de Guipúzcoa.

En septiembre de 1978 asumió el mando de la I Circunscripción de la Policía Nacional con base en Madrid, sustituyendo al coronel Patero, cesado en el cargo por el entonces ministro del Interior, Rodolfo Martín Villa, al negarse a disolver una concentración de franquistas frente al Palacio de Oriente. En ese destino vivió los sucesos del 23-F, a las órdenes directas de su inspector general, José Antonio Sáenz de Santamaría. Entonces adquirió cierta notoriedad al recibir el encargo del teniente general Gabeiras, jefe del Estado Mayor del Ejército de Tierra, de desarmar y detener en el Congreso de los Diputados a Antonio Tejero, teniente coronel de la Guardia Civil que lo había asaltado a punta de pistola secuestrando a todos los ministros del Gobierno, con su presidente a la cabeza, junto con el pleno del poder legislativo.

Aquella fue una orden incumplida, ya que el desarmado fue el propio Alcalá-Galiano, que tuvo el “descuido”, o quizás la prudente imprudencia, de presentarse ante el militar golpista exhibiendo de forma ostentosa el arma reglamentaria con la que pretendía reducirle, justificando más tarde el fracaso de su misión con un simple “Tejero no se ha dejado detener”.

Mitologías y declaraciones interesadas aparte, la realidad es que en aquellos momentos fue un mero instrumento de su general superior, Sáenz de Santamaría, quien durante los hechos se mantuvo cómodamente “acuartelado” en el bar del Hotel Palace. De forma extraoficial, éste le indujo a mantener primero una conversación-sonda con el teniente coronel Tejero y, después, a informar directamente al jefe del Estado Mayor del Ejército, saltándose su dependencia reglamentaria del Ministerio del Interior y del director de la Seguridad del Estado, Francisco Laína. Fue entonces cuando recibió el arriesgado encargo del JEME, ignorante de la trama más profunda del golpe, prestándose ingenuamente a cumplir su requerimiento sin depender para nada de su autoridad y sin que su expectante superior jerárquico tomara la menor iniciativa al respecto.

El intento de “reducir” a Tejero fue poco menos que de opereta, sobre todo al entrar también en escena con idénticas intenciones el teniente general Aramburu, director general de la Guardia Civil, que fue directamente apuntado por los golpistas, siendo conducidos ambos inmediatamente fuera del Congreso. Desde una perspectiva militar, la situación no pudo ser más rocambolesca y humillante, aunque, una vez desmontado el golpe, se vendiera como un acto de máximo heroísmo.

También fue curioso el despliegue de la Policía Nacional ordenado por Alcalá-Galiano, rodeando el Congreso de los Diputados cuando ya se encontraba ocupado por sus asaltantes. En un momento dado, se procedió a su repliegue dejando que fuerzas especiales de Guardia Civil ocuparan un primer cinturón de seguridad, pero enfrentado al otro Cuerpo de Seguridad del Estado.

Félix Alcalá-Galiano fue promovido a general de brigada el 20 de octubre de 1981, siendo nombrado entonces subinspector general de la Policía Nacional y después inspector general de la misma, puesto en el que permaneció una vez ascendido a general de división en noviembre de 1983. Pasó a la reserva en abril de 1986.

El 30 de marzo de 1999 protagonizó un curioso y emotivo acto junto al ministro del Interior, Jaime Mayor Oreja, cuando éste condecoró a la imagen de Nuestro Padre Jesús “el Rico” de Málaga con la Medalla de Oro del Cuerpo Nacional de Policía, mientras él mismo imponía a la imagen de María Santísima del Amor su fajín de general de división.

Posteriormente, en el año 2000, realizó unas pintorescas declaraciones al semanario “El Decano” de Guadalajara sobre lo sucedido el 23-F en el Congreso de los Diputados. En ellas afirmaba que en su primer contacto de aquel día Tejero se cuadró respetuosamente ante él y le dijo: “A sus órdenes, mi coronel. Sin novedad”. A continuación describía la situación en los siguientes términos:

Él no podía saber a qué había ido yo allí. Después pensé qué hubiera ocurrido si este hombre me coge del brazo y amigablemente me mete con él en el hemiciclo; me hubiera formado un lío espantoso. Yo no sabía nada, ¿cómo demuestro yo, ante los ojos de toda España, que no tenía nada que ver con ese señor?

