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El teniente general que removió los límites del silencio militar

JOSÉ MENA nació el 18 de marzo de 1942 en Antigüedad (Palencia). Su padre, Juan Mena de la Cruz, fue un militar nombrado gobernador civil de Murcia tras ejercer de alcalde de Palencia entre 1959 y 1968. Durante su época de regidor palentino promocionó el conocido “Monumento al Combatiente” ubicado en la antigua plaza Héroes del Alcázar, más tarde rebautizada como plaza Rabi Sem Tob, el único erigido en España durante el franquismo que carece de los símbolos políticos del momento, y en el que figura una placa con la siguiente inscripción del escritor José María Gironella: “Lección permanente de historia: Un millón de héroes y mártires por una España mejor”.

José Mena ingresó en la Academia General Militar el 2 de agosto de 1960 y obtuvo el despacho de teniente del Arma de Caballería el 15 de julio de 1964, formando parte de su XIX Promoción. Con ese empleo ocupó sus primeros destinos en el Regimiento de Caballería Ligera Acorazada “Villaviciosa” nº 14 y en el de la Guardia de S. E. el Jefe del Estado. Ascendió a capitán el 4 de julio de 1972, pasando entonces a ejercer de profesor en la Escuela de Aplicación  de Caballería y en la propia Academia de Caballería.

El 3 de julio de 1981 fue promovido al empleo de comandante, siendo destinado a la Dirección de Personal del Ejército y como profesor de la Escuela de Estado Mayor. Tras ascender a teniente coronel el 5 de febrero de 1988, tuvo destinos sucesivos como secretario técnico de la Inspección de Caballería y jefe del Grupo Ligero integrado en el RCLAC “Villaviciosa” nº 14, regimiento que llegó a mandar de forma accidental con ese mismo empleo.

Ascendió a coronel el 3 de agosto de 1992, momento en el que fue designado jefe del Centro de Mantenimiento de Sistemas Acorazados nº 1.

Además de obtener el diploma de Estado Mayor del Ejército (con la 70 Promoción), José Mena complementó su formación militar cursando numerosas especialidades, destacando entre ellas las de Automovilismo, Logística, Carros  de Combate, NBQ, Cooperación Aeroterrestre, Inteligencia Militar Inter-ejércitos, Alta Gestión y Administración de Recursos, Defensa Nacional...

El 25 de octubre de 1996 fue promovido a general de brigada, ocupando destino en la Dirección General de Armamento del Ministerio de Defensa (DGAM). Fue condecorado con la Gran Cruz al Mérito Militar con distintivo blanco en atención a los méritos alcanzados en el mismo.

A finales de octubre de 1999 obtuvo el empleo de general de división y seis meses más tarde, el 1 de mayo del año siguiente, fue puesto al mando de la emblemática División Mecanizada “Brunete” nº 1.

El 9 de febrero de 2001 ascendió a teniente general, ocupando de inmediato la jefatura del Mando de Personal del Ejército de Tierra (MAPER), destino en el que se mantuvo hasta que el 17 de diciembre de 2004 fue designado general jefe de la Fuerza Terrestre del Ejército de Tierra, con sede en Sevilla, coincidiendo con el proceso reorganizador de la precedente Región Militar Sur.

La jefatura de la Fuerza Terrestre surgió de la estructura funcional de los ejércitos aprobada por el Gobierno en septiembre de 2002, que reagrupaba orgánicamente el Ejército de Tierra en tres núcleos: el Cuartel General del Ejército, la Fuerza y el Apoyo a la Fuerza. Bajo su responsabilidad directa se encuadraban un importante contingente de unidades y medios operativos: el mando de Artillería Antiaérea, la Artillería de Costas y las comandancias generales de Ceuta, Melilla y Baleares, las Brigadas de Infantería Ligera V y VII, la de Infantería de La Legión, el Regimiento de Guerra Electrónica con sede en El Copero (Sevilla)…

El teniente general Mena alcanzó gran notoriedad pública a raíz del discurso que, en función de su cargo, pronunció el día 6 de enero de 2006 durante la celebración de la Pascua Militar, en el salón del Trono de la antigua Capitanía General de Sevilla. En aquel acto, y tras resumir las realizaciones y proyectos profesionalmente más relevantes en el ámbito de las Fuerzas Armadas, aludió a los “sentimientos, inquietudes y preocupaciones” de sus subordinados, con objeto de “transmitirlos, como es habitual, a la máxima autoridad de mi Ejército, y hacerlos públicos, por expreso deseo de aquellos”.