Seguidamente, me dijo: “Aunque te he dicho a tus órdenes, no estoy a tus órdenes, sólo estoy a las órdenes del general Milans del Bosch y de Su Majestad el Rey”. Yo ya empecé a mosquearme, porque me nombraba a un capitán general de Valencia, y no al de Madrid. Crucé el patio, me dirigí al teniente mío que mandaba las unidades de allí, y pasamos a su despacho. En la antesala, algunos policías se entretenían leyendo o jugando a los dados, ignorantes de lo que sucedía. Les dije: “Tan tranquilos y estáis inundados de gente”. Me contestaron sin darle importancia: “Sí, han venido algunos guardias civiles”.

Alcalá-Galiano explicitaba también en la entrevista la conversación telefónica que mantuvo con el teniente general Gabeiras, jefe del Estado Mayor del Ejército y superior inmediato del general Armada, quien, ni corto ni perezoso, le propuso que “liquidara” a Tejero:

Gabeiras me preguntó si había hablado con Tejero, y le conté lo que me había dicho. Su reacción fue tajante: “Eso es una mentira, de Su Majestad no tiene ninguna orden”. Después me ordenó: “Si usted es un hombre tranquilo y los tiene bien puestos, a ver si puede detenerle o matarle de un disparo”. Yo le contenté: “Lo primero lo intentaré, pero dispararle, tal y como están aquí las cosas, es una locura”.

Siguiendo con el relato, narraba igualmente los detalles de su ajetreada relación con Tejero durante el secuestro del Congreso de los Diputados:

Yo no estaba por la labor de matar a nadie, así que hablé de nuevo con Tejero y le dije: “He llegado a la conclusión que estás engañado, estás más solo que la una”. Él me preguntó: “Y eso, ¿por qué?”. Le contesté que había hablado con el general, y él interpretó que había sido con Milans del Bosch. Para comprobarlo, me llevó a la central de teléfonos, y ordenó a la telefonista que le pusiera con Capitanía de Valencia. Yo cogí otro auricular. Tejero me dijo que dejara el teléfono, que estaba dispuesto a abrirme la cabeza de un telefonazo, aunque fuera coronel. Pero seguí escuchando y oí que hablaba con un tal Ibáñez, jefe del Estado Mayor, que hacía unos meses había hecho conmigo el curso de mandos y era el brazo derecho de Milans del Bosch. Tejero le preguntaba: “¿Qué hago? Ha venido un coronel que quiere desequilibrarme y me está poniendo negro”. El otro le contestó: “¡Pégale cuatro tiros! ¡Deshazte de él como quieras!”. Yo que oía la conversación intervine: “Diego, ¡vaya una manera de tratar a los amigos!”. Él me preguntó quién era. “Soy el coronel al que quieres que aniquilen”, le dije. Reconoció mi voz y dijo que se alegraba de oírme: “¿Sabes?, esto es un golpe”.

Por último, Alcalá-Galiano describía la entrada al Congreso del director general de la Guardia Civil, el general Aramburu, y sus curiosas decisiones tácticas:

Tejero se acercó a él y le apuntó con una pistola diciéndole: “General, le pego un tiro, aunque luego tenga que matarme yo”. Me acerqué y, sujetándole el brazo armado, le abronqué: “Estás loco, ¿cómo se te ocurre amenazar a un general?, estás perdido”. En aquel momento, un oficial de la Guardia Civil me puso una metralleta en la cabeza y me dijo: “Si no le suelta el brazo, disparo”. El general me ordenó que desalojara todo aquello. Me dirigí a un teniente y le dije: “Coge a toda la Policía y en diez minutos desaloja todo. No quiero ver aquí un uniforme nuestro”. Y nos fuimos al “Palace”, serían las siete y media de la tarde. Allí montamos el puesto, con policía alrededor del hotel. Pero Aramburu me dijo: “Los de ahí son guardias civiles, a ver si va a pasar algo. Mejor sería mandar alguna unidad de fuerza especial de El Escorial y que rodeen el hotel. Efectivamente, llegaron y así se hizo, y allí pasamos toda la noche.

Félix Alcalá-Galiano fue distinguido con la Medalla de África, la Cruz de la Orden del Mérito Militar con distintivo blanco de primera clase, dos Cruces del Mérito Policial, una de ellas con distintivo rojo, y la Medalla de Oro de la Cruz Roja. Cuando ya ostentaba el empleo de general de brigada, su nombre se incluyó en el documento de los “Cien indeseables”, difundido por militares reaccionarios en abril de 1982.

Casado y padre de siete hijas, falleció el 20 de febrero de 2005, a los 82 años, en la Residencia Sanitaria de Guadalajara. En el ámbito familiar, se dio la circunstancia de que una de ellas, Loreto, contrajo matrimonio con el político conservador Luis de Grandes Pascual.

(Actualizado 02/02/2009)

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