A continuación, y reconociendo que los militares no debían entrar en disquisiciones políticas, que lógicamente correspondían a los políticos, el teniente general Mena alertó, porque lo consideraba una obligación, sobre “las graves consecuencias que podría conllevar la aprobación del Estatuto de Cataluña, en los términos en que está planteado, tanto para las Fuerzas Armadas, como institución, como para las personas que las integran, en tres aspectos verdaderamente preocupantes para nosotros”.

El primero de ellos era el “concepto de nación”, en el que no profundizó porque, en su opinión, “el artículo 2 de la Constitución Española lo expresa clara y rotundamente: La Constitución se fundamenta en la indisoluble unidad de la Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles, y reconoce y garantiza el derecho a la autonomía de las nacionalidades y regiones que la integran y la solidaridad entre todas ellas”.

El segundo aspecto era el de la “lengua”, manifestando al respecto: “El hecho de que en una Autonomía sea exigible el conocimiento de su lengua particular es una aspiración desmesurada que obligaría en las Fuerzas Armadas a regular los destinos a esa Autonomía de la misma forma que actualmente se regulan los destinos en el extranjero. Es decir, que los destinos a Cataluña, País Vasco y Galicia estarían supeditados a la voluntariedad de los militares que quisiesen acreditar el conocimiento de la lengua que fuese exigible en cada Comunidad”.

Su tercera consideración se relacionaba con la “justicia”, dado que las Fuerzas Armadas se encuentran desplegadas en todo el territorio nacional. En ese sentido, recordó que la actual independencia de los Tribunales de Justicia de las Autonomías creaba graves problemas en las Fuerzas Armadas al producir sentencias dispares para hechos similares que, sin estar incursos en el ámbito estrictamente castrense, cuyo tratamiento corresponde a la jurisdicción militar, afectan al régimen interior de las Bases, Acuartelamientos o Establecimientos militares y a las expectativas profesionales de cada uno de los componentes de las Fuerzas Armadas. También precisó que ese problema se podría agravar mucho más con la aparición de poderes judiciales autonómicos, independientes del Estado.

Acto seguido, el teniente general Mena resaltó en su discurso que, en todo caso, “la Constitución marca una serie de límites infranqueables para cualquier Estatuto de Autonomía. De ahí mi mensaje de tranquilidad”. No obstante, recordó, “si esos límites fuesen sobrepasados, lo cual en estos momentos afortunadamente parece impensable, sería de aplicación el articulo 8º de la Constitución: Las Fuerzas Armadas, constituidas por el Ejército de Tierra, la Armada y el Ejército de Aire, tienen como misión garantizar la soberanía e independencia de España, defender su integridad y el ordenamiento constitucional”.

Como cierre de sus consideraciones en torno al debatido Estatuto de Cataluña, recordó a todos los militares presentes su juramento, o promesa, de guardar y hacer guardar la Constitución, concluyendo: “Y para nosotros, los militares, todo juramento o promesa constituyen una cuestión de honor”.

Tras la gran polémica provocada con su discurso, desproporcionada a tenor de sus referencias constitucionales y de otras declaraciones realizadas con anterioridad por el propio José Bono, entonces ministro de Defensa, mucho más “patrióticas” o “españolistas”, el jefe del Estado Mayor del Ejército, José Antonio García González, no se atrevió a ejercer su competencia sancionadora sin encontrar un artículo del código disciplinario claramente aplicable al caso y teniendo que saltarse, además, el preceptivo trámite de audiencia por las prisas requeridas políticamente. Por ello, tuvo que ser el propio ministro quien, aceptando la sugerencia del “diligente” Félix Sanz Roldán, que como JEMAD no podía suplantar la competencia disciplinaria del JEME, y agarrándose tenazmente al artículo 7, apartado 31, de la Ley Orgánica 8/1998, de Régimen Disciplinario de las Fuerzas Armadas, le sancionara con un arresto domiciliario de ocho días, presuponiendo una infracción del deber de neutralidad en relación con las diversas opciones políticas.

Al mismo tiempo, el ministro Bono promovió el cese del teniente general Mena en el cargo de confianza que ocupaba como general-jefe de la Fuerza Terrestre en el inmediato Consejo de Ministros celebrado el viernes 13 de enero, oficialmente también “a petición” de Félix Sanz, JEMAD que con su reiterada actitud pasaba a encabezar con cierta ventaja el ranking de los palmeros ministeriales uniformados. La destitución de Mena, que en aquel momento ocupaba el segundo puesto de su escalafón, se acompañó también con su pase a la situación de reserva hasta el 18 de marzo de 2007, fecha del retiro reglamentario.

Algunos medios informativos, asociaron inmediatamente de forma equívoca el “caso Mena” con el “caso Soteras”, distantes más de veinte años en el tiempo pero ambos vividos bajo gobiernos socialistas. Mientras el primero había remitido su discurso de la Pascua Militar de forma insistente a la Carta Magna, el segundo justificó en buena medida el golpe del 23-F y solicitó el indulto de los compañeros de armas ya condenados por aquella asonada, a través de una entrevista publicada en la revista “Interviú” (14/09/1983). Además, tras su cese al frente de la VII Región Militar (Valladolid), el teniente general Soteras quedó adscrito a la I Región Militar en situación de “disponible”, siendo designado más tarde por el Gobierno socialista vocal del Consejo Directivo del Patronato de Casas Militares y posteriormente, en septiembre de 1985, presidente del mismo, hasta pasar a la “segunda reserva” en noviembre de 1986.

Esta diferencia sustancial entre los hechos y las consecuencias de ambos casos, no deja de evidenciar de algún modo la deriva de los criterios básicos por los que se rige la Institución Militar y su creciente manipulación por parte del poder político partidista. Una “politización” ciertamente peligrosa que puede propiciar su división interna, incompatible con las altas misiones que le han sido asignadas constitucionalmente.

Las tergiversaciones del “caso Mena”, llevaron a su protagonista a resumir lo sucedido de forma aclaratoria en un libro escrito prácticamente a vuelapluma y titulado de forma significativa “Militares: Los límites del silencio” (Edición Personal, 2008).

Con independencia de los empleos y destinos ya señalados, Mena Aguado ha desempeñado también otras actividades profesionales destacadas: presidente de la Comisión para la elaboración del Reglamento Táctico de Caballería, representante del Arma de Caballería en la Comisión para la Creación del Arma Acorazada, implantación de “Juegos de la Guerra” en la Escuela de Estado Mayor del Ejército, elaboración de Planes de Estudios en la Escuela de Estado Mayor y en la Escuela de Mandos Superiores, representante del Ejército de Tierra en el Grupo de Expertos OTAN para el proyecto de vehículo ligero blindado de uso múltiple, presidente de la Comisión de Vehículos de Ruedas del Ministerio de Defensa, implantación de Sistemas de Calidad…

Casado con María Isabel Jiménez Díaz y padre de dos hijas y un hijo, el teniente general Mena ha sido distinguido a lo largo de su carrera con numerosas condecoraciones, entre ellas dos Grandes Cruces, seis Cruces del Mérito Militar, la Cruz de Plata de la Orden del Mérito de la Guardia Civil, el Distintivo de Honor del Ejército de la República China… Asimismo ha sido objeto de ocho felicitaciones anotadas en su Hoja de Servicios.

 

FJM (Actualizado 02/02/2009)

